Haciendo un parangón con la célebre frase sobre la paz de Mahatma Gandhi, y a propósito del nuevo acercamiento entre privados (ANEP) y el Órgano Ejecutivo, podríamos decir que no hay camino para el diálogo, el diálogo es el camino. Para que tenga resultados concretos es necesario tener los pies pegaditos a la tierra para no caer en trampas, dilaciones y maniobras distractoras que, al final, lo que buscarían es ganar tiempo y enviar mensajes apaciguadores a la tierra del Tío Sam, desde donde –intuyo– vienen las exigencias para que las partes conversen y lleguen a acuerdos básicos.

Opinión

El diálogo es el camino

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 21, mayo 2018 • 12:00 am

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Haciendo un parangón con la célebre frase sobre la paz de Mahatma Gandhi, y a propósito del nuevo acercamiento entre privados (ANEP) y el Órgano Ejecutivo, podríamos decir que no hay camino para el diálogo, el diálogo es el camino. Para que tenga resultados concretos es necesario tener los pies pegaditos a la tierra para no caer en trampas, dilaciones y maniobras distractoras que, al final, lo que buscarían es ganar tiempo y enviar mensajes apaciguadores a la tierra del Tío Sam, desde donde –intuyo– vienen las exigencias para que las partes conversen y lleguen a acuerdos básicos.

El diálogo político es el intercambio de expresiones, ideas, comentarios y propuestas alrededor de asuntos relacionados con el país, sus instituciones y su rumbo, con el fin de llegar a acuerdos que posibiliten una convivencia armónica.

El diálogo político no implica renunciar a la cosmovisión que las partes tengan de las cosas, tienen derecho a sostenerla, pero requiere como condición sine qua non,  una gran dosis de tolerancia, buen juicio e inteligencia. Tolerancia, para saber escuchar; buen juicio, para dar la razón al otro cuando lo merezca e inteligencia, para discutir con fundamentos sólidos al disentir sobre algo. El disenso debe ser lo suficientemente vigoroso como para lograr que la contraparte ceda ante la fuerza de hechos y argumentos, expuestos con racionalidad, respeto y autoridad moral.

Los privados y el Ejecutivo han retomado el diálogo. Qué bueno para el presente y futuro del país. Qué bueno para la institucionalidad democrática. Es un paso importante porque está en juego, ni más ni menos, que la viabilidad del proyecto histórico del partido FMLN (instauración del socialismo no radical) y la sobrevivencia del capitalismo democrático impulsado por el sector privado. Negarlo sería un chiste.

Si los privados y el Ejecutivo comprenden que solo la maravillosa inteligencia humana es la que  otorga la capacidad para corregir aquello en lo que nos equivocamos, y que aún puede corregirse, estaríamos evitando nuevas frustraciones como la provocada por el tristemente célebre “Pacto de Ataco”, pegado con saliva por toda la clase política. Un esfuerzo fallido, un cohetillo soplado.

Si los privados y el Ejecutivo anteponen sus intereses particulares y colocan por encima de estos los bien entendidos intereses de país, o sea el bien común, estarían dando un paso muy importante en dirección a asegurar buenos resultados. Es aquí donde los privados y el Ejecutivo deben entender que los peores obstáculos son las telarañas ideológicas y doctrinarias, que apuntalan la polarización y ponen doble llave a la puerta por donde debería entrar la paz para el país.


Si los privados y el Ejecutivo avanzan en el camino correcto, estarían dando un gran ejemplo al resto de fuerzas vivas del país, aunque ambos deben saber que ellos son solo una parte de esa enorme masa desencantada con gobernantes, de derechas e izquierdas, que El Salvador ha tenido durante tres décadas.

Si los privados y el Ejecutivo logran captar el cansancio de la gente; la decepción por la forma en que se ha venido conduciendo el país; si miran los sucesos acaecidos en Honduras (golpe de Estado técnico y luego una reelección) , Guatemala (gobernantes succionados por la corrupción política) y Nicaragua (la juventud en pie de lucha contra la tiranía orteguista-murillista), sin duda que ambos sectores deberían coincidir en la necesidad de cambiar el actual rumbo de polarización, nepotismo, clientelismo, corrupción e ineptitud en que ha caído El Salvador. Pero también, en la necesidad de no volver jamás a las prácticas de exclusión social, concentración de riqueza y fraudes político-electorales, que originaron los más cruentos episodios de nuestra vida republicana.

Si los privados y el Ejecutivo entran a dialogar sin cartas escondidas y con genuina voluntad, el nuevo gobierno que emerja en el 2019 podría dar continuidad a ese esperanzador proceso, toda vez comprenda con claridad que el diálogo es el camino.