En todo el mundo, y particularmente en El Salvador, los impactos generados por la crisis del Covid-19 trascienden del plano económico, fiscal y social, al repercutir también en el ámbito político. Esto es precisamente lo que revela el índice de riesgo de retroceso democrático durante la pandemia, que fue presentado por el proyecto V-Democracy el pasado mes de abril.

Opinión

Crisis democrática pandémica

Ana Cevallos / Economista investigadora @Cevallob

jueves 7, mayo 2020 • 12:00 am

Compartir

En todo el mundo, y particularmente en El Salvador, los impactos generados por la crisis del Covid-19 trascienden del plano económico, fiscal y social, al repercutir también en el ámbito político. Esto es precisamente lo que revela el índice de riesgo de retroceso democrático durante la pandemia, que fue presentado por el proyecto V-Democracy el pasado mes de abril.

Dicho índice tiene como objetivo hacer seguimiento a las respuestas de los distintos países a la pandemia del Covid-19 y medir cómo esas decisiones afectan las perspectivas del régimen político y la democracia en el corto y el largo plazo. Para tal efecto, el índice incorpora el monitoreo de los siguientes aspectos durante la pandemia: a) la libertad de expresión, si se ha visto restringida por las medidas tomadas por el gobierno; b) si el poder del Ejecutivo se ha expandido sin supervisión; c) si se han impuesto límites al poder legislativo y al judicial; d) si se han derogado derechos ciudadanos no derogables; e) si se han adoptado medidas discriminatorias contra ciertos grupos; f)si se han impuesto las medidas de emergencia en forma arbitraria o con abuso de poder; y, g) si se han puesto restricciones a los procesos electorales.

Los resultados arrojan distintas escalas de riesgo de retroceso democrático durante la pandemia, pero, en Centroamérica, El Salvador se ubica en el peor de dichos escenarios. Así, mientras Guatemala se ubica en el grupo de países de bajo riesgo; por otro lado, Costa Rica, República Dominicana, Honduras, Nicaragua, y Panamá se ubican en el grupo de mediano riesgo. Solo El Salvador entró en la categoría de países con alto riesgo de retroceso democrático durante la pandemia.

Al respecto, según un artículo de Dinorah Azpuru recientemente publicado en Agenda Publica El País, más allá de los resultados de dicho índice, el tipo de liderazgo durante la pandemia, especialmente en países con sistemas presidencialistas como los de América Latina, resulta clave; al igual que el grado de apoyo de la población a la actuación de los presidentes. En este contexto, tanto en Guatemala como en Costa Rica, el grado de apoyo a las actuaciones de los respectivos presidentes es relativamente alto; a diferencia de República Dominicana, Honduras y Nicaragua donde se registran bajos niveles de aprobación. Paradójicamente, en El Salvador el grado de apoyo a las actuaciones del presidente también son altos, a pesar del alto riesgo de retroceso democrático ya referido.

Con estos datos, me atrevería a afirmar que en El Salvador nos encontramos ante una especie de “crisis democrática pandémica”. Esto porque la pérdida de los principios democráticos ha contagiado no solo a la clase política en general, y al gobierno en turno en particular, sino que también a una buena parte de la población que de forma acrítica parece aprobar dicho contagio.

En consecuencia, en El Salvador, de no aplanarse esta curva antidemocrática, el daño podría ser irreversible pues, la pérdida de nuestros derechos fundamentales también podría traducirse en miles de muertes; no solo de personas, sino que también de nuestro sistema democrático.


Si queremos recuperarnos de los impactos provocados por el Covid-19, como sociedad debemos exigir medidas para revertir sus efectos directos e indirectos, así como también acciones para erradicar las distintas desigualdades, históricas y estructurales, que actualmente nos hacen vulnerables. Pero, además, como ciudadanas y ciudadanos no debemos permitir que el supuesto remedio sea peor que la enfermedad.

En consecuencia, abonemos a erradicar la curva de tipo sanitario, pero también la de tipo antidemocrático. Ahora más que nunca, fomentemos un comportamiento ciudadano que exija y obligue al gobierno en turno, así como a todo el sistema de pesos y contrapesos, a ceñirse a la Constitución Política, a respetar la separación de poderes y a orientar a nuestro país por la senda del desarrollo, la igualdad y la democracia.