El 9 de diciembre de 2019, en el Día Internacional contra la Corrupción, Su Santidad Francisco instó al mundo a combatir la corrupción a la que consideró un cáncer que degrada la dignidad humana y destruye los ideales buenos y hermosos. El Santo Padre instó a la sociedad a comprometerse concretamente a combatir el cáncer de la corrupción en sus diferentes formas porque es una de las heridas más lacerantes del tejido social, ya que lo perjudica gravemente tanto desde un punto de vista ético como económico.  “Con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad la corrupción (los corruptos) empobrece a todos, menoscabando la confianza, la transparencia y la fiabilidad de todo el sistema”, dijo, un enérgico, Sumo Pontífice.

Opinión

Delitos de corrupción no deben prescribir

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

lunes 2, agosto 2021 • 12:00 am

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El 9 de diciembre de 2019, en el Día Internacional contra la Corrupción, Su Santidad Francisco instó al mundo a combatir la corrupción a la que consideró un cáncer que degrada la dignidad humana y destruye los ideales buenos y hermosos. El Santo Padre instó a la sociedad a comprometerse concretamente a combatir el cáncer de la corrupción en sus diferentes formas porque es una de las heridas más lacerantes del tejido social, ya que lo perjudica gravemente tanto desde un punto de vista ético como económico.  “Con la ilusión de ganancias rápidas y fáciles, en realidad la corrupción (los corruptos) empobrece a todos, menoscabando la confianza, la transparencia y la fiabilidad de todo el sistema”, dijo, un enérgico, Sumo Pontífice.

Un informe de la Organización de las Naciones Unidas(ONU) señala que cada año se paga un billón de dólares en sobornos y se calcula que los corruptos se roban 2.6 billones de dólares anuales, suma que equivale a más del 5% del producto interior bruto mundial. Además, según el Programa de las Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), se calcula que en los países en desarrollo se pierde, debido a la corrupción, una cantidad de dinero diez veces mayor que la dedicada a la asistencia oficial para el desarrollo. En síntesis la ONU concluye que la corrupción es un delito grave que frena el desarrollo económico y social en todas las sociedades. Sentencia que ningún país, región o comunidad es inmune.

En agosto del año pasado, en este mismo periódico escribí una columna titulada: “A los evasores hay que perseguirlos”. En ella planteé que había que hacerlo con la ley en la mano, sin revanchismo político. En se sentido señalé que hay que hacerlos que paguen hasta con intereses, toda vez que se les comprobara con auditorías legales, transparentes, técnicas y profesionales.

Sostuve que la persecución contra los corruptos debía ser sin tregua, pero sin criterio político o mediático, porque no existen “tus corruptos y mis corruptos”. Existen los corruptos y estos son malos sin importar su color político o su condición social.

Siempre he pensado que los delitos de corrupción no deben prescribir. Al corrupto hay que perseguirlo siempre hasta que pague de acuerdo con la ley, pero repito hay que hacerlo con transparencia, responsabilidad, sin persecución política o partidaria y basados en una correcta aplicación de la ley, siguiendo los debidos procesos.

La semana pasada el Ministerio de Justicia y Seguridad presentó ante la Asamblea Legislativa una reforma al Código Procesal Penal (CPP) que busca que los delitos relaciones con la corrupción no prescriban. Puntualmente buscan reformar el Artículo 32 del CPP el cual señala que si no se ha iniciado la persecución, la acción penal prescribirá cuando haya pasado un máximo de 15 años. El mismo artículo contempla que no prescribe la acción penal en los casos de tortura, actos de terrorismo, secuestro, genocidio, violación de las leyes o costumbres de guerra, desaparición forzada de personas y los delitos cometidos contra la libertad sexual de menor o incapaz, siempre que se tratare de hechos cuyo inicio de ejecución fuese con posterioridad a la vigencia de dicho Código.


Con la propuesta del Gobierno se pretende que la reforma sea de orden público y retroactiva, es decir que nadie que en el pasado haya sido corrupto pueda quedar impune. Así debe ser, solo que la corrupción debe perseguirse siempre, en presente y pasado. No hay que esperar a que transcurra el tiempo para perseguir a los corruptos. Es más fácil desbaratar a los corruptos más recientes que a los más antiguos. Las pruebas pueden ser más evidentes y fáciles de corroborar. Ley en mano, hay que perseguirlos a todos.

Recordemos que esta no es la primera vez que se propone ante la Asamblea Legislativa la imprescriptibilidad de la corrupción, pues en junio de 2019 lo hicieron los entonces diputados Leonardo Bonilla y Milena Mayorga, solo que entonces se archivó. Ojalá que esta vez se apruebe la reforma y que se deje por sentado y con claridad cuáles serán los procedimientos y criterios para perseguir a los corruptos. Recordemos que corruptos no solo son los políticos, también hay personas que en la sociedad pasan como honorables o respetables, pero que han robado (o roban) al Estado, ya sea evadiendo impuestos, logrando beneficios estatales con sus empresas o utilizando cualquier manera para corroer el sistema.

La corrupción no debe prescribir nunca. Hay que perseguir y llevar ante la justicia a todos los corruptos sin importar quienes sean. Eso sí, hay que hacerlo con el debido proceso, respetando los derechos fundamentales y sin criterios políticos o ideológicos.