La noticia audiovisual nos sorprendió y afectó. Una enorme burbuja de colores se elevó hacia el cielo del mítico Mediterráneo, recordándonos los experimentos atómicos realizados en el desierto de Nevada por los estadounidenses, o en las islas Bikini del Pacifico que aún permanecen inhabitable para el ser humano. En tanto que la Francia de la Ilustración, de manera más pudorosa, realizó sus ensayos nucleares subacuáticos en la Polinesia francesa. En todo caso, ese estigma nos los dejó la Segunda Guerra Mundial y su destrucción masiva del género humano, que se posesionó en lo que irónicamente se denominó Guerra Fría, hasta hace muy pocos años, cuando la Unión Soviética sucumbió de su siniestro experimento estatista.

Opinión

Como un hongo nuclear

Juan José Monsant Aristimuño / Exembajador de Venezuela en El Salvador

viernes 21, agosto 2020 • 12:00 am

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La noticia audiovisual nos sorprendió y afectó. Una enorme burbuja de colores se elevó hacia el cielo del mítico Mediterráneo, recordándonos los experimentos atómicos realizados en el desierto de Nevada por los estadounidenses, o en las islas Bikini del Pacifico que aún permanecen inhabitable para el ser humano. En tanto que la Francia de la Ilustración, de manera más pudorosa, realizó sus ensayos nucleares subacuáticos en la Polinesia francesa. En todo caso, ese estigma nos los dejó la Segunda Guerra Mundial y su destrucción masiva del género humano, que se posesionó en lo que irónicamente se denominó Guerra Fría, hasta hace muy pocos años, cuando la Unión Soviética sucumbió de su siniestro experimento estatista.

Recuerdo que hasta muy poco, el himno nacional del Frente Sandinista incluía una estrofa que señalaba a los Estados Unidos como “enemigo de la humanidad”; luego suprimida en el segundo debut de Daniel Ortega. Y en realidad, enemigos de la humanidad han sido esos sistemas intolerantemente insolentes y depredadores, que le han rendido culto al partido único, al líder único, convirtiendo al Estado en una especia de divinidad tronante y avasalladora, representada por su corte de iluminados. Allí, en ese exclusivo club de enfermos se encuentran situado el comunismo, el nazismo, el maoísmo, el fascismo, el castrismo, el sandinismo, el frentismo y, por supuesto el chavismo y, el ahora, madurismo. Club del que no se escapa el Califato Islámico, los Ayatolas y, una serie de dioses menores pero letales, como Kim Jon-Un, Putin, Erdogan, los Pablo Iglesias y las Cristinas Kirchner.

Ese cono multicolor que se nos mostró surgiendo del puerto de Beirut, no lo habíamos visto desde hace décadas, solo en imágenes cinematográficas presagiando el fin de la civilización actual, y el inicio de otra actuando en un paisaje devastado, con seres que se nos presentan con una apariencia entre lo humano y el chimpancé, casi siempre embrutecidos por neuronas afectadas, y su inclinación al mal, la destrucción, lo grotesco.

Nuestros primeros encuentros con el origen de la civilización, la encontramos en una región denominada Fenicia, porque desde allí surgió el alfabeto, la secuencia de un signo al lado de otro, luego mutado en letras fonéticas. No fue una etnia determinada, allí se instalaron, hititas, egipcios, cananeos, hebreos, y unos hombres altísimos que llamaban los llegados del mar; contra esos filisteos, contra uno de ellos, fue que se enfrentó el joven David y le cortó la cabeza. De modo que lo que hoy conocemos como el Líbano, es la antigua y admirada Fenicia, con una de las historias más fascinante de la humanidad, por donde igualmente transitaron árabes, sirios, turcos, ingleses, franceses, italianos, estadounidenses, griegos y romanos.

En algún momento de la historia más reciente, Beirut fue conocida como la París del Medio Oriente, centro financiero, mercados, edificaciones, restaurantes, bellísimas damas de ojos cautivantes, y centro de espionaje e intrigas políticas y religiosas.

Eso fue así, hasta su total independencia del protectorado francés, y la irrupción de guerras civiles por motivos religiosos (cristianos maronitas, musulmanes sunitas y chiitas, drusos y ortodoxos). Conflictos internos por el poder, que se agudizó y transformó cuando Jordania se vio obligado a expulsar de su territorio a los palestinos fedayines (OLP), que atentaron contra la seguridad y estabilidad del Reino. Un Líbano en construcción se vio de repente envuelto en el conflicto árabe-israelí. Y allí apareció, entrenado por los Guardianes de la Revolución de Irán, Hezbollá, organización guerrillera urbana transformada en franquicia del terrorista internacional, que trajo como consecuencia la fracturación del país, gobernado en una convivencia obligada, negociada, atrapada en la violencia, la división y la presencia dominante iraní.


Este horrible escenario de la vida diaria, y disolución del alma nacional libanés, nos recuerda los estragos que causados por la tiranía depredadora venezolana, de cuya única salida, pareciera ser la convivencia obligada entre enemigos excluyentes, entre la barbarie y la civilización.