En los momentos difíciles de un país es recomendable revisar la trayectoria histórica vivida.  El análisis de lo acontecido no da todas las pistas para lo que hoy debe hacerse. Pero resulta ilustrativo establecer constantes, taras, reiteraciones y recaídas (en economía y en política, sobre todo), y así caer en la cuenta qué tanto estamos asidos a aquello que nos condiciona.

Opinión

El año 1980 ¿No será que hay una grave desmemoria y manipulación al pretender relanzar el papel político de la Fuerza Armada?

Jaime Barba / REGIÓN Centro de Investigaciones

martes 8, diciembre 2020 • 12:00 am

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En los momentos difíciles de un país es recomendable revisar la trayectoria histórica vivida.  El análisis de lo acontecido no da todas las pistas para lo que hoy debe hacerse. Pero resulta ilustrativo establecer constantes, taras, reiteraciones y recaídas (en economía y en política, sobre todo), y así caer en la cuenta qué tanto estamos asidos a aquello que nos condiciona.

A veces, los destemplados alardes de novedad del presente no son tales. Inaugurar, por ejemplo, un período político, no es comida de hocicones. En 1992, al finalizar la guerra, existió la posibilidad de dar un golpe de timón al curso de la historia nacional. Quizá se intentó, aunque de un modo muy modesto y equívoco, y por eso el esfuerzo, muchos años después, se torció.

Aún hay quienes afirman que el repliegue político de la Fuerza Armada facilitó la nueva convivencia social. Y es cierto. Aunque se olvida establecer la diferencia entre repliegue y refundación. Ese repliegue (político) consistió en agachar la cabeza, aceptar las culpas sin ripostar (¡el Informe de la Verdad es irrebatible!) y, al disimulo, aparentar lo que no se es.

La nueva emergencia política de la Fuerza Armada, a partir de 2019, que en realidad es un asunto solo de la cúpula militar, no puede ser más inoportuna. Lo que está haciendo el mando castrense no es más que una genuflexión ciega al nuevo regente del Ejecutivo. Ni siquiera es adhesión a un proyecto político (porque no hay tal cosa).

De ahí que sea relevante recordar el año 1980 y ver qué hacía la Fuerza Armada en aquel entonces.  Y lo primero que hay que preguntarse es la edad que tenían los actuales señores oficiales que conforman el Estado Mayor de la Fuerza Armada. ¿Eran cadetes? ¿O ya eran tenientes efectivos y estuvieron en el campo de batalla durante la década de 1980? Lo cierto es que el final de la guerra lo apreciaron con claridad. Pero aún más: observaron, escucharon, ponderaron el papel de la Fuerza Armada durante la guerra.

Los señores que estaban en la cúpula militar, en 1992, fueron los que cargaron sobre sus espaldas hechos deleznables, como quedó registrado en el Informe de la Verdad. ¡Y fue esa red de oficiales la que se hizo cargo del repliegue! Los jóvenes oficiales de aquel entonces, y que desde hace unos 10 años han venido conduciendo la institución castrense, no pueden alegar desconocimiento de lo ocurrido en este país y, si lo hacen, operan de mala fe.


Pues bien, un breve recuento de algunas situaciones ocurridas en 1980 podría recordarles, a quienes ahora exaltan un supuesto pasado glorioso, que el hecho de no procesar con justeza una trayectoria, como la de la Fuerza Armada, conduce a callejones sin salida. Así, el 22 de enero, la gigantesca manifestación cívico-popular que movilizó a no menos de 200 000 personas en el centro y calles aledañas de San Salvador fue masacrada, con el resultado de varias decenas de muertos.

El 5 de febrero, fue asesinado por pistoleros el médico psiquiatra, Fernando Martín Espinoza Altamirano.

El 24 de marzo fue asesinado el arzobispo de San Salvador, Óscar Arnulfo Romero, mientras daba una misa en la capilla del hospital Divina Providencia. Aunque la conspiración no se incubó solo dentro de la Fuerza Armada, todas las evidencias apuntan a que hay algún tipo de involucramiento. De hecho, el 30 de marzo, efectivos militares dispararon contra la multitud que se hallaba concentrada frente a Catedral para el funeral del arzobispo, contabilizándose decenas de muertos.

El 14 de mayo, en las orillas del río Sumpul, alrededor de 300 personas, que huían de un cerco militar, fueron masacradas por la Fuerza Armada. El 14 de junio, el misionero franciscano Cosme Spessotto fue asesinado a tiros en la iglesia de San Juan Nonualco, por denunciar la represión que sufrían los campesinos de la zona. El 9 de julio, en Los Mogotes, de San Pablo Tacachico, cerca de 41 personas fueron asesinadas por la Fuerza Armada.

El 29 de octubre fue asesinado el rector de la Universidad de El Salvador, Félix Antonio Ulloa, crimen en el que la Fuerza Armada está involucrada.

El 27 de noviembre fueron asesinados los dirigentes del Frente Democrático Revolucionario, y la Fuerza Armada fue parte activa.

El 2 de diciembre fueron secuestradas, violadas y asesinadas, por miembros de la Fuerza Armada, tres religiosas norteamericanas de la orden Maryknoll.

¿No será que hay una grave desmemoria y manipulación al pretender relanzar el papel político de la Fuerza Armada?