En la medida que pasa el tiempo, se eleva el sol y aumenta el calor, se esparce la fetidez que demuestran las crecientes denuncias de casos de corrupción en el gobierno y no olvidemos que “si el río suena es porque piedras trae”.

Opinión

El disfraz de la corrupción No existe en el presidente Bukele voluntad política para propiciar la unidad y el entendimiento nacional…

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

miércoles 19, agosto 2020 • 12:00 am

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En la medida que pasa el tiempo, se eleva el sol y aumenta el calor, se esparce la fetidez que demuestran las crecientes denuncias de casos de corrupción en el gobierno y no olvidemos que “si el río suena es porque piedras trae”.

En el proceso de cambios políticos y administrativos de un gobierno es tolerable la novatez de los primeros cien días, ante la falta de profesionalización y el desconocimiento de los “favorecidos” con los cargos; pero, transcurrido más de un año es inaceptable el caos, la improvisación y falta de rumbo, producto de la ausencia de planes de trabajo; y, más intolerables, los abultados y crecientes indicios de corrupción especialmente para un gobierno que sangraba prometiendo pulcritudes, hasta ahora invisibles.

El gobierno del presidente Bukele está en la mira de los organismos internacionales que investigan administraciones gubernamentales. La semana anterior Transparencia Internacional publicó un artículo en el que catalogó a El Salvador como una “receta para la corrupción”, señalando casos conocidos durante el manejo de la pandemia en el que se han observado presupuestos inflados y poca supervisión en el manejo de los recursos, enumerando: la construcción del Hospital El Salvador, la compra de insumos médicos y la distribución de paquetes de alimentos. En el informe el gobierno fue señalado por los pocos resultados positivos en materia de transparencia.

Durante la cadena nacional del 18 de marzo de este año, iniciada la pandemia y como telón de fondo de la adopción gubernamental de medidas extraordinarias para enfrentar la crisis que se avizoraba, el presidente Bukele dijo textualmente “...quien se atreva a tocar un centavo, yo mismo lo voy a meter preso...”, comprometiendo a un equipo de sesenta auditores de la CICIES, que revisaría todos los gastos.  Se desconoce a la fecha informe alguno proveniente de la Comisión.

Hasta el momento de escribir estas líneas, hay al menos seis altos funcionarios de este gobierno señalados ante el Tribunal de Ética (TEG), a partir de investigaciones de diferentes medios de comunicación. Entre los más escandalosos destacan: el ministro de salud, con siete demandas ante el TEG que transitan desde la compra de insumos de protección como botas, mascarillas de hule, protectores faciales, la construcción del Hospital en CIFCO y remodelaciones de despacho. Mientras el personal de salud se bate en primera línea con despojos de insumos y equipamiento precario, ocasionado la muerte de 112 trabajadores de la salud hasta el 31 de julio, representando el 20% del total de 563 víctimas fatales reconocidas hasta hoy.

También, es muy llamativa la denuncia de CAMPO sobre la adquisición del MAG de maíz amarillo en Sinaloa, México, bajo un presunto sobreprecio de 2,8 millones de una compra global de 16 millones. Tampoco la ministra de Desarrollo Local ha dado la cara para dar razones por la compra durante la pandemia, de casi un millón de dólares en granos básicos (maíz, arroz, frijoles y azúcar), con un sobreprecio documentado que supera el 18%; justamente en un período en el que la Defensoría del Consumidor había fijado precios.


Por si fuera poco, no existe en el presidente Bukele voluntad política para propiciar la unidad y el entendimiento nacional que facilite la participación de los diferentes sectores en la superación de esta grave crisis; la promoción del odio y la división es una vulgar estratagema electorera que bajo la bandera de la polarización contribuye como un alucinógeno ante la población desviando la atención de lo importante.

Mientras la ciudadanía observa la inexistente voluntad de aplicar medidas concretas que abonen en transparencia y probidad, queda claro que este gobierno no da para más que para el enriquecimiento de argollas familiares. A veces resulta difícil distinguir entre la incapacidad y desconocimiento mostrado para resolver los graves problemas que ellos mismos han creado, la improvisación por la ausencia de planes y programas y la intencionalidad de generar caos para, en medio del disfraz, el humo y el río revuelo, seguir metiendo las manos indebidamente.

Son $3650 millones de dólares habilitados por la legislatura sobre los que el presidente Bukele y su gobierno deberán de responder ¿Podrán?