Deportes

Diego Maradona y Argentina, un romance que se extendió por casi dos décadas Fue el debutante más joven, quedó al margen del triunfo del 78, pero luego condujo las consagraciones del Juvenil 79 y la mayor -histórica- en el Mundial 86 en México.

Clarín

miércoles 25, noviembre 2020 • 10:53 am

Compartir

¿Cómo definir el amor? ¿Cómo medirlo? Miles de poetas, sociólogos, filósofos, soñadores y hasta matemáticos lo han intentado. Pero aún no hay una sola ecuación que pueda responder a esa pregunta. Entonces ¿cómo hacer para explicar la relación de Diego Maradona y la Selección Argentina? Primero fue su pretendiente hasta que la novia aceptó salir con él de paseo. Fue en La Bombonera, el 27 de febrero de 1977, cuando el adolescente de 16 años le robó el primer beso a la chica que todos quieren y que viste de celeste y blanco. Estuvieron juntos un rato, un amistoso ante Hungría que terminó 5 a 1.

Pero ese primer encuentro marcó a fuego la relación. Se trataba de uno de los partidos con los cuales se iba forjando la Selección para el Mundial 78 (y un anticipo de la serie internacional desarrollada desde abril en la Bombonera). Maradona ingresó por Leopoldo Luque, se convirtió en el más joven futbolista argentino en la historia en debutar en la Selección Nacional... y apenas tenía un puñado de partidos en Primera, desde su debut en Argentinos.

Claro que la Selección le produjo su primera decepción futbolístico. El 19 de mayo de 1978 el DT, César Luis Menotti, dejó afuera a tres pretendientes. Bottaniz (defensor de Unión), Bravo (centro delantero de Talleres de Córdoba) y Maradona (nada menos que Maradona) tuvieron que vivir el primer título mundial de la Argentina como espectadores.

Entonces Maradona juró no prestarle atención nunca más a la “dama”. Pero pasó la bronca. Y Diego fue la auténtica figura del seleccionado juvenil, formado también por Menotti, que llegó a Japón para alzarse el 7 de septiembre de 1979 con el título mundial, superando por 3-1 a la entonces Unión Soviética. Diego tenía un complemento perfecto con Ramón Díaz (más adelante la relación personal y futbolística se quebraría) y también jugadores como Alves, Barbas, Escudero o Gabriel Calderón surgían de aquel plantel, afín al paladar futbolístico del DT, más aún que los mayores.

De allí Maradona saltó al plantel mayor que, con vistas a 1982, contaba con los campeones mundiales del 78 y las promesas juveniles: Diego, Ramón Díaz, Barbas. Las giras europeas del 80 y 81 anunciaban un gran rendimiento. Sin embargo, eso no pudo plasmarse en España 82: la Argentina perdió en su debut con Bélgica, se repuso para clasificar. Y ya en la fase siguiente fue superada por Italia (demasiado violenta, con un implacable Gentile sobre Diego) y Brasil. Diego terminó expulsado por una tremenda patada, acaso producto de inexperiencia e impotencia.


El ciclo de Menotti concluyó después de ocho años y lo heredó Carlos Salvador Bilardo, con un estilo futbolístico distinto. Pero también, con la decisión de darle a Maradona todo el apoyo, inclusive la capitanía, por delante del “histórico” Passarella.

La clasificación para México 86 fue muy sufrida -llegó tras un ajustado partido con los peruanos, donde Passarella resultó decisivo- y Diego se preparó como nunca para su gran oportunidad. México 86 era un Mundial con equipos notables (Brasil, Francia, Alemania) pero un Diego inspirado, inigualable, condujo a la Argentina hasta el título. Los recuerdos se amontonan: el triunfo sobre Inglaterra con “el mejor gol de la historia” y “La Mano de Dios”, el siguiente sobre Bélgica, el 3-2 ante Alemania en la final...

México 1986 fue el segundo (y hasta hoy) último título argentino en el máximo evento del fútbol mundial. Pero también fue el momento consagratorio de Maradona como el “jugador número 1 del mundo”, en un sitial que hasta la década anterior había disfrutado O’Rei Pelé. Cuatro años más tarde, Diego -convertido en el ídolo del Nápoli, al que le aportó los dos únicos títulos de Liga italiana en su historia- llegó muy golpeado al Mundial. Justamente en un territorio que conocía muy bien.

En la concentración de Trigoria caminaba en ojotas, casi no podía calzarse más que para sus entrenamientos. Por voluntad y amor propio, y sobreponiéndose también a la inesperada derrota ante Camerún en el debut, volvió a llevar a la Argentina hasta la final. Las atajadas de Goycochea en las definiciones por penales o la corrida de Caniggia en el triunfo ante Italia fueron páginas imborrables. Pero esta vez, el título no pudo ser, Alemania ganó 1-0 con un penal polémico sancionado por el mexicano Codesal cuando el partido estaba por terminar.

Para Maradona empezaron los problemas más serios, como la sanción por 15 meses en su primer dóping. Recién volvió a ser convocado para la Selección por Basile, a fines de 1993, en la necesidad del triunfo en la reclasificación contra Australia. Su experiencia y calidad estaban vigentes, pese al bajón físico. Entonces, encaró su cuarto Mundial, junto a nombres como Batistuta, Caniggia, Redondo. Los triunfos iniciales sobre Grecia y Nigeria anticipaban un gran rendimiento... Y no pudo ser: en aquella fatídica jornada de Boston se lo vio acompañado por una mujer de delantal blanco. Diego Armando Maradona había dado positivo nuevamente en un control antidóping, debido a la efedrina. Y ya no pudo volver a vestir la celeste y blanca. “Me cortaron las piernas”, exclamó entre lágrimas. Sólo volvería como DT.