El creciente poder económico de China y su estrategia global han visto un fuerte aumento de las inversiones chinas en América Latina.

Opinión

“Darle a tu hijo una habilidad es mejor que darle 1.000 piezas de oro”

Francisco Laínez/Excanciller de la República

sábado 2, mayo 2020 • 8:22 am

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El creciente poder económico de China y su estrategia global han visto un fuerte aumento de las inversiones chinas en América Latina.

La iniciativa "Un cinturón, un camino" del presidente Xi Jinpingha impulsado gran parte de la nueva presencia mundial de China al subvencionar y desplegar su exceso de capacidad en empresas estatales de la industria pesada y la construcción logrando que los grandes proyectos de desarrollo sean increíblementecompetitivos en todo el mundo.

Esta estrategia está detrás de las enormes inversiones chinas en minería, infraestructura y energía en América Latina y el Caribe.

La región ha acogido con gran satisfacción esta inversión, que libera recursos locales para utilizarlos en la educación, la salud y otras prioridades locales. Sin embargo, existe un gran riesgo si los acuerdos de inversión no se negocian y gestionan adecuadamente.

En Asia, donde comenzó el proyecto Cinturón y Carretera, los países receptores están tambaleándose bajo una "trampa de la deuda": un fuerte endeudamiento local con los promotores e inversores chinos que se hace imposible de repagar. Sri Lanka ha aprendido por las malas que algunos de estos colosales proyectos de desarrollo no son comercialmente viables. Algunos de los países receptores no pueden repagar sus préstamos de los bancos estatales chinos. Los términos de los acuerdos permiten entonces a los chinos tomar la propiedad física de puertos marítimos, aeropuertos y otros grandes proyectos.

El mayor riesgo en este caso es que China, con sus perspectivas a largo plazo y sus regulaciones de préstamos internacionales impulsadas políticamente, puede incentivar a los países a gastar desmesuradamente, condenándose a futuras obligaciones impagables que los acreedores chinos podrían embargar.


Los paquetes de préstamos entre Estados pueden promover el comercio, las exportaciones y las nuevas industrias, lo cual es bueno. China es ahora el mayor socio comercial con el Perú, Brasil y Chile. Pero todas estas nuevas inversiones en la región se hacen a costa de ceder una considerable influencia geopolítica a China en las Américas. Beijing utiliza su nuevo poder económico como medio para impulsar el comercio bilateral y el multilateralismo para reducir la influencia de otros países en la zona. Muchas de estas inversiones en algunos casos vienen acompañadas de cierto nivel de soborno y corrupción que socavan la sociedad civil, y de una destrucción ecológica que puede dejar cicatrices en el medio ambiente durante generaciones.

Debemos asegurarnos de que las inversiones extranjeras en nuestros países cuenten con todas las regulaciones y medidas necesarias para que los proyectos sean económicamente viables y no atrapen a los receptores en trampas de deuda que les costarán su futuro económico e incluso su soberanía nacional.

Antes de la iniciativa Cinturón y Carretera, los proyectos chinos se limitaban a la construcción, a ganar concesiones y luego a llevar su dinero a casa. Hoy en día, China está más interesada en las inversiones en nuevas propiedades que indican intereses profundamente arraigados en la región y la posesión más allá de la construcción de un proyecto. China está ávida por operar y mantener estas inversiones a largo plazo. Siendo así, es necesario asegurarse de antemano de que se apliquen controles de impacto ambiental, viabilidad económica, anticorrupción, sostenibilidad y otros controles apropiados para reducir al mínimo los problemas de transparencia que han resultado desastrosos en otras regiones.

Los gobiernos de América Latina se han beneficiado de las nuevas inversiones chinas en infraestructura. Sin embargo, muchas de esas mismas inversiones requieren el uso de empresas, trabajadores y equipo chinos a expensas de las industrias y fuerzas de trabajo locales. La región puede evitar esta complicación si no se descuida demasiado con los préstamos chinos, estipulando en los acuerdos el número de trabajadores locales y la participación de las empresas locales.

La ayuda y los préstamos extranjeros son buenos si se supervisan y si funcionan en el interés nacional de cada país. Debemos entender que la motivación de China en cada caso individual incluye la extracción de recursos naturales, el control de nuevas infraestructuras y la influencia política a largo plazo. Este pragmatismo puede llevarnos a identificar mecanismos que nos permitan encontrar una situación en la que todos salgan ganando con las necesidades de China y las necesidades de cada país individual, junto con medidas particulares para asegurar que todos los préstamos se utilicen de la mejor manera posible y que complementen la necesidad de crecimiento y capital del país.