Opinión

Cuesta abajo en la rodada El Salvador con urgencia necesita de una renovación política, auténtica, no falaz ni impostora…

Jaime Barba / Región Centro de Investigaciones

martes 17, noviembre 2020 • 1:26 am

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El deterioro de la institucionalidad del país es ahora una nota dura. Es ya una camándula de hechos lo que configura este deterioro, y no parece haber nada que lo detenga. Ni elecciones ni sentencias constitucionales ni llamados internacionales ni emergencias sanitarias ni emergencias ambientales. Pareciera como que un piloto automático está montado sobre un furgón sin frenos y que parará cuando se estrelle.

Hay quien diga que así es el juego de la política. Es posible, y por eso es tan alto el ausentismo en las elecciones. El asunto es que el estado calamitoso de este país debería hacer pensar a quienes están empeñados en descarrilarlo, que no basta con ganar o perder unas elecciones para creer que, perdedores y ganadores, han sido dotados de un cheque en blanco para esto o para lo otro.

Cuando se conoció el reporte de operaciones sospechosas (un informe financiero de las autoridades norteamericanas) sobre lo que se llamó el dinero de Taiwán y que involucró al expresidente Francisco Flores y a los dirigentes del partido ARENA de aquel momento, pues parecía que se trataba de un hecho aislado.

Tuvo que salir a flote el escandaloso asalto al erario nacional, por un segmento del equipo gubernamental encabezado por Elías Antonio Saca, para caer en la cuenta de que el proceso político estaba en función de otros intereses que no son las necesidades nacionales.

El caso del expresidente Mauricio Funes y su red de colaboradores (algunos de los cuales ya están bajo custodia fiscal) abona al tema del deterioro institucional. Los fondos públicos han sido objeto de una distorsión y manipulación que ha impactado en el sistema político de un modo decisivo.


La administración anterior, que tuvo al frente a Sánchez Cerén, aún no ha sido espulgada por la Fiscalía General de la República, pero sin duda que hay casos. Hay noticias en ministerios, como Educación o Agricultura, que podrían dar pie para que, de oficio, la Fiscalía procediera a examinar la gestión anterior con más cuidado.

Ahora que los tambores suenan, casi al inicio de la presente gestión gubernamental, ya no resulta increíble que se estén realizando procesos irregulares que han ameritado la intervención fiscal.

En los casos Flores, Saca, Funes, Sánchez Cerén (cuando se estudie con lupa) la Fiscalía llegó tarde, porque las operaciones fraudulentas ya se habían materializado y, los dineros, esfumados. Pero en esta ocasión la Fiscalía General de la República ha actuado casi ipso facto. Esto da al caso una connotación distinta a todos los anteriores. Todo está en caliente, no hay prescripciones y las huellas están frescas.

Las primeras reacciones gubernamentales han sido erráticas e imprecisas. De ahí que una simple conferencia de prensa del equipo fiscal a cargo las haya derrumbado.

Si la Fiscalía ha errado el tiro, como se dice, sería catastrófico, pero si han atrapado a la presa, pues habrá una sacudida fortísima del sistema político salvadoreño.

Lo sensato y lo mejor para el país es que las investigaciones fiscales se desarrollen con toda normalidad, y que toda tentativa de torpedearlas (por la vía que sea) es un atisbo que podría estar indicando que hay cosas por ocultar.

Peligroso momento el que se vive, puesto que quienes están subidos en el furgón sin frenos no parecen darse cuenta de que ese proceder es suicida y que la afectación es de grandes proporciones.

La campaña electoral está a un brinco de comenzar de forma oficial y este caso de las compras de insumos sanitarios, por varios millones, la salpicará por completo. El Salvador con urgencia necesita de una renovación política, auténtica, no falaz ni impostora, que se haga cargo de los problemas fundamentales del país que son, los que, en definitiva, nos tienen postrados.

Los malabares verbales y publicitarios ya no funcionan, los que los practican, deberían saberlo. El Salvador ha pagado un alto precio, con la sangre de miles de personas, por su derecho a un futuro pacífico, donde la prosperidad no sea un lujo y donde los ejercicios de ciudadanía no sean exclusivo patrimonio de los partidos políticos.

Por ahora, parafraseando el tango, vamos ‘cuesta abajo en la rodada’…