La pandemia del covid 19 ha tenido un giro inesperado en nuestro país: no solo ha dañado la salud en general de nuestra población, sino que ha dejado al descubierto la identificación de una galopante corruptela de quienes, aprovechándose de esa condición patológica, han hecho uso indebido de los recursos estatales para realizar oscuros negocios en su provecho personal, a juzgar por las noticias recibidas desde el Congreso de los Estados Unidos de América, cuya primera entrega con nombres y apellidos, con el título de “Lista Engel” la hicieron llegar al presidente Joe Biden y quien dispuso que fuera publicada en los medios salvadoreños, aparte que ya anunciaron un segundo listado de funcionarios nuestros, también “untados con la grasa de la corruptela” y que, seguramente, dispondrá de acciones convenientes en los meses que faltan para concluir el presente año de 2021. Un caso inédito e histórico, que tal vez sirva como dura experiencia para modificar la conducta electoral de los ciudadanos salvadoreños, para no dejarse envolver con propagandas y encuestas falaces y poder elegir, con claridad y decisión, a sus futuros funcionarios gubernamentales, reconocidos por su honestidad y competencia.

Opinión

De la Lista Engel a la Corruptela

Armando Rivera Bolaños / Abogado y notario @armanditolic

lunes 26, julio 2021 • 12:00 am

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La pandemia del covid 19 ha tenido un giro inesperado en nuestro país: no solo ha dañado la salud en general de nuestra población, sino que ha dejado al descubierto la identificación de una galopante corruptela de quienes, aprovechándose de esa condición patológica, han hecho uso indebido de los recursos estatales para realizar oscuros negocios en su provecho personal, a juzgar por las noticias recibidas desde el Congreso de los Estados Unidos de América, cuya primera entrega con nombres y apellidos, con el título de “Lista Engel” la hicieron llegar al presidente Joe Biden y quien dispuso que fuera publicada en los medios salvadoreños, aparte que ya anunciaron un segundo listado de funcionarios nuestros, también “untados con la grasa de la corruptela” y que, seguramente, dispondrá de acciones convenientes en los meses que faltan para concluir el presente año de 2021. Un caso inédito e histórico, que tal vez sirva como dura experiencia para modificar la conducta electoral de los ciudadanos salvadoreños, para no dejarse envolver con propagandas y encuestas falaces y poder elegir, con claridad y decisión, a sus futuros funcionarios gubernamentales, reconocidos por su honestidad y competencia.

Cabe resaltar que los congresistas estadounidenses han advertido que, si la administración Biden-Harris toma acciones contra los corruptos salvadoreños, que no se base únicamente en suspenderles las visas, como tradicionalmente se ha efectuado en otras épocas, sino que la actividad punitiva podría extenderse hasta solicitar, cuando así lo amerite cada acto ilícito en particular, incoar el enjuiciamiento respectivo en tribunales de los Estados Unidos o de El Salvador.

Eso queda por hoy pendiente, pero es oportuno decirlo con toda fuerza, respeto y admiración, ya que esa rémora de la corrupción oficial ha marcado, casi siempre, el modus operandi de los gobiernos surgidos en los países situados al sur del Río Bravo, sin escaparse el nuestro. Lograr un cargo público, por elección o por nombramiento del gobernante de turno no es considerado un justo reconocimiento a las capacidades intelectivas del favorecido o a sus estudios profesionales, sino un sendero fácil para “componerse financieramente”, usando y abusando del erario nacional, apoyado por la complicidad de los funcionarios superiores y de un ente contralor sumergido en la impunidad y la política  criolla de “hacerse del ojo pacho”, aunque tenga avisos de corruptela o porque así lo evidenciaran los peritajes y auditorías fiscalizadoras, reservando los llamados “juicios de cuentas” para los empleados de menor categoría, haciendo realidad el dicho salvadoreño de que “al chucho más flaco se le pegan todas las pulgas”.

Recordamos aquella danza de los millones, cuando el café llegó a valer muchos dólares por quintal en los mercados neoyorkinos, un tiempo inolvidable para los salvadoreños que aún sobrevivimos, pues éramos unos niños o preadolescentes, cuando desde voceros ocasionales de protesta, como aquella “Opinión Estudiantil” que editaba quincenalmente la Asociación General de Estudiantes Universitarios Salvadoreños (AGEUS), denunciaron los actos de abierta corruptela oficial y que nunca fueron investigados ni llevados a juicio, como presenciamos en la actualidad y que, sin embargo, parece que la mano de la Diosa Justicia dejará a muchos sin tocar, con recientes reformas oscuras a la LAIP… ¡Eso debe terminar para siempre!

Y hablando de estos asuntos, recordamos que a inicios de este año, salió una hiriente propaganda donde aparecían las fotografías de los expresidentes Alfredo Cristiani, Armando Calderón Sol (RIP), Francisco Flores (RIP), Antonio Saca, Mauricio Funes y Salvador Sánchez Cerén, a los cuales el actual “oficialismo” partidario afín al presidente Nayib Bukele los insultó de corruptos y los acusó de ser “causantes de la ruina económica salvadoreña”. Ese anticipo publicitario ha resultado, en las últimas semanas, en acusaciones fiscales y en la confiscación de bienes al partido Arena, pese a que esos mismos calificativos de corrupción ya alcanzaron las estructuras de poder actuales con el primer listado Engel del influyente Congreso estadounidense, cuyo contenido inicial fue publicado pero, ante la inminencia de un segundo listado más amplio, nos indica que “la cosa viene gorda” para los meses venideros.

No nos alegramos por quienes resulten involucrados en esa repudiable trama de bandidaje estatal, pero nos satisface que el ambiente político nacional comience a purificarse de funcionarios corruptos, cuya vacunación jurídica en los tribunales sea la salvación del futuro, como esperamos lo mismo de las condiciones pandémicas que aún perviven… ¡primero Dios, no por mucho tiempo!