Algunos amigos me critican cuando los exhorto a no perder la esperanza; que el país tiene salida; que la actual clase política no será eterna; que vendrá el día en que la racionalidad será el signo que distinguirá a una nueva generación de jóvenes en política. Sin embargo, debo reconocer que la cosa no será fácil.

Opinión

Dudas, incertidumbres e indecisos

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 10, septiembre 2018 • 12:00 am

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Algunos amigos me critican cuando los exhorto a no perder la esperanza; que el país tiene salida; que la actual clase política no será eterna; que vendrá el día en que la racionalidad será el signo que distinguirá a una nueva generación de jóvenes en política. Sin embargo, debo reconocer que la cosa no será fácil.

Dudas e incertidumbres permean la política criolla. El hartazgo de la juventud por la corrupción de algunos políticos, es apaciguado con cantos de sirena de políticos probadamente oportunistas, ambiciosos y populistas.

Es paradójico que esas dudas e incertidumbres vengan desde los EE.UU., cuyas agencias de inteligencia conocen (desde hace décadas) quiénes fueron, quienes son y cómo operan todos aquellos (desde militares, policías, políticos, burócratas, jueces, hasta empresarios privados ambiciosos y deshonestos) que han estado y siguen metidos dentro de la corrupción generalizada. Basta recordar las palabras de Robert Blau, quien al hacer una remembranza del expresidente Saca lo describió como “el responsable de haber construido una máquina de hacer dinero mientras estuvo en el poder” (Cable 27-10-2009).

Si la Embajadora de EE.UU., Jean Manes, dice nueve años después que “la corrupción en El Salvador es endémica y sistematizada” (DEM/17-08-2018) es porque las cosas no han cambiado mucho que digamos.

La Corte Suprema de Justicia de nuestro país también conoce muchísimo sobre la corrupción generalizada. Infortunadamente, falleció el economista Salvador Arias, quien en su momento presentó una denuncia sobre la corrupción realizada por diversos funcionarios de gobierno durante el período comprendido de 1989 a 2013, la que sustentó en un estudio científico, sistemático y apoyado en fuentes serias.

Algo de razón tendrá entonces el exmagistrado de la Sala de lo Constitucional, Sidney Blanco, al sostener públicamente que “El combate a la corrupción no es prioridad en la Corte Suprema de Justicia” (DEM/09-JUL-2018). El silencio del actual presidente de la CSJ lo dice todo.


Hay que sumar el reiterado incumplimiento de deberes de la Asamblea Legislativa en las elecciones de segundo grado: la compra-venta de signos, colores, sabores y olores partidarios; el sostenimiento burocrático de una retahíla de sujetos que el pueblo rechazó en las urnas; la imparable contratación de activistas partidarios en el sector público, incluyendo ancianos que “ya dieron su aporte” al país pero que al mamar a dos tetas impiden que miles de jóvenes profesionales desempleados obtengan trabajo, siendo 20 veces más capaces que esos septuagenarios que reciben, además de su pensión (merecida) otro salario (inmerecido). Y de los entes fiscalizadores, mejor ni hablar. Desde 1989 han colado con lupa a las hormigas, pero han dejado pasar la corrupción de gigantescos elefantes, ¿O me equivoco Nancito y Goyito?

Que el presidenciable de ARENA presente propuestas para prevenir la corrupción es bueno. Que el presidenciable de GANA proponga una CICIES administrada en conjunto por la OEA y la ONU, también. Pero no dejan de ser acciones de corte populista. 1º) Porque hay partidos y privados deshonestos que se lucraron de dineros públicos (sobresueldos) que jamás devolverán al erario nacional. 2º) Porque el partido de Bukele (que junto al FMLN y al PCN se opusieron en el 2015 a una CICIES) ahora la claman.

Que la vice presidenciable de ARENA “ignore” algunos principios históricos de respeto a la vida que sostiene ARENA, censure a Domingo Monterrosa y al mismo tiempo deslegitime el informe de la comisión de la verdad es contradictorio. Que el vicepresidenciable de GANA, después de hacer el ridículo ante repreguntas de una joven entrevistadora, le suelte la jauría de troles de su jefe, muestra desconocimiento histórico e intolerancia, respectivamente. Este último, con el agravante de autocalificarse de izquierda e ir de candidato en un partido salido de las entrañas de Saca.

En los debates televisados ningún tema debería quedar fuera de alcance y todos los entrevistadores no tendrían que evadir preguntas incómodas. De lo contrario las dudas e incertidumbres seguirán confundiendo al gran porcentaje de indecisos.