El propósito de esta entrega fue darle continuidad a nuestra anterior reflexión, acerca de La sociedad y sus objetivos. Y lo haremos, pero dentro de una nueva dimensión de la cual es imposible escaparse: la actual situación del Medio Oriente, por llamarla de alguna manera, pero que en realidad es sobre la existencia del estado y la nación israelita, asentada a orillas del Mediterráneo que, sin ser confesional, se encuentra integrada, en su mayoría, por una variada población judía: ortodoxos, ultra ortodoxos, liberales, conservadores, re construccionistas, agnósticos, y hasta mesiánicos, que creen en Jesús como el Mesías anunciado.

Opinión

Cohetes contra la Libertad

Juan José Monsant A. / Exembajador venezolano en El Salvador @jjmonsant

viernes 14, mayo 2021 • 12:00 am

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El propósito de esta entrega fue darle continuidad a nuestra anterior reflexión, acerca de La sociedad y sus objetivos. Y lo haremos, pero dentro de una nueva dimensión de la cual es imposible escaparse: la actual situación del Medio Oriente, por llamarla de alguna manera, pero que en realidad es sobre la existencia del estado y la nación israelita, asentada a orillas del Mediterráneo que, sin ser confesional, se encuentra integrada, en su mayoría, por una variada población judía: ortodoxos, ultra ortodoxos, liberales, conservadores, re construccionistas, agnósticos, y hasta mesiánicos, que creen en Jesús como el Mesías anunciado.

Tan variados como los cristianos y sus múltiples expresiones, y en particular de los católicos que teniendo a Jesús como centro de sus prácticas y estilo de vida, se manifiesta igualmente en diferentes órdenes religiosas; y los hay ortodoxos griegos, rusos, sirios, menonitas, melekitas, liberales, políticos, conservadores, folclóricos, agnósticos,  de la liberación, idólatras, devotos, y judeocristianos.

El hecho real, histórico, continuo y comprobable es que el ser judío, más que un hecho étnico es una unión en la fe y en reconocimiento de una historia compartida y asumida; una nación que ha sobrevivido a través de  milenios, que tuvo su origen en lo que se conoce como la Medía luna Fértil, situada entre los ríos Éufrates y Tigris, en la Mesopotamia histórica, de donde emigraron hasta instalarse a orillas del Mediterráneo, en la región que se conoció como Fenicia, Canaán, entre el Mediterráneo y el rio Jordán ¿desde hace cuánto tiempo? Pueden ser tres mil años ya.

De modo que estos hebreos trajeron consigo la novedad de un Dios único, a diferencia de las primarias agrupaciones humanas, cuasi nómadas, asentadas en la región. Y con el Dios único, una serie de normas de conducta (incluso aparecidas antes del famoso Código de Hammurabi) de convivencia humana societaria, y con su Dios (Yahvé); normas, de las cuales las más conocidas y universales son los Diez Mandamientos, trasformadas con los siglos y milenios en valores culturales occidentales, con el aporte de la civilización griega y romana en sus respectivas dominaciones, casi todas transformadas en leyes civiles, penales y administrativas, hasta el día de hoy.

Y así se fue desarrollando la particular historia de este pueblo hebreo, llamado luego israelita por el reino al cual pertenecía, creado por los reyes Samuel, David y Salomón, que a la muerte de este último se dividió entre el reino del Sur (Judea) donde estaba la ciudad de Jerusalén y el reino del Norte (Israel) donde se asentaba Galilea y Samaria, nombres todos ellos muy significativos para judíos y cristianos. Y así se fue desarrollando la historia hasta nuestros días, entre guerras, invasiones, dominaciones imperios, migraciones, victorias y derrotas. Victorias como la de los Macabeos sobre el imperio griego (164-63 a.C) de donde nació la bellísima celebración de la Janucá, y derrotas como la infligida por el Imperio romano en el año 70 d.C bajo las órdenes del emperador Vespasiano, quien cansado del continuo hostigamiento de los patriotas judíos, destruyó el  Templo de Jerusalén, martirizó y diezmó a su población, tomó la fortaleza de la mítica Masada, los trasladó como esclavos a Roma, los dispersó y  cambió el nombre de Judá por el de Palestina, (philisteia) con el fin de borrar todo vestigio y el nombre, de quienes le habían provocado tantos dolores de cabeza y desafiado su poder imperial.

Con la creación del Estado de Israel en 1948 bajo la conducción de David Ben-Gurión, se reconoció la existencia de una nación y de un territorio. Desde entonces no ha cesado el hostigamiento y la perversa intensión del islamismo político y del terrorismo internacional, por socavar la paz del único estado democrático existente en la región, donde conviven judíos y no judíos, árabes, argentinos, venezolanos, alemanes, rusos, etíopes, partidos políticos de cualquier signo, y un sostenido desarrollo en lo económico, científico, tecnológico y social, en plena libertad de expresión.


Los más de mil cohetes lanzados, de corto y mediano alcance, no son contra Israel, son contra los hombres y los pueblos libres del mundo, sustentada en el respeto absoluto a los derechos humanos.