Opinión

De la inquisición a la acusación

Por ROBERTO CARLOS CHAVARRIA-Abogado y Notario

sábado 14, noviembre 2020 • 12:01 am

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Una habilidad propia del ser humano, es la facilidad para idear formas y métodos que permiten hacer Justicia, las ventanas del alma pueden contemplarla como un procedimiento para satisfacer a víctimas, o como un valor determinado socialmente para el beneficio común, o más aun, “la forma por excelencia para expeler a personajes en oposición de una orden, régimen o gobierno”; sea cual fuese, no deja de ser necesario para brindar sosiego al ansia de Justicia Social.

La creatividad que hemos desarrollado desde las formas  más sutiles y delicadas para lograrla, hasta los más gravosos y deplorables sistemas como la Inquisición, que luego evoluciona en una Institución de investigación según su etimología latina lo confirma --- inquiro (investigación)--- ; requirió en el pasado obispos para hacer  investigaciones judiciales por herejía en sus diócesis como proceso de depuración que fue ineficaz, siendo necesario, que quien ordenaba a nivel de Europa en ese entonces, asumiese la responsabilidad emitiendo bula papal que permitiese al sistema inquisidor instituirse en diferentes localidades, pudiendo así investigar, perseguir, condenar y ejecutar a quien se consideraba enemigo del dogma religioso; ya en dicho proceso, fue indispensable un escribano o notario para documentar lo acontecido durante el procedimiento, y la confesión del investigado producto de manipulación, coacción y tortura realizada por el inquisidor; los testigos estaban próximos para  afirmar los hechos de los cuales el inquisidor acusaba, quien también Juzgaba, condenaba y ejecutaba la sentencia que en muchas ocasiones era “muerte”, con suerte sus familiares niños, mujeres, jóvenes o ancianos eran despojados únicamente de sus bienes y no de sus vidas.

La corona española no fue la excepción en legitimar como apropiarse parte del patrimonio que les pertenecía a judíos y musulmanes en España, así como a moriscos, ongleses y otros en la Nueva América (México), y por medio del Tribunal del Santo Oficio en Guatemala que se propició ejecuciones en Sonsonate; dándose posteriormente la ruptura entre El Clérigo, La Corona y El Estado, quedando dicha práctica abolida en su totalidad a partir de 1820, confirmándose en 1821 con la Independencia Criolla de El Salvador y Centroamérica.

Para 1924 quien ejercía Justicia según La Constitución era el Estado por medio del juez que formaba parte del Poder Judicial, otorgándole potestades inmensurables ante causas civiles y criminales, constituyéndose legalmente como “El Nuevo Inquisidor” de la época, a este correspondía la investigación, persecución, juzgamiento, condena y ejecución de penas, todo en una sola persona; aun en 1973 donde ya existía la figura del Fiscal como ente acusador, y promotor de la investigación ante el Juez Penal competente, se mantenía el sistema inquisitivo como primordial, siendo este más que todo un servidor del juzgador que otra cosa.

Dadas las injusticias y atrocidades causadas por el sistema Inquisitivo escrito, donde el Ministerio Público y Juez trabajaban a la par, quien no basaba sus decisiones objetivamente, bastando la confesión para condenar al indiciado que más que criminal podríamos considerarle en la actualidad como víctima del sistema;  en 1997 se implementó un sistema procesal mixto de tendencia acusatoria en el cual el fiscal dirigía la investigación del delito y promovía la acción penal, como garante de la legalidad del proceso, suprimiéndole con ello parte del poder con que contaba el Juzgador, siendo en ese momento novedoso por incorporar la oralidad al proceso. Se estableció un “Nuevo Inquisidor” hasta nuestros tiempos “El Fiscal”, que aunque no es una entidad política es nombrado por la Asamblea Legislativa que está compuesta por diputados miembros de fracciones políticas, y que en diversas ocasiones se ha visto opacado al dar más importancia a unos casos que otros, y al parecer de muchos a veces dedica la cacería acorde a intereses desconocidos, o a la satisfacción social, no se sabe la verdad, pero cierto es que hay precedentes históricos en este siglo bajo un nuevo y moderno sistema oral acusatorio en que se ha condenado a quienes socialmente se les ve diferente por los cargos que han ostentado. 


En el pasado el fiscal estuvo al servicio del juzgador, sería bueno preguntarnos en el presente al servicio de quién está o estará en el futuro realmente.