Imagínese que de repente un día aparece en su casa una persona que le dice que usted necesita un aparato electrónico en su corazón, que le solucionará todos sus problemas y le ayudará a vivir mejor. Por lo tanto, le debe hacer la cirugía inmediatamente. El aparato obviamente lo vende él. Le habla de lo que esa “pequeña” inversión podría hacerle ganar en su vida, incluso en términos económicos si usted se convierte en un ejemplo para el resto. Obviamente, no es médico, pero esta persona incluso le advierte que los médicos no entienden de tecnología y no les haga caso.

Opinión

Charlatanes

Ricardo Castaneda A. / Economista sénior, Icefi @Recasta

jueves 1, julio 2021 • 12:00 am

Compartir

Imagínese que de repente un día aparece en su casa una persona que le dice que usted necesita un aparato electrónico en su corazón, que le solucionará todos sus problemas y le ayudará a vivir mejor. Por lo tanto, le debe hacer la cirugía inmediatamente. El aparato obviamente lo vende él. Le habla de lo que esa “pequeña” inversión podría hacerle ganar en su vida, incluso en términos económicos si usted se convierte en un ejemplo para el resto. Obviamente, no es médico, pero esta persona incluso le advierte que los médicos no entienden de tecnología y no les haga caso.

En su familia hay médicos que rápidamente se enteran y le advierten sobre los riesgos que eso conllevaría. Que una cirugía de esa naturaleza solo la pueden hacer los especialistas y que ningún especialista se la haría sin antes tener estudios técnicos y, todos los exámenes que le permitan tener una evaluación general y la certeza de que el riesgo de todo esto no sea más contraproducente que no hacérsela. Usted, ¿a quién escucharía? ¿A un especialista médico o a un charlatán?

Los charlatanes, que se podrían definir como las personas que engañan o alucinan, prevaliéndose de la inexperiencia o la ingenuidad del engañado, tomaron auge entre los siglos XVI y XVIII, logrando una enorme popularidad vendiendo humo como soluciones mágicas a los problemas de salud, tales como el oro potable. Eso sí, se presentaban como “médico-astrólogo-filósofo-matemático”, “operador y destilador químico”, “alquimistas” o “filósofomédico-químico”. Incluso tuvieron éxito con los monarcas de esa época.

Y en pleno siglo XXI hay personas que prefieren hacerle caso a un charlatán que a un médico. Todavía el desprecio a la ciencia sigue siente latente. Lo vemos incluso con el rechazo de muchas personas hacia las vacunas. Y si se da en medicina también se da en otras áreas. El problema se hace más grave cuando los líderes políticos sobre quienes recae una enorme responsabilidad también lo hacen, como los Trumps o los Bolsonaros.

Un medicamento inadecuado o una cirugía mal hecha puede acabar con la vida de una persona. Por ello la enorme responsabilidad de quienes se dedican a ello. Pero lo cierto es que, aunque quizá menos visible, una decisión en el ámbito económico, no solo puede afectar a una persona sino a millones.  Y por eso la economía es una ciencia, para la cual es necesario estudiar y aprenderla. Una ciencia que además está en constante actualización.

Luego de un par de semanas de que se aprobara la Ley Bitcoin en el país siguen sin presentarse argumentos técnicos que expliquen por qué el gobierno y la mayoría oficialista han tomado  una decisión tan drástica. Las explicaciones que se esgrimen parecen propias de vendedores de ese oro líquido,  no de funcionarios que están conscientes de sus responsabilidades — incluyendo el escuchar a los diversos sectores y actores— y las consecuencias de sus acciones. Minimizan todo a un juego en el que cualquier crítica es porque se es parte de la oposición y se está en contra del gobierno. Esto además de mostrar la carencia de argumentación en el debate retrata a un gobierno poco democrático.


Si querían hacer historia lo han logrado. Pocas veces ha habido tanto consenso entre economistas, abogados y otras tantas áreas profesionales sobre los graves riesgos de la Ley Bitcoin y la recomendación de derogarla. En un pronunciamiento poco antes visto, más de un centenar de profesionales de muy diversas e incluso antagónicas posturas de pensamiento firmamos justamente esa recomendación. Incluyendo tres expresidentes del Banco Central de Reserva, ex ministros y viceministros de economía y de otras carteras (incluso exfuncionarios de esta administración), exmagistrados de la Sala de lo Constitucional, del movimiento social y un gran etcétera. Un pronunciamiento además al que se han adherido más de 5,000 personas en apenas un par de días. Y en las encuestas internas que tiene el gobierno también saben del rechazo popular de esto.

Por lo que ha llegado el momento que decidan a quien van a escuchar: ¿a charlatanes o a profesionales y a la población a la que dicen deberse?