Recientemente Netflix, introdujo la serie Arsenio Lupin: Caballero y ladrón, del  escritor Maurice Leblanc, inspirada en un ladrón de guante blanco, que ama las obras de arte y las joyas, sus aventuras se desarrollan en París a principios del siglo XX. De forma furtiva se introduce en ciertas mansiones, sin utilizar violencia, sino únicamente su ingenio,  no se conoce con certeza su pasado, probablemente fue ayudante de un prestidigitador (persona que hace juegos de manos y otros trucos de magia) quien le enseña el arte del engaño y la ilusión con el fin de apropiarse de las riquezas de ciertas personas ingenuas.

Opinión

Caballero y ladrón

Jaime Ramírez Ortega / Consultor legal y de negocios @Jaime_RO74

miércoles 9, junio 2021 • 12:00 am

Compartir

Recientemente Netflix, introdujo la serie Arsenio Lupin: Caballero y ladrón, del  escritor Maurice Leblanc, inspirada en un ladrón de guante blanco, que ama las obras de arte y las joyas, sus aventuras se desarrollan en París a principios del siglo XX. De forma furtiva se introduce en ciertas mansiones, sin utilizar violencia, sino únicamente su ingenio,  no se conoce con certeza su pasado, probablemente fue ayudante de un prestidigitador (persona que hace juegos de manos y otros trucos de magia) quien le enseña el arte del engaño y la ilusión con el fin de apropiarse de las riquezas de ciertas personas ingenuas.

En este contexto se desconoce el aspecto físico de Arsenio Lupin ya que es un artista del maquillaje, capaz de parecer un adolescente o un anciano, un médico ruso o un torero español incluso un político salvadoreño (sarcasmo). Es un diletante (que tiene afición por una o varias artes o disciplinas del saber) que ejerce su labor criminal por vocación y diversión. Le gusta robar en los castillos y salones de los ricos: joyas, muebles, cuadros, nada escapa a su ojo experto. El libro fue publicado originariamente en el periódico “Je sais tout” (sabelotodo) en el año 1907.

Aunque esta obra pertenece al genero de ficción, algunos políticos alrededor del mundo encarnan el estilo de liderazgo de “Lupin”, dado que utilizan el engaño como base y la ilusión como estrategia de adormeciendo a las masas incautas que están urgidas de justicia y un deseo ardiente de linchamiento publico, de modo que  estos políticos son un showmen titiriteros de ferias que utilizan las redes sociales y el  marketing político,  para alimentar el resentimiento social, incrementando el antagonismo de clases, es decir viven para dividir y sembrar odio entre hermanos, con el fin de concentrar todo el poder.

Ya que un pueblo ignorante, dividido, desorientado, sin información y con una memoria histórica corta es el caldo de cultivo para estos lobos vestidos de ovejas que juran en campaña combatir la corrupción y la pobreza, sin embargo hacen todo lo contrario, por ello no le es difícil a estos políticos prometer lo imposible, como crear un tren que conecte todo El Salvador, un aeropuerto en el departamento de la Unión o prometer hacer 20 obras por día, de las cuales se desconoce, lo mismo ocurrió con las famosas cabinas de vacunación, que solo se invirtieron millones de dólares, pero no se sabe dónde están.

En el arte del engaño es hacer creer a la población incauta e ignorante, que los culpables de todos los males son la clase política que les precedió y la oligarquía porque son ellos los que han explotado al pobre  pos siglos, de modo que este pueblo es bombardeado constantemente, de manera que nos les cuenta creer que el país estará mejor, con el solo hecho de recibir una canasta básica y una vacuna que dicho sea de paso son donaciones, mientras millones de dólares son drenados por estos malos políticos que con un juego de palabras hacen creer al pueblo que en 200 años nunca recibieron nada de los gobiernos anteriores.

Es así que miles de salvadoreños continúa creyendo que la reducción de las muertes se debe al famoso Plan Control Territorial, del cual se han ejecutado millones de dólares, sin conocerse a la fecha como funciona el plan,  ni dónde ha ido a parar este dinero, dado que una característica de este gobierno es la ausencia de transparencia y rendición de cuentas, de ahí la importancia de controlar la CSJ y la Fiscalía, para sepultar a todo costa el lastre de corrupción y los índices de violencia que ya les ha llegado al cuello, por ello están maquillando la cifra de las personas desaparecidas como si se tratase de tomates.


El salvadoreño promedio es tan ingenuo, que en ocasiones tiende creer que los pajaritos vuelan porque tienen un motor en la parte trasera, por esa razón piensan que con el bitcoin anunciado recientemente por el gobierno, saldrán de la pobreza y que en un par de años vivirán como ricos y famosos, en un país donde no hay energía eléctrica, ni agua potable ni escuelas públicas en algunas localidades, y lo peor es que continúan creyendo que pronto todos tendrán conectividad  con la “infraestructura satelital prometida”