La situación en El Salvador es complicada para las izquierdas como para las derechas y, aún peor, para la gente agobiada además por la pandemia. Resolver con éxito es un asunto de experticia política, de manejo sofisticado, requiere de un equipo de hombres y mujeres experimentados, lucidez, perspectiva histórica, manejo, olfato y sagacidad, que conozca de una manera diáfana el saber de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Es decir, con plan de nación que a estas alturas todavía no tenemos. No es comida de hocicones. Y aún más, es súper difícil para el Jefe de Estado, ya que él está situado en el vértice donde, en el marco de respeto de las reglas establecidas, se toman las disposiciones trascendentes. Es algo insoslayable e indelegable: es a él como individuo situado a la cabeza del Estado, y a nadie más, a quien le correspondería arbitrar, dirigir y decidir en orden de alcanzar objetivos estratégicos.

Opinión

¿Crisis institucional o golpe de Estado? (I)

Dr. Antonio Martínez Uribe / Democracia Seguridad Desarrollo (DSD), Consultor

miércoles 2, septiembre 2020 • 12:00 am

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La situación en El Salvador es complicada para las izquierdas como para las derechas y, aún peor, para la gente agobiada además por la pandemia. Resolver con éxito es un asunto de experticia política, de manejo sofisticado, requiere de un equipo de hombres y mujeres experimentados, lucidez, perspectiva histórica, manejo, olfato y sagacidad, que conozca de una manera diáfana el saber de dónde venimos, dónde estamos y hacia dónde queremos ir. Es decir, con plan de nación que a estas alturas todavía no tenemos. No es comida de hocicones. Y aún más, es súper difícil para el Jefe de Estado, ya que él está situado en el vértice donde, en el marco de respeto de las reglas establecidas, se toman las disposiciones trascendentes. Es algo insoslayable e indelegable: es a él como individuo situado a la cabeza del Estado, y a nadie más, a quien le correspondería arbitrar, dirigir y decidir en orden de alcanzar objetivos estratégicos.

El Jefe de Estado debe de jugar el papel de gran mediador de intereses diferenciados incluso, algunas veces, incompatibles. En El Salvador nunca, hasta esta hora, hemos tenido un Jefe de Estado que juegue ese rol. Nuestra historia muestra como los diferentes Jefes han respondido a los intereses de grupos o partidos o bien personales, se han impuesto prerrogativas sectarias.

Superar con éxito esta situación no es solamente un problema de voluntad sino también de inteligencia. La voluntad tiene que ver con la actitud y disposición a hacerlo, tener un profundo sentido de nación democrática, deseo de actuar para encontrarle soluciones a problemas históricos, complejos. La inteligencia, con el encontrar el cómo hacerlo, la aptitud, es decir tener el knowhow...Lo más importante entre estos dos contenidos es la voluntad. Pero sin tener la tecnología, experiencia y destrezas, la energía puede verse desaprovechada.

Tenemos en este proceso, dos tipos de gobernabilidad, la autoritaria y la democrática. La autoritaria busca gobernabilidad por medio del uso de la fuerza y la democrática busca estabilidad por medio del consenso. Esta es la más ardua de lograr.

Un componente fundamental de la gobernabilidad democrática es el Presidente de la República. Es así en tanto él, como sujeto político legitimado por el voto popular, en sí mismo, debe ser el gran mediador de los diferentes intereses de los tan heterogéneos conglomerados de la sociedad. Y es él quien, en última instancia, debería tener el deber de tomar las decisiones finales. De acá que su indelegable rol es de una formidable trascendencia.

Otro factor de gobernabilidad es el de las relaciones entre los diferentes órganos de gobierno. Una contradicción fuerte entre uno y otro órgano es un serio factor de desestabilización. No es solo un órgano el que debe funcionar con eficacia y eficiencia. ¿Qué es entonces, la crisis de la institucionalidad? En pocas palabras se indica que las instituciones no funcionan. No es un problema del órgano ejecutivo, también del legislativo, del judicial, que son claves para la construcción y la gobernabilidad del régimen y sistema democrático. Pero también es de suyo importante que se asuman los valores y normas institucionales y que, además, cada ciudadano los ponga en práctica, sino lo hace, es improbable construir institucionalidad.


Si queremos evaluar el funcionamiento de las instituciones los que, en primerísimo lugar deben de cumplir con excelencia su papel, son los que dirigen tales instituciones.

En algunos casos, como ha sucedido ya en este tercer milenio en Honduras y Paraguay, estas crisis, muchas veces inducidas, han terminado en la destitución del jefe de Estado.

En los meses previos al 28 de junio del 2009, ocurría en Honduras una crisis política entre los órganos de poder de la República. Se enfrentaban el presidente Manuel Zelaya con el Congreso Nacional, el Tribunal Supremo Electoral y la Corte Suprema de Justicia y, por supuesto, poderes fácticos opuestos a Manuel Zelaya. Hay que dejar patentado que este golpe se produjo días después de la victoria del FMLN con Mauricio Funes y su toma de posesión el 1 de junio del 2009. No fue la victoria del FMLN la única razón, pero si actuó como disparador y catalizador positivo del conflicto en Honduras. También la cercanía de Zelaya con Hugo Chávez. Días antes, un contingente de las Fuerzas Armadas de Honduras, el 24 de junio, había participado, junto con las de Nicaragua, en un desfile que conmemoraba el 188 aniversario de independencia de Venezuela.