Sandra contempla su pila vacía. DEM

Nacionales

El desafío de una pandemia que exige lavado de manos cuando “el agua no cae” en casa

Erika Ventura

martes 25, agosto 2020 • 9:43 am

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Acatar las medidas que las autoridades recomiendan a la población para prevenir contagiarse de coronavirus es un verdadero reto para muchas familias salvadoreñas que no tienen acceso al agua potable o se han visto afectadas por la interrupción del suministro, debido indirectamente a las restricciones de movilidad.

La familia Guardado, quien reside en la colonia Bosques del Río, en el populoso municipio de Soyapango, la falta de agua no es más que otro problema que se suma al ya complicado panorama de esta emergencia sanitaria.

Acciones que para muchos pueden considerarse sencillas de realizar como un constante lavado de manos o la limpieza del hogar, para esta familia se ha vuelto difícil efectuar en los más de 15 días sin agua que se han mantenido en su comunidad.

"Con eso del lavado de manos y toda la limpieza, las medidas que tenemos que tener, no realmente no se cumplen a cabalidad por lo mismo (falta de agua), igual con la ropa, ha estado bien difícil ver cómo lavamos", cuenta Marta y agrega que tampoco pueden bañarse cada vez que regresan de la calle. "A veces nos bañamos mejor con el espray así y el alcohol porque no se puede cada vez que uno sale venir a cambiarse, hoy no se puede, es difícil", lamenta.

Marta asegura que la falta de agua potable también ha afectado su emprendimiento, la venta de típicos que solía instalar todas las tarde para lidiar también con la abatida economía familiar.


"La venta de la tarde, por lo menos los antojitos, la venta requiere bastante agua, los trastes que ya desocupamos después de trabajar, al igual cuando se está preparando también se ocupa trastes para hacer todo lo necesario para sacar una venta. Ha sido bien difícil, ya no se pudo trabajar lo que era la tarde; ahí estamos viendo cómo hacemos porque es de donde estamos saliendo adelante, no tenemos otras entradas porque trabajo no hay, no hay otro tipo de trabajo”, expresa preocupada.

Su hermana Sandra contó a Diario EL MUNDO que para subsanar la vital necesidad de agua, se han visto obligadas a apelar a la solidaridad de casas de vecinos a los que sí les llega el suministro. También el agua de lluvia es recolectada para bañarse, lavar ropa, trastes y aseo del hogar.

"Ya tenía 3-4 días de no trapear, se acumula la tierra en el piso y más que los niños jugando. Hasta ayer que llovió que agarramos agua llovida fue que pudimos (hacer limpieza)”, cuenta.

Y como si no fuera suficiente no tener ingresos y agua, los gastos en el hogar se han incrementado ante la falta de ésta última, debido a que han tenido que comprar más alcohol, lejía y desinfectantes para tratar de mantener limpio y evitar que el virus llegue a casa.