Opinión

Desarmonía social: peor que la pandemia

Armando Rivera Bolaños / Abogado y Notario

lunes 31, agosto 2020 • 12:00 pm

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Después de varias semanas incapacitado por problemas renales, ya aliviado de tales dificultades de salud, gracias a la intervención de médicos y enfermeras del ISSS, retorno a las páginas de opinión que generosamente nos ofrece un medio informativo serio, respetable y veraz como es Diario EL MUNDO y lo primero que hice fue revisar las ediciones pasadas solo para encontrarme con noticias que reflejan un ambiente de confrontaciones, acusaciones, amenazas y otras situaciones desagradables que nos hacen dudar que pronto encontremos un sendero propicio para lograr una plena reapertura económica y laboral. Solo en el sector de restaurantes, bares y comedores se han perdido más de 40 mil empleos y este factor ha incidido que el 30% de dichos negocios han cerrado totalmente, que también presentan muchas empresas de diferentes rubros. Omito, por ahora, referirme a las condiciones peligrosas o de riesgo que esos cierres pueden generar en la conducta de la población laboral que ha quedado cesante en estos momentos y que no encuentra espacios para trabajar de nuevo.

En este orden de ideas, vemos con preocupación, que el sector del transporte público, agrupado en dos asociaciones de amplia data y experiencia, han expresado mutuas peticiones al gobierno de la República, pero desafortunadamente en forma confrontativa y opuesta, que han vuelto difícil que siquiera se pusiera en movimiento el 80% del servicio de pasajeros y carga en el territorio nacional. Observamos en las calles capitalinas un enorme flujo vehicular de automóviles particulares y oficiales, pero tránsito de buses y microbuses prácticamente consideramos que no llega ni al 2% de las unidades.

A través de noticieros nos encontramos con multitudes de personas de los departamentos a quienes, por alguna deferencia de algún conductor particular, se les llevó hasta la capital o las cabeceras departamentales para vender sus mercaderías, especialmente agrícolas, pero el retorno a sus lugares de residencia se convierte en un verdadero dolor de cabeza y aflicciones, ya que el servicio público sigue en un “estira y encoge” con un ministro de Obras Públicas que no ofrece soluciones, sino sólo amenazas de multas y suspensión definitiva de los permisos de línea correspondientes, con cuyas actitudes las situaciones se caldean al máximo, dando como resultado que prosiga el aspecto deficitario en dicho sector que moviliza miles de personas, empleados, comerciantes y sus respectivos productos de compraventa. Esas condiciones han producido un fenómeno económico poco atractivo para ganar lo suficiente, tal es la proliferación de pequeños automóviles y vendedores ambulantes que recorren las colonias citadinas ofreciendo verduras y frutas, sin ningún control sanitario o de calidad. Tal como lo expresó acertadamente, el licenciado Pedro Argumedo, investigador económico de FUSADES, quien recientemente dijo que “lamentablemente estamos abriendo una debacle económica, sin un acuerdo entre el sector público y el sector productivo”, una frase, que, a nuestro juicio, resume el panorama deprimente en el cual nos encontramos inmersos los salvadoreños, para reiniciar con fe y entusiasmo, esa recuperación de la economía nacional, que actualmente no da señales de reactivarse a corto o mediano plazo.

Precisamente, en dicho análisis de Argumedo, encontramos cifras que dan escalofríos como es el hecho revelador que el poder adquisitivo de la población se ha reducción drásticamente, considerando que solo entre los meses de abril y mayo de este año, más de72 mil trabajadores perdieron sus empleos, los que generaban compras al sector mercantil por un estimado de 36 millones de dólares mensuales, o les redujeron sus salarios para no echarlos a la calle. ¿Y que hace al respecto el sector público? Buscar más y más motivos de confrontación; pelear anticipadamente puestos de elección popular, buscar culpables de una condición que no dependía de ninguna voluntad humana, etcétera. Es hora de convocar y organizar, con seriedad y honestidad, una mesa de diálogo entre los sectores, tanto público como productivo, para encontrar, juntos y armónicamente, un espacio de acuerdos mutuos y provechosos para todo El Salvador. Confiamos se escuche nuestra petición.