Uno pudiera pensar con cierto nivel de sentido común -de ese que uno esperaría encontrar en un estado de cierta humanidad y supervivencia elemental-, que ante situaciones límite o extremas, adonde se tenga que decidir entre cualquier cosa material -incluyendo cualquier expresión de riqueza económica- y la vida misma, la elección obvia que se impodría sería la segunda. Pero los acontecimientos que estamos viviendo con relación a la crisis sanitaria extrema, de dimensiones casi apocalípticas y nunca antes vista por esta y varias generaciones anteriores, parecen que están haciendo que esas presunciones sobre la elección entre las dos opciones, tenga un resultado, aberradamente diferente y hasta surrealista.

Opinión

Cuando la vida vale menos que su dinero

Aldo Álvarez / Abogado, directivo del CD

sábado 28, marzo 2020 • 12:00 am

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Uno pudiera pensar con cierto nivel de sentido común -de ese que uno esperaría encontrar en un estado de cierta humanidad y supervivencia elemental-, que ante situaciones límite o extremas, adonde se tenga que decidir entre cualquier cosa material -incluyendo cualquier expresión de riqueza económica- y la vida misma, la elección obvia que se impodría sería la segunda. Pero los acontecimientos que estamos viviendo con relación a la crisis sanitaria extrema, de dimensiones casi apocalípticas y nunca antes vista por esta y varias generaciones anteriores, parecen que están haciendo que esas presunciones sobre la elección entre las dos opciones, tenga un resultado, aberradamente diferente y hasta surrealista.

Aquellos que creen que el dinero puede lograr cualquier cosa, suelen hacer cualquier cosa por dinero, nada más cercano a la verdad. Ese estamento económico, esa élite económica oligárquica, mayoritariamente extractiva y desalmada que ha usufructuado la economía nacional a través de sus piezas y marionetas políticas, particularmente de su tienda política ARENA, parece que aún en situaciones límite como la de la actual pandemia, sigue pensando que lo más importante, antes de la salud y la vida de la gente, es la generación de ganancias y riqueza, queriendo minimizar hasta el ridículo, los alcances y consecuencias en términos de mortandad que esta afección puede causar a la población.

Quiero dejar clara, muy clara una cosa. Yo personalmente siempre he sido y seré un fiel defensor de las libertades económicas y particularmente de la de la libre empresa -por supuesto con las debidas regulaciones legales para evitar abusos-, pero ello no quiere decir en lo más mínimo, que bajo ningún respecto ni excusa, voy estar de acuerdo jamás que, en una situación límite como la actual, deba prevalecer el interés económico frente a la salud o la vida de los ciudadanos, jamás, bajo ningún respecto.

Ni tampoco apoyaré nunca que, quienes han estado al servicio de grupos oligárquicos de poder, hoy pretendan utilizar la coyuntura de calamidad sanitaria, para intentar sacar provecho económico y tomar decisiones de gobierno, bajo la mentada figura del “control” de los gastos de la emergencia, cuando se conforman “comites de emergencia”, mayoritaiamente compuestos de “amigos” de ARENA, pretendiendo hacer lo que siempre han hecho: Aprovecharse mezquina e ingratamente de las calamidades, para enriquecerse ellos a costa de la mayoría de la población afectada, y hoy con una agravante más -que por cierto ya no nos extraña-: Con la colaboración del FMLN.

Pero la cosa no se queda ahí, han aprobado un decreto para autorizar la negociación de cerca de dos mil millones de dólares, bajo condición legal de que el 30% se les transfiera directamente a las municipalidades, sí, así como se escucha, no a través de obras llevadas a cabo por el FISDL, no transferencias directas, esto es casi $600 millones a municipalidades que mayoritariamente son incapaces de realizar obra con eficiencia y que son potenciales focos de corrupción.

Pero el cálculo político es más perverso, antidemocrático y mezquino de lo que podemos pensar: mantener y potenciar el clientelismo local con todos esos recursos -porque están desesperados ante el descomunal  desprestigio político que tienen frente a la población y que saben que se enfrentan a una descomunal y aplastante derrota electoral el otro año, y por ello, sin importar el interés de la población en esta calamidad, le han impuesto al gobierno tal transferencia, para que mayoritariamente sea utilizada con fines electorales y con el cálculo que los alcaldes hagan campaña por los candidatos a Diputados, para ver si así al menos y por virtud de la divina providencia, logran sacar unos cuantos diputados y concejos municipales, en una elección en la que saben que quedarán en el sótano del sótano, reducidos a la nada o a su mínima expresión.


Así las cosas, he de decir que me queda claro en qué terreno se manejan ustedes, cuáles son sus límites y escrúpulos, quienes son las fuerzas y grupúsculos de poder económico para cuyos intereses económicos trabajan, cuales son las poderosas razones que sostienen la alianza con el cuasi cadaver partidario que se hace llamar “revolucionario” -de cartulina-, cuantas razones se han potenciado en mí para lograr su desaparición en las próximas elecciones y sobre todo y lo más triste, el que está claro para toda la población, que en su forajida cruzada contra el presidente de La República, aún en el contexto extremo de esta pandemia, ustedes hacen realidad aquello de que “cuando la vida vale menos que su dinero”. Dios se apiade de sus almas, porque en términos político-electorales, por lo que están haciendo, este pueblo no tendrá clemencia con ustedes. Hagan y digan lo que quieran, por ahora…