En 1974, el maestro argentino Jorge R. Vanossi, fundador del IIDC convocó a impartir algunas conferencias en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, a los maestros mexicanos Héctor Fix Zamudio, Rolando Tamayo, Jorge Carpizo y Diego Valadés.

Opinión

El Derecho como un factor de desarrollo y de salvación social

Dr. René Hernández Valiente / Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional @iidc_sv

viernes 19, marzo 2021 • 12:00 am

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En 1974, el maestro argentino Jorge R. Vanossi, fundador del IIDC convocó a impartir algunas conferencias en la Facultad de Derecho y Ciencias Sociales de la Universidad de Belgrano, en Buenos Aires, a los maestros mexicanos Héctor Fix Zamudio, Rolando Tamayo, Jorge Carpizo y Diego Valadés.

El escenario latinoamericano era muy difícil: Gobiernos militares, dictaduras y caudillos en varios países. La realidad constitucional era dramática y cobra conciencia en los constitucionalistas de América Latina la necesidad imperiosa de plantearse bajo una forma colectiva en defensa del constitucionalismo.

Un buen inicio fue que los constitucionalistas de la región establecieran canales de comunicación, porque el aislamiento era una mala receta para el desarrollo e intercambios de experiencias y conocimiento. Poco nos conocíamos para intercambiar información sobre jurisprudencia, leyes y reformas constitucionales, para poder interactuar con los medios académicos y colaborar en el restablecimiento de regímenes democráticos. Así nació la idea de crear el Instituto Iberoamericano de Derecho Constitucional.

El 22 de marzo de 1974 se formalizó en Buenos Aires el acta constitutiva y se acordó invitar como miembros fundadores a profesores destacados en la especialidad. A los profesores argentinos y mexicanos se incorporaron los brasileños, venezolanos, colombianos, peruanos, uruguayos y guatemaltecos; y nosotros, finalmente, el 22 de octubre de 2003, hace 17 años, con 15 miembros fundadores, de los cuales 5 nos han precedido en el paso a la otra vida.

A pesar de todo en este tiempo las finalidades del IIDC-Sección de El Salvador se han cumplido: han nacido, crecido y fortalecido vínculos académicos excepcionales entre los constitucionalistas de Iberoamérica, lo cual ha contribuido al mejor conocimiento de nuestras realidades constitucionales. A los eventos del IIDC asisten muchas de las mentes constitucionales más brillantes de Iberoamérica y en múltiples ocasiones han asistido profesores muy distinguidos de más allá de nuestra región, como algunos de Alemania, Estados Unidos, Italia, Israel, Francia y Polonia.

Es muy satisfactorio verificar que las discusiones y conclusiones de los eventos académicos del IIDC han inspirado a varias constituciones o sus reformas integrales en los últimos treinta años en nuestra región –y la investigación continúa–. Nuevas instituciones y textos constitucionales han surgido para perfeccionar nuestros sistemas democráticos, así como aportes académicos importantes, el último nuestro la “Teoría de la Constitución. Estudios en homenaje a José Albino Tinetti”.


Muchos de nuestros países, algunos con reticencias e indecisiones, han ido admitiendo las instituciones que nacieron en Europa Occidental después de la segunda guerra mundial, a la vez que han surgido importantes innovaciones regionales como son los Tribunales Constitucionales bajo la forma de Salas, Tribunales autónomos, Tribunales Ad-hoc o plenos de Cortes Supremas, pero Tribunales Constitucionales al fin.

Es propia la ocasión para rendir tributo a quienes nos han precedido y con verdadero honor señalo a los Doctores René Fortín Magaña, Luis Nelson Segovia, Francisco Bertrand Galindo padre, Jorge Eduardo Tenorio, Guillermo Machón Rivera, fundadores que han dado sentido a nuestra institución actuando ejemplarmente aún con marcos legales imperfectos, con firme convicción, con férrea voluntad ante la descomposición social que aún padecemos y ante la imperiosa necesidad de preservar el Estado de Derecho, cuyos beneficios el salvadoreño no valora en toda su dimensión.

Esos hombres nos hacen falta, pero son y serán el ejemplo vivificante para las generaciones venideras. Son un referente histórico. Las Instituciones solo son los canales para que la democracia funcione. Pero la potencia, la savia, la energía que pone en movimiento el sistema de frenos y contrapesos es la conciencia y voluntad de las personas que cumpliendo con el significado epistemológico del término “abogado”, enarbolamos la bandera del Derecho como el mejor instrumento de convivencia pacífica.

Además que debemos mirar el Derecho como un factor de desarrollo y de salvación social en momentos de aguda crisis como el actual, es tiempo que veamos al Derecho como el mejor instrumento de consolidación de un mejor El Salvador. Esto sólo será posible cuando campee la justicia, el orden y la libertad frente al despotismo, el autoritarismo, la arbitrariedad o la anarquía. El Derecho, como la verdad, es franca y legítimamente subversivo.

* Primera parte de la memoria leída por el presidente saliente, Dr. René Hernández Valiente, el 28 de agosto de 2020.