Ya pasó la primera quincena de agosto y por lo tanto cientos de miles de salvadoreños que engrosan la cifra de trabajadores que devengan el salario mínimo han recibido su incremento quincenal el cual entró en vigencia el 1 del corriente mes, equivalente al 20 por ciento.

Opinión

El alza del salario mínimo y la canasta básica

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 17, agosto 2021 • 12:00 am

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Ya pasó la primera quincena de agosto y por lo tanto cientos de miles de salvadoreños que engrosan la cifra de trabajadores que devengan el salario mínimo han recibido su incremento quincenal el cual entró en vigencia el 1 del corriente mes, equivalente al 20 por ciento.

El aumento salarial mensual oscila entre $40.58 y $60.83, dependiendo del sector. Así el sector industria, comercio, servicios e ingenios azucareros pasa a ganar $365; mientras que el sector agropecuario apenas obtendrá un salario de $243.4 al mes. Realmente el incremento del 20% por ciento sigue siendo muy bajo, si tomamos en cuenta el costo de la canasta básica el cual supera los $200. Sin embargo, todo incremento debe ser bienvenido. Es lógico pensar que en el primer año de vigencia del aumento del salario mínimo poco afectará a los empleadores, pues recibirán un subsidio estatal, que al final todosterminaremos pagando con nuestros impuestos y sumando más deuda pública al Estado. Pese a todo, bienvenido aumento.

El meollo no es el poco aumento, sin el abuso de muchos acaparadores y comerciantes de todos los niveles que de manera insolidaria le han aumentado el precio a casi todos los productos. Hasta el frutero de la esquina le subió a la porción de sandía, de $0.30 a $0.50. Y el aumento no inició en agosto, sino desde que se comenzó a hablar de un posible incremento salarial.

Cuando el 6 de julio se aprobó oficialmente el aumento al salario mínimo, los productos ya habían sufrido un alza, algunos de más del 50%. Y no solo le aumentó la señora de la tienda de la esquina, pues al fin que ella compra más caro para revender, también le aumentaron el precio las cadenas de supermercados, así como las tiendas y almacenes “de prestigio”.

Antes solíamos ir a un comedor a almorzar y por $2.50 o $3.00 degustábamos una buena sopa. Desde hace dos meses, ese mismo platillo cuesta entre $0.50 y $1.00 más. “Porque la verduras están más caras”, nos justificó la propietaria. Han aumentado el precio las bebidas gaseosas, las carnes, los mariscos, los granos básicos, el pescado, los productos de belleza, el papel higiénico, los huevos, el agua purificada, los lácteos, y todo los que se vende en tiendas y supermercados. “Antes gastaba 300 dólares en los comprados del mes, ahora ya gasto hasta $350”, me dijo una comadre, cuyo esposo es el que provee para el hogar, porque ella está desempleada.

Y es que todo ha aumentado. Hasta las pupusas. Las que costaban $0.75 ahora valen $0.90 o un dólar. La señora donde mi familia compra las tortillas mantiene el precio de las mismas, solo que ha decidido hacerlas más pequeñas, para camuflar el incremento.


Para colmo el precio de la gasolina ya superó los $4.00 en algunos puntos del país. La semana pasada vi en la capital una gasolinera que tenía el precio de $4.07 el galón de gasolina especial. Un amigo de Villa El Triunfo, Usulután, me cuenta que en su municipio hay una estación que colocó el precio en $4.18, pero que luego lo bajó a $4.12. Hasta allá no llegan los controles o los evaden con facilidad, amparados en el libre mercado. El gobierno salvadoreño no tiene injerencia en los precios internacionales del combustible, pero puede crear una franja de precios y fluctuar los impuestos, de tal manera que cuando pase de un precio se eliminen algunos para no afectar en demasía el bolsillo de quienes tenemos vehículo y estamos obligados a comprar combustible. Tener vehículo no necesariamente es un lujo. Es una necesidad.

Algunos comerciantes hacen de las suyas. Acaparadores han aprovechado para etiquetar con los precios alzados los productos que tenían embodegados y de alguna manera han evadido los controles de la Defensoría del Consumidor.  Eso sí, saben publicitarse y poner en oferta productos a punto de vencer o de poca utilidad. En los mercados los comerciantes justifican que compran caro a los distribuidos y estos alegan el alto precio de los fletes, mientras que los fleteros se amparan en el alto precio de combustibles y repuestos. En fin, todos tienen una justificación para incrementar. Y es que ha aumentado hasta los servicios de energía eléctrica y el agua potable, así como el gasto de telefonía, porque con la pandemia se hace un servicio prioritario el uso de redes sociales.

Lo peor es que casi nunca hay retorno. Los precios se quedan altos y se repite la rueda de caballitos. Es decir, nuevamente se hace necesario un aumento del salario mínimo porque el actual ya no alcanza. El Estado debe vigilar el alza a los productos y sancionar a los abusadores. Seamos solidarios.