La sociedad política se expresa en los partidos. Su objetivo es alcanzar y ejercer el poder mediante el voto democrático. La sociedad civil se manifiesta en la actuación de grupos de presión integrados por ciudadanos. Su fin es incidir en la esfera de lo público, sin estar sometidos a manipulaciones de cúpulas partidarias o a intereses de sus financistas. Si frente al ejercicio del poder político actúa una sociedad civil vigorosamente organizada, crítica e independiente, quien resulta beneficiada es la misma democracia.

Opinión

El enojo contra la sociedad civil

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 26, noviembre 2018 • 12:00 am

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La sociedad política se expresa en los partidos. Su objetivo es alcanzar y ejercer el poder mediante el voto democrático. La sociedad civil se manifiesta en la actuación de grupos de presión integrados por ciudadanos. Su fin es incidir en la esfera de lo público, sin estar sometidos a manipulaciones de cúpulas partidarias o a intereses de sus financistas. Si frente al ejercicio del poder político actúa una sociedad civil vigorosamente organizada, crítica e independiente, quien resulta beneficiada es la misma democracia.

Por eso Alexis de Tocqueville enfatizaba: “Entre mayor es el nivel de organización social, más beneficiada resulta la democracia”, sobre todo si los órganos fundamentales de gobierno toman en cuenta las críticas propositivas que, por decenas, emanan desde la sociedad civil organizada.

Recalco, las organizaciones de la sociedad civil deben estar fuera de las estructuras gubernamentales y de toda influencia partidaria. Solo así se puede actuar con criterio propio y voz independiente, haciendo señalamientos que lleven aparejada la propuesta constructiva.

Infortunadamente un montón de políticos, al no estar acostumbrados a ser cuestionados por nadie, desatan su enojo contra toda la sociedad civil. Al generalizar en su señalamiento, terminan perdiendo credibilidad ante la ciudadanía que observa sus actuaciones públicas. Después se preguntan ¿Por qué la sociedad civil no se hace presente en las entrevistas que hacemos a los aspirantes a cargos públicos? La respuesta la sabe el diputado Francis Zablah: “no los quieren ver ni en pintura”.

Cuando un movimiento ciudadano actúa plegado a los intereses de un partido, es un “grupo paralelo o de fachada” por tanto, no debe ser considerado independiente, peor si su financiamiento emana de ese partido. Lo correcto es que construya su propia agrupación política, se someta al escrutinio electoral y alcance una cuota de poder para desarrollar su lucha, a la par de los partidos que han alcanzado su derecho de piso por esa vía.

Si bien desde esa perspectiva el malestar de algunos políticos y nuevos burócratas recién juramentados es comprensible, de ninguna manera se justifica la intención de generalizar su enojo hacia  toda la sociedad civil. Eso es políticamente torpe, más si viene de algunos “líderes partidarios” éticamente cuestionados.


Decir, por ejemplo, que los partidos “no han cedido a los intereses oscuros que se escudan en la sociedad civil”; que “hay organizaciones que se disfrazan de sociedad civil y se convierten  en centros de ataque”; que hay “ataques indiscriminados contra las mujeres que participan en los procesos de elección de segundo grado”, es irresponsable porque generalizan. Les guste o no, la sociedad civil despertó y observa con lupa su actuación. Por eso es que 7 de cada 10 salvadoreños no se identifica con sus partidos. (Encuesta UFG/19-NOV_2018)

La sociedad civil organizada no reacciona por gusto; lo hace con madurez y con aportes propositivos, debido a las falencias y reiterados incumplimientos de los deberes constitucionales, legales y misionales de las diversas entidades públicas, especialmente la Asamblea Legislativa.

Si a los diputados y a los nuevos funcionarios judiciales recientemente designados les disgusta la crítica, podrían dedicarse a otros oficios, donde probablemente les iría mejor. ¿Quién en su sano juicio haría señalamientos a un funcionario público si hace bien las cosas, si no roba y se mantiene dentro del marco constitucional y legal?

En el caso de algunos diputados deberían comenzar por ordenar su casa  y elaborar, por ejemplo, un protocolo para evaluar la “moralidad notoria”, por decir algo.  ¿Lo tienen? ¿Y el ejército de asesores pues? No deberían esperar que desde la sociedad civil organizada les hagan el trabajo por el que les paga su verdadero patrón: los contribuyentes del erario nacional.

Si gobernar es una “enorme responsabilidad que requiere de hombres con virtudes magnánimas”, como sostenía Ortega y Gasset, mientras no los tengamos gobernando nuestro país, los enojos de los políticos contra una sociedad civil organizada, apartidaría, vigorosa, propositiva e independiente, simplemente terminarán fortaleciéndola.