Estamos ante los resultados de unas elecciones que se fraguaron en un ambiente de odio, desprecios, atropellos a la ley y desesperanza. Los partidos tradicionales se agotaron, no supieron actualizarse y quedan en profunda crisis, como una máquina con averías irreparables.

Opinión

El camino que queda Hay que crear esa fuerza del movimiento social, construir una plataforma en donde analizar, discutir y promover posibles alternativas…

Walter Raudales / Escritor. Periodista. @wrjade

miércoles 3, marzo 2021 • 12:00 am

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Estamos ante los resultados de unas elecciones que se fraguaron en un ambiente de odio, desprecios, atropellos a la ley y desesperanza. Los partidos tradicionales se agotaron, no supieron actualizarse y quedan en profunda crisis, como una máquina con averías irreparables.

Estamos pues ante el triunfo de la mentira, que encantó a las mayorías desprevenidas. Lo que viene es una lucha constante contra el engaño.

Todo lo que está pasando, es un APRENDIZAJE. Está bien que sucedan estas cosas (el triunfo arrollador de la mentira) para que la gente (tarde o temprano) entienda y caiga en razón de lo que sucedió. Vamos a sufrir, pero es necesario que esto pase, para que la gente despierte. Se va a sufrir, pero servirá para reconstruir el proceso social truncado. La REALIDAD es TERCA, la realidad es lo que es. Se necesitará mucha sinergia (unir energías). Que nos juntemos en un amplio movimiento social de todos los sectores sin distingo de ideología, religión, ni protagonismos.

Quedamos ante un sistema de muerte en que debemos pasar de la indiferencia a la indignación y de la indignación a la acción (movilización). Vienen tiempos de cohabitar y convivir, pero en lucha. Hay que encontrar la ecuación que llevó al autoritarismo a donde está y desactivarla.

Con lo que ha demostrado el Ejecutivo hasta ahora: corrupción, violación de la ley y abuso de poder es claro que así seguirá.

En El Salvador la migración se acentuará, los pobres seguirán migrando (pues es una política de Estado) un país que para ser viable necesita las remesas, le viene bien que los más pobres se vayan. El sistema y el modelo económico prácticamente los expulsa (desde hace décadas).


Hay que trabajar en el imaginario de la gente, un territorio que el ejecutivo actual supo muy bien aprovechar con sus ejércitos digitales.

Hay que sacar lecciones de las derrotas y de las victorias. Perder o ganar es un asunto bien personal, en donde influye tu contexto y tu visión de las cosas. Estamos ante una gran ironía, porque las mayorías que le han dado el voto al partido del gobierno creen que han ganado, pero en realidad han perdido, ya pronto se verá, lo que viene será duro y se sufrirá.

Que esto que ha sucedido nos sacuda y nos relance. Seguiremos aportando ideas contra realidades oscuras, dando palabras en nombre de la vida contra acciones que promuevan la muerte.

El camino que queda es crear (conformar) una fuerza sociopolítica nueva integrada por amplios sectores, de movimientos sociales, ciudadanos, para promover un verdadero proceso de democratización y hacerle frente al autoritarismo.

Hay que crear esa fuerza del movimiento social, construir una plataforma en donde analizar, discutir y promover posibles alternativas a los principales problemas que se le avecinan al país.

Una plataforma de conciencia crítica en donde se abran espacios de discusión. Urge prefigurar esa nación de futuro.

El que surja esa fuerza política (con una plataforma clara de transformación social) dependerá que todas las fuerzas anti-autoritarismo sean capaces de organizar una estrategia significativa y relevante de cambio y se posibiliten la generación de soluciones.

En diciembre de 1980, cuando terminaba ese año fatídico, cuando el terror lo invadía todo, el Padre Ignacio Ellacuría, Rector y Mártir, escribió un editorial en la revista ECA, titulado: “Conflicto, agonía y esperanza”, y dijo que en ese momento el cuadro social ya no daba para más y todo estaba listo para la confrontación total. El proyecto agotó sus posibilidades y se venía la guerra civil.

Hoy estamos en un tiempo de encrucijada. Este domingo pasado se trastocó todo. El FMLN tocó fondo. El núcleo que quede del partido de izquierda deberá repensarse muy bien. ARENA está dividida y en desconcierto. No hay instrumentos políticos viables. Entonces en esta agonía surge la obligación de una alternativa político social que sepa crear una plataforma de diálogo rápido para construir un instrumento político viable que devuelva la esperanza.

El camino que queda es construir un Movimiento Amplio de Resistencia Ciudadana, sin distingos y que entren a él todos los que aman a El Salvador. Una especie de Movimiento Ciudadano de Reconstrucción Nacional, porque acá habrá mucho que reconstruir.