Escena

Cobra Kai y la insostenible violencia del Ser

Rolando Medina López, crítico de cine, miembro de la International PressAcademy

viernes 11, septiembre 2020 • 3:28 pm

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Veo pocas series de televisión. Tercamente he afincado mi compromiso total con el cine y es al cine al que me gusta dedicarle la mayor parte de mi tiempo. La efervescencia de una serie, eso que llaman tendencia, también es lo otro que me hace ir en sentido opuesto. Lo he visto tanto y no llega a nada.

Porque no es quien somos, más bien por el contrario, es la corrupción del ser. Por suerte cuando llegó rebotando de YouTube Red para estrenarse en Netflix, “Cobra Kai,” que retoma la rivalidad de los dos karatecas adolescentes del Valle de San Fernando de “Karate Kid (1984),” no llegaba ni a número diez en las preferencias del público.

Debo ser franco. De haber estado en número uno igual la hubiera visto. De un solo tirón. La sentí mía.  Me hizo evocar una época linda de nuestras vidas. Recordé de golpe canciones, peinados, enamoradas, rivales, películas -¡Iron Eagle! (lo siento… guilty plèchur… es mi película de aviones y no “Top Gun”) -; muchos momentos. Duros y felices. Al final de la segunda temporada terminé descubriendo que bajo un grueso caparazón kitsch - típico de los Ochenta – más allá del melodrama, las patadas y combates, se palpa en cada personaje la esencia del ser con su dualidad eterna; en sus incongruencias, desavenencias, violencia, caídas y pequeñas victorias.

“Cobra Kai” es para Boomers lo que, la también serie limitada, “Stranger Things” es para Millenials. La quintaesencia y nostalgia de los Ochenta. La parte linda de esa década, previa a la enseñanza de Gordon Gekko que la codicia es buena; cuando todavía el cine nos regalaba lo más encantador y todo lo que más amamos de los maravillosos Ochenta.


Ahora los rivales han crecido. Ya no son adolescentes; aunque siguen adoleciendo. Y de mucho. La victoria en el torneo de Karate, treinta y cuatro años atrás, llevó a Daniel Larusso (Ralph Macchio) por el camino del éxito hasta ser hoy el Rey de los vendedores de autos del Valle.

 

Pateamos a la competencia,” es la frase de promoción de su empresa.

 

Y regala con cada compra, claro, no podía ser otra cosa, un bonsai. Su vida es una postal. Un paraíso. Un Camelot listo para ser hecho añicos. Su rival, Johnny Lawrence (William Zabka) por el contrario sucumbió con todo y su vida a esa pata de grulla del final de “Karate Kid.”El destino, los guionistas y el mismo Macchio como productor ejecutivo, hicieron posible que sus caminos volvieran a encontrarse.

 

En una serie que busca explotar un clásico por un par de dólares más o para darle un canto de cisne a dos actores que luego de 1984 poco hicieron, se agradece el tiempo tomado para explorar si los personajes tenían más que ofrecer a su fanaticada. Tenían.

 

Y lo ofrecen con creces. Porque no es solo la acción que apela a los más jóvenes, o el nuevo elenco de abusadores y “nerdones” (ambos fabulosos y destacarè a Xolo Madridueña, Jacob Bertrand, Courtney Henggeler y Tanner Buchannan quienes podrían tener una carrera interesante luego de Cobra Kai); la serie les da a los protagonistas principales la oportunidad de tener un gran regreso. Macchio tendrá de nuevo sus treinta minutos de fama y lo que esta pueda durar. Zabka es un párrafo aparte.

Parte interesante de esta propuesta es que nos ofrece un punto de vista oportuno a los tiempos que vivimos y devenimos. No es solo la historia de un perdedor de torneo o la vida; si no de un abusador. Pero sin estereotipos de buenos y malos".

Incluso personajes donde ese estereotipo es palpable como el fundador y maestro del dojo Cobra Kai, John Kreese, ex marine, se preocupan por darle textura, mostrando las propias heridas que carga, producto de la Guerra de Vietnam; las guerras, eternos ciclos de violencia.

 

Los escritores se interesan en ir al cómo; a la raíz. Y nadie en toda la serie para llevar sobre sus hombros la carga de esta narrativa como William Zabka. Todos estos años, que no le reconocimos en incontables papeles secundarios en cine y televisión, germinaron en el que podría ser el papel de su vida. Aunque sea un refrito.

 

En cierta forma lo es; la fuente origen del personaje. Pero allá en el tuétano, es otro. Más complejo; más interesante. Más humano. Más quebrado. Más redimible. Y Zabka sabe erguirse frente al destino que de nuevo otro momento de gloria.

 

El de un Angry Robert Redford. Zabka no la desaprovechó en esta oportunidad; espero le vengan más papeles en la gran pantalla. Estamos ante la maduración de un actor que supo entender la riqueza del personaje y la trama circundante; de no existir el antecedente de “Karate Kid'', “Cobra Kai” pudo erguirse por sí misma.

 

La serie da una mirada a la derrota; esas que pueden llevar a alguien de fracaso en fracaso. Sí. A veces son hechos pequeños que suceden en la vida los que terminan marcando el rumbo que tomamos; pero somos al final nosotros responsables de lo que elegimos.

 

También esa es una buena razón por la cual revistar este clásico juvenil; aún tenía algo por decir en su fábula de moraleja y equilibrio. Fue sorprendente descubrir, y no lo tomemos a la ligera ni polaricemos, menos simplifiquemos la exploración de la violencia en frases como: “hoy todos somos Cobra Kai”… “Es el tiempo de desquite”… “...la cara de Miyagui cuando...” Porque no creo que será por ahí donde culminará esta historia.

 

La moraleja de la historia. Demasiado pronto para sacar conclusiones de cuál podría ser el fin ulterior de Macchio al trincarle diente a esta historia de nuevo. No quiero hablar de espoilers pero esta es solo la segunda temporada. Quizás sea fácil anticipar lo que se viene y cuál será el final. Se los pudiera contar. Pero eso en realidad no tiene gracia. El qué. Siempre lo interesante es el cómo. “Cobra Kai” se fija en el cómo y con una mirada de nuevos personajes, llenos de energía y presencia en pantalla, saben ir más allá  de las exigencias físicas de sus papeles.

 

El señor Miyagui enseñó el cómo no el qué. Siempre los personajes circundan alrededor del concepto de equilibrio; no en la lucha. En las pasiones; nuestra vida. Porque al final la gran lección es encontrar el balance, aceptando cada parte de nuestra naturaleza para poder manejar. Hasta la violencia. No es el alumno; es el maestro, nos dice “Cobra Kai” y aunque Pat Morita, el entrañable señor Miyagui falleció años atrás, su espíritu  se respira en la serie y sin sentimentalismos. Es el maestro del equilibrio. El que ahí en estas dos temporadas ya les está susurrando a Macchio y a Zabka cómo terminar de encontrar sus destinos.

    

En tiempos kardashianos es de aplaudir que una serie basada en los facilones Ochenta se atreva a profundizar. Propone enseñar a ver al otro. No solo ponernos en los zapatos del otro, que ya parece una frase gastada hasta las suelas. Lo sabré yo; lo sabrán quienes me conocen que he batallado toda mi vida con exabruptos de ira. Es una lucha constante y de muchas caídas.

Cierto la vida no siempre será amable, fácil ni suave. Tendrá golpes. Y hay que saber estar preparados. “Ser mejor persona (o the bigger man)”, no solo es hacerse a un lado. O pelear cuando se debe. También es saber levantarse y no dejar de luchar contra los demonios internos. Eso es lo que hace interesante a esta serie; por eso el personaje de Zabka calará profundo. Debe hacerlo, su camino de redención lo puede ser para ir cerrando ese círculo interminable de violencia que comienza con uno mismo y luego se institucionaliza en todos los estratos de la sociedad.