Editorial

miércoles 6, octubre 2021 • 12:00 am

El debate mundial sobre redes sociales El congreso de EEUU lleva tiempo debatiendo la regulación de redes sociales, un debate que llegará tarde o temprano.

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Facebook, la red social más importante del mundo, está en el ojo del huracán y no por la reciente caída mundial de su servicio, sino por los cuestionamientos relacionados a su impacto en la adolescencia y la niñez, su influencia política divisoria y la desinformación que permite.

El debate ha llegado al Congreso de los Estados Unidos que ha abierto una serie de audiencias en las que cuestiona a Facebook y otras redes sociales. Los legisladores estadounidenses llevan años amenazando con regular el negocio de Facebook y otras plataformas para hacer frente a las críticas de que los gigantes tecnológicos invaden la privacidad, sirven de megáfono para peligrosa desinformación y perjudican el bienestar de los jóvenes.  El gran debate es que esa intervención puede afectar también las libertades de los usuarios de las redes sociales.

Hace ya un par de años que se ha denunciado el uso de los datos privados de los usuarios de Facebook y la Comisión Federal de Comercio de Estados Unidos ordenó a la red social a pagar US$5.000 millones como sanción por las malas prácticas. Esos datos privados fueron luego utilizados para manipular psicológicamente a los votantes en las elecciones de EE.UU. de 2016, donde Donald Trump resultó electo presidente. En El Salvador y América Latina en general, se ha conocido también del uso de Facebook, Twitter y otras redes con fines similares.

Las redes sociales no son malas por naturaleza. Han servido para el reencuentro y la fraternización de miles de personas, pero estos giros de manipulación que les dan son los cuestionables. Según una denunciante de Facebook, en la audiencia congresional,  el gigante de las redes sociales alimenta la división y perjudica a los niños. Ya hace un tiempo el propio presidente estadounidense, Joe Biden, había denunciado el uso inescrupuloso de las redes para fomentar desinformación contra la vacunación y esparcir rumores sobre la pandemia. Es un debate que ocurre en Estados Unidos pero ciertamente terminará afectándonos en El Salvador y el resto de la región tarde o temprano.