Editorial

sábado 12, mayo 2018 • 12:00 am

El buen ejemplo y el mal ejemplo en Centroamérica

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Esta semana, Carlos Alvarado se convirtió en el presidente número 48 de la historia de Costa Rica y también uno de los más jóvenes, siguiendo la ejemplar tradición democrática de un país que ha sido la excepción en una tumultuosa región.

Costa Rica ha tenido transiciones democráticas desde hace 70 años y mantiene el sistema político más estable de la región. Mientras varias naciones del istmo padecíamos guerras civiles, Costa Rica fortalecía su democracia e institucionalidad, se volvía un destino turístico mundial y un atractivo asentamiento de inversiones de primera clase.

En contraste, a la par de Costa Rica aún queda el peor ejemplo de sistema político en Centroamérica, la dictadura de Daniel Ortega y su esposa, Rosario Murillo, una pareja que ha secuestrado las libertades y derechos de los nicaragüenses que en las últimas semanas han salido a las calles para reclamarlos y puesto una enorme cuota de sangre frente a la represión del régimen.

Mientras Costa Rica es un ejemplo de institucionalidad democrática, Ortega ha convertido a Nicaragua en su hacienda particular, se ha apoderado de todas las instituciones para ponerlas al servicio de su familia y su partido, un terrible recordatorio de lo que un déspota es capaz de hacer y por qué debemos cuidar tanto nuestras instituciones.