“Esta institución tiene cosas tan turbias y tan oscuras que da vergüenza ser diputado, porque el ciudadano a todos nos ve igual. Sabemos que hay una enorme cantidad de personas que no trabajan en la Asamblea, que solamente reciben su cheque y eso no puede ser”, dijo el nuevo presidente de la Asamblea Legislativa , Norman Quijano, (DEM 05-05-2018) calificando el hecho de que cientos de personas cobren y no lleguen como “cochinadas”, término perfectamente aplicable a otras instituciones, donde se dan otro tipo de cochinadas.

Opinión

“Cochinadas”

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 14, mayo 2018 • 12:00 am

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“Esta institución tiene cosas tan turbias y tan oscuras que da vergüenza ser diputado, porque el ciudadano a todos nos ve igual. Sabemos que hay una enorme cantidad de personas que no trabajan en la Asamblea, que solamente reciben su cheque y eso no puede ser”, dijo el nuevo presidente de la Asamblea Legislativa , Norman Quijano, (DEM 05-05-2018) calificando el hecho de que cientos de personas cobren y no lleguen como “cochinadas”, término perfectamente aplicable a otras instituciones, donde se dan otro tipo de cochinadas.

Si el presidente Quijano se mantiene firme seguro que tendrá problemas dados los consabidos intereses. Si no lo hace, si no destapa todas esas cochinadas, seguro que también defraudaría la confianza de quienes votaron por él. Ahorita es el momento de descubrir esas cosas turbias y oscuras  a las que se refiere Quijano, aunque se enojen algunos cuyo techo de vidrio es tan panorámico que se alcanzan a ver las razones “muy privadas” por las que resultaron electos y/o electas.

He sostenido con vehemencia que la corrupción política es la madre de todas las corrupciones y que todos estamos en el deber de denunciarla y confrontarla,  para iniciar el rescate de  la credibilidad y confianza ciudadana perdidas en el sistema de partidos, en la clase política, en fin, en casi todas las instituciones, como lo señalan diversos sondeos de opinión pública.

Que un tipo cuestionado, moral, política y judicialmente, haya tenido 32 asesores durante su gestión municipal, es una pescozada en el rostro de miles de almas que se fajan de sol a sol en busca de llevar (a duras penas) comida a sus familias, es una cochinada.

Que de la manera más desvergonzada un grupo de privilegiados “representantes del pueblo” exhiba un desfile de vehículos todo terreno de lujo, pedidos full extras, con un costo de 53 mil lágrimas del pueblo salvadoreño, digan que no los usarán para ahorrar gastos, al tiempo que pasan otros vehículos a las fracciones partidarias, es otra cochinada. Nunca debieron adquirirlos.

Dos pescozadas más para los usuarios del sistema educativo (escuelas en ruinas) y de salud (falta de medicinas).


Es verdad que hay burócratas honestos; que hacen carrera en la administración pública; que han ganado a pulso sus ascensos. Infortunadamente son los menos, sujetos a obedecer a una retahíla de arribistas-pancistas-oportunistas-activistas-ineptos, que no muestran vergüenza alguna a la hora de recibir un salario por un trabajo que ni desempeñan, o que si lo hacen, lo realizan tan mal que ponen en entredicho el ejecutado por los buenos servidores públicos.

El caso de la Asamblea Legislativa es solo la punta del iceberg. Si eso ocurre en el mal llamado “primer órgano del Estado”, ¿Cómo no estará de contaminada el resto de entidades y organismos del sector público que son manejadas como feudos? Allí también hay muchas camionetas de lujo. De ahí la férrea oposición a aprobar cualquier legislación que tienda a regular la función pública. ¿De qué sirve tener líricas cartillas de principios éticos, si a los funcionarios les vale madre el espíritu que animó estructurarlas?.

Gracias a los medios radiales, escritos, televisados y, especialmente,  las redes sociales (las usadas de manera responsable) la ciudadanía puede ahora seguir la pista al comportamiento de aquellos funcionarios que han venido dando muestras de racionalidad y honestidad. Pero también a los pícaros y  habilidosos; viejos y nuevos: hombres y mujeres. El reto está en que los primeros muestren firmeza para  transparentar la gestión pública. En eso, la Asamblea Legislativa debería dar el ejemplo al resto de instituciones, ya que las que están obligadas a hacerlo se han convertido en verdaderas “calderas del diablo” donde se cocinan muchas cochinadas.

Pero cuando se leen fundamentadas columnas de opinión como: “ARENA en autoflagelación” (R. Castellanos) “El mejor aliado del FMLN es ARENA” (R. Rubio) o “Diputados de ARENA pueden causar pérdida elecciones 2019” (L. Menbreño) surge la pregunta: ¿Habrá voluntad para desnudar tanta cochinada?