Momentos de un adiós, de un adiós definitivo. Un encuentro con ausencias, que se van acumulando a medida que nos pasa el tiempo. Pero esas ausencias son mayores, cuando se llevan nuestros recuerdos. Y eso pasa cuando se nos muere una madre. Nunca había visto tanto dolor reflejado en unos ojos, ojos muy cercanos. Esa mirada, manifestación del sentimiento profundo de esa hija que al final realizaba que se encontraba ante una ausencia, ante la cesación de sus recuerdos.

Opinión

“Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir”. Lorca

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

miércoles 2, junio 2021 • 12:01 am

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Momentos de un adiós, de un adiós definitivo. Un encuentro con ausencias, que se van acumulando a medida que nos pasa el tiempo. Pero esas ausencias son mayores, cuando se llevan nuestros recuerdos. Y eso pasa cuando se nos muere una madre. Nunca había visto tanto dolor reflejado en unos ojos, ojos muy cercanos. Esa mirada, manifestación del sentimiento profundo de esa hija que al final realizaba que se encontraba ante una ausencia, ante la cesación de sus recuerdos.

Y es que, en estos 18 meses de pandemia, se nos acumulan las ausencias, más de un millón, y muchas de ellas son madres, y con ellas, recuerdos. Siempre se nos dice, que, así como el día precede a la noche, así nacer precede el morir. García Lorca decía, “Como no me he preocupado de nacer, no me preocupo de morir”. El problema es que nadie nos prepara para encarar la muerte, no la vemos ni queremos verla venir. Pero es un hecho, vendrá.

En general entendemos por muerte a todo fenómeno en el que se produce una cesación. Pero este concepto de muerte está ligado estrechamente a la visión que tengamos del mundo. “Tierra eres y en tierra te convertirás” en contraposición al “eterno retorno” o al “tribunal de Osiris”, nos expresa la variación cultural y religiosa que a través del tiempo el ser humano ha tenido y tiene en su manera de ver el mundo y la muerte. Existe una resistencia intrínseca en el humano a dejar de existir, prueba de ello son las momias de los egipcios. Iribarren afirma que los únicos capacitados para hablar de la muerte son los muertos; pero los muertos nada dicen porque están mudos. Desde épocas prehistóricas ha preocupado al humano el gran enigma de la muerte.

Las conclusiones actuales de los investigadores es que el hombre prehistórico no sólo respetaba a sus muertos, sino que, incluso, estaba preocupado por la vida de ultratumba. Parece evidente que, para ellos, la muerte era la entrada a un reino del sueño, del que ignoramos si pensaban que podían despertarse, es decir, si la muerte era un estado transitorio o definitivo. Y continuamos igual, después de miles de años.

En el mundo, existen o han existido, 4,200 religiones. Cada una de ellas con su propia interpretación del significado de esa transición inevitable. El paraíso prometido o la reencarnación simplemente nos ayudan a contener ese miedo y angustia natural que todos y cada uno de nosotros sostenemos al hecho de dejar de existir. En mis grupos electrónicos sociales cada vez noto con mayor intensidad ese aferrarse a Dios, que a lo mejor manifiesta la intensidad progresiva del miedo al encuentro del final, y no es coincidencia, cada día nos acercamos más.

Coincido, personalmente con García Lorca, no nos deberíamos de preocupar tan intensamente acerca de un hecho que esta fuera de nuestro control y que más tarde que temprano, llegará. Sin embargo, también creo que deberíamos prepararnos no solo para nuestra ausencia sino para las ausencias que tendremos a lo largo de nuestra vida. El problema fundamental radica, en que el humano aprende a partir de la experiencia, por ello prepararse en este tópico es difícil. En estos últimos tiempos hemos vivido más cerca de la muerte, y por ello la hemos tenido más presente. Yo, la tuve muy presente en estos últimos días. Una mujer, madre y abuela, se ausentó, después de 87 años de vida bajo el cielo azul y el calor de su hermosa Andalucía. La tierra de Lorca. Y en su partida me enseñó que la vida consiste en saber dónde se deja el alma. Que la angustia y el miedo a la muerte se aminora cuando pedimos que nuestra vida se celebre, en nuestra despedida final de familia y amigos, que nos recuerdan con felicidad y no con tristeza, que sea tu risa que predomine en ese recuerdo.


¡Parad caminantes que os habla esta piedra! dice el poema, es sierra de Andújar gloria de las sierras…por eso viajero que a este sitio llega por lejos que vaya el alma aquí deja. Hasta siempre Pepa, que tu viaje continúe lindo.