En 1840 el escritor estadounidense Edgard Allan Poe, publicó una edición de algunos de sus más conocidas narraciones a la que tituló “Cuentos de lo grotesco y arabesco”. Antes de que salten los “preciosistas de lo políticamente correcto” o los inclusivistas del lenguaje, que harían sonrojar al autor de El Cuervo, o al mismísimo Stephan King haciéndole parecer como narraciones infantiles a sus más reconocidas novelas de terror, debemos aclarar que Poe se refiere a lo grotesco como una expresión incongruente, desproporcionada, desbalanceada de un hecho o un objeto o una figura animada y, lo arabesco no es contra los árabes o islamitas, lo relaciona con el arte cuidadoso y exquisito de la filigrana extendido a un temperamento, inteligencia o postura ante la vida muy detalladamente elaborada.

Opinión

De lo grotesco y arabesco

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Salvador @jjmonsant

viernes 29, octubre 2021 • 12:00 am

Compartir

En 1840 el escritor estadounidense Edgard Allan Poe, publicó una edición de algunos de sus más conocidas narraciones a la que tituló “Cuentos de lo grotesco y arabesco”. Antes de que salten los “preciosistas de lo políticamente correcto” o los inclusivistas del lenguaje, que harían sonrojar al autor de El Cuervo, o al mismísimo Stephan King haciéndole parecer como narraciones infantiles a sus más reconocidas novelas de terror, debemos aclarar que Poe se refiere a lo grotesco como una expresión incongruente, desproporcionada, desbalanceada de un hecho o un objeto o una figura animada y, lo arabesco no es contra los árabes o islamitas, lo relaciona con el arte cuidadoso y exquisito de la filigrana extendido a un temperamento, inteligencia o postura ante la vida muy detalladamente elaborada.

Dicho esto, pues es obvio que todo lo relacionamos de inmediato con situaciones, personajes, expresiones que algunas veces, muchas veces, condenadamente veces presenciamos y sufrimos. Por ejemplo Castillo con su sombrero tipo Sandino, es algo así como grotesco, no es arabesco; observar a la señora Murillo con tantos aretes, colores y expresiones no es arabesco es grotesco; pero ver sentado esa mofletuda figura de Nicolás Maduro, en un pequeño banco de estudiante universitario, terciado por dos acolitas que parecieren personajes extraídos de algunos de esos cuentos de los hermanos Grimm, es la consumación de lo grotesco, en cualesquiera de sus manifestaciones.

La legislación penal habla entre los agravantes de la consumación de un delito, el actuar sobre seguro y en nocturnidad  (es decir, sin riesgo alguno para el delincuente y sin posibilidad de defensa para la víctima). Y esta fue la acción cometida por Nicolás Maduro, luego de haber nombrada Ministro de Universidades a la antigua Presidente del Consejo Supremo Electoral, la previsible Tibisay Lucena, y como protectora de la invadida Universidad Central de Venezuela a otro personaje de condiciones similares, Jacqueline Faría; un protector en términos de la tiranía es una especie de Comisario soviético, el jefe del jefe oficial. Es decir, este grotesco personaje invadió, tomó, la Universidad, luego de haberla acorralado, por hambre y abandono durante más de doce años, haciéndose acompañar por otras dos peligrosas y grotescas expresiones humanas, por lo enrevesado de sus actuaciones generalmente encaminadas a causar daño, su esposa, quien fuera Cilia Flores y por la histriónica vicepresidenta Delcy Rodríguez, sí la misma que en Buenos Aires, siendo Canciller, penetró por la fuerza la sede de la Cancillería argentina cuando se iba a discutir la expulsión de Venezuela de Mercosur, y la misma que se presentó en la noche en un vuelo especial al aeropuerto Barajas, con siete maletas que fueron llevadas de inmediato en un vehículo oficial, sin que nadie hasta ahora conozca su contenido.

En fin, hay que cuidar la democracia cuando se tiene, entender que se deben realizar los cambios y actualizaciones cuando se reclaman, y no asumir la impunidad, como condición inherente al cargo público.

Arabesco es la expresión artesanal de La Palma en El Salvador,  de Masaya en Nicaragua o de Barquisimeto en Venezuela; lo son los poemas de Ernesto Cardenal, Carlos Martínez Rivas o Claribel Alegría, Claudia Lars, Roque Dalton,  Salarrué, Yolanda Pantin, Rafael Cadenas; arabescas son las notas de nuestros compositores musicales, escritores, pintores, arquitectos, pianistas, guitarristas, arpistas, flautistas, son tantos que nos agotamos en lo bello, en lo armónico y lo estético.

La Universidad Central, es una universidad pública, la misma de donde salió don Andrés Bello y Francisco de Miranda, y tantos sabios y santos como José Gregorio Hernández; con más de tres siglos de existencia, y que fuere declarada por la Unesco, Patrimonio Cultural de la Humanidad.


Hoy, la batalla frontal contra la ignorancia, el irrespeto al medio ambiente, a los derechos individuales de los ciudadanos, y el derecho a la decencia y trasparencia pública es nuestro combate pendiente, del cual necesariamente tendremos que salir victoriosos, para justificar la existencia, y demostrar que la luz vence a las sombras.