A partir de mayo de 2021, el presidente Nayib Bukele tendrá más poder legislativo. El politólogo y académico Álvaro Artiga ve dos posibilidades: una, que opte por dejar un legado positivo de reformas en el país y que continúe un camino de opacidad y medidas neoliberales. “Empezaríamos a ver cosas que no hemos visto en muchísimos años”.

Política

“(Bukele) puede dejar un legado positivo o ir por la ruta de Nicaragua” El politólogo Álvaro Artiga cree que el presidente podría hacer una reforma fiscal que el gobierno anterior no logró.

Yolanda Magaña

sábado 27, febrero 2021 • 3:45 am

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A partir de mayo de 2021, el presidente Nayib Bukele tendrá más poder legislativo. El politólogo y académico Álvaro Artiga ve dos posibilidades: una, que opte por dejar un legado positivo de reformas en el país y que continúe un camino de opacidad y medidas neoliberales. “Empezaríamos a ver cosas que no hemos visto en muchísimos años”.

¿Cómo calificaría la situación un año después del 9F después de hechos como el cierre del TSE, el crimen de militantes del FMLN?

Eran previsibles aunque no específicamente equis hecho, las tensiones del Ejecutivo con distintos actores institucionales o no, eran previsibles para el periodo el 2019-2021, por el hecho de que tenemos separadas las elecciones y el presidente quedó en las elecciones de 2019 en una posición de desventaja frente a otros actores en la medida que no tenía su propio partido y el partido con el que compitió no es un partido fuerte en relación con los dos principales. Digo que era previsible porque tenemos separada la elección presidencial de la elección de diputados, va a ser hasta el 28 de febrero donde podremos darnos cuenta si ese tipo de conflictos solo eran para ese periodo, 2019-2021, o si la conflictividad continuaría.

En la medida que las tensiones tenían que aparecer en el terreno electoral, no solo iban a ser enfrentamientos con la Asamblea Legislativa, donde estaban sus principales adversarios; no solo con la Corte Suprema de Justicia, Corte de Cuentas y la Fiscalía, sino que, justamente por ser en elecciones donde se decide el balance de fuerzas en la nueva Legislatura, una estrategia de lucha y competencia electoral tenía que ser la confrontación. Yo no puedo decir hasta dónde todo sigue una línea directriz y hasta dónde hay iniciativa de simpatizantes y seguidores en este tema de tensionamiento entre el Ejecutivo y otros partidos y la autoridad. Pero ciertamente, una vez que pasen las elecciones, si el resultado que obtiene es de una mayoría legislativa, pues, básicamente yo creo que la tensión va a bajar.

A partir de mayo de 2021, el presidente Bukele tendrá todo el poder o dos terceras partes del poder. ¿Qué debería hacer con todo el poder, en su gestión económica, en seguridad, en transparencia?

Si el resultado fuera el de una mayoría ya sea el de Nuevas Ideas junto con Gana, que le permita tener mayoría calificada, creo que va a estar en una posición de mucha ventaja para poder implementar medidas que vayan a resolver los problemas fundamentales de la sociedad salvadoreña. Porque teniendo el apoyo de la Fuerza Armada, de la Policía, de la mayoría de la población salvadoreña, sería un error no hacer esas cosas. Ningún otro presidente, salvo… Después de los primeros meses del gobierno de Mauricio Funes, había una correlación muy favorable, pero no pudo implementar una reforma fiscal progresiva, por ahí podría el presidente, teniendo una mayoría legislativa a su favor, cosa que no tenía Mauricio Funes y con el respaldo de la Fuerza Armada, Policía, la mayor parte de la población, con unos medios de comunicación que están al servicio del Gobierno, yo creo que sería una fuerza suficiente para provocar reformas importantes, la reforma fiscal progresiva, una reforma en materia de pensiones, la relacionada con agua, algunas que toquen la Constitución, la no prescripción de delitos de enriquecimiento ilícito, con esa fuerza, él tendría una gran posibilidad de transformar a este país.


Pero también existe la otra posibilidad, que efectivamente vaya por la ruta de mayor continuidad de los gobiernos anteriores, de opacidad, poca transparencia, mal uso de los fondos públicos, adopción de medidas de corte neoliberal que profundicen los problemas de desigualdad y exclusión, por esa ruta podría empezar a perder el apoyo del cual goza.

“No puedo decir hasta dónde todo sigue una línea y hasta dónde hay iniciativa de simpatizantes. Pero una vez que pasen las elecciones, si el resultado que obtiene es mayoría legislativa, pues, básicamente yo creo que la tensión va a bajar”.

Y ante potenciales protestas, una vez neutralizada la oposición en los espacios institucionales, empezaríamos a ver cosas que no hemos visto en muchísimos años, las manifestaciones en las calles, la represión de esas manifestaciones, los antimotines, como en Guatemala, Honduras, en otros países. Esos serían los dos escenarios.

Entre comillas era comprensible que él optara por una estrategia de confrontación en estos dos años, porque estaría buscando acumular la suficiente fuerza para apoderarse del control de las instituciones. Ya con ese control tendrá que tomar una decisión que va a marcar la historia del país, para bien o para mal.

¿Qué pasa en la mente de sus seguidores, que hoy ya manejan el contenido del artículo 87 de la Constitución, el de la insurrección?

Me cuesta ver cómo podría ser utilizado eso. El año pasado él estaba invitando a la insurrección cuando iban a la Asamblea, pero en las nuevas condiciones, yo no veo espacio para la aplicación de ese artículo, menos, ahora está más claro de qué lado está el Ejército y la Policía que son como brazos armados, sin esa fuerza legal difícilmente se pueden hacer contra el Gobierno. No veo espacio para eso. Creo que eso fue parte de la estrategia de enfrentamiento antes de las elecciones del 28 de febrero pero una vez pasadas las elecciones y si se da el resultado que buscan, lo más probable es que ese enfrentamiento desaparezca. De hecho toda la campaña para la Asamblea Legislativa ha sido la de elegir diputados que trabajen junto con el presidente. Eso no quiere decir que no haya otros enfrentamientos porque le tocaría sus relaciones con la CSJ, con la Sala de lo Constitucional, con la CCR y con la FGR, pero como la Asamblea nombran a los titulares de esas instituciones, por esa vía puede resolver cualquier tensión que le estorba en la ejecución de su proyecto.

La correlación de la Sala de lo Constitucional se mantendría hasta 2027, de acuerdo a una sentencia. ¿Se podría ver un escenario de ingobernabilidad?

La Asamblea puede cambiarlos, puede argumentar cualquier cosa.

Pero hay una sentencia cuando intentaron mover a José Belarmino a otra sala, hubo una sentencia que estableció el periodo de 9 años de la Sala de lo Constitucional.

Lo que no podían era cambiarlos de Sala, ¿pero quitarlos por qué no?

“Si solo fue una estrategia electoral (confrontación con instituciones de control), qué bien, pero si es la pauta de lo que hará una vez tenga la mayoría, lejos de democratizar al régimen, estaremos caminando a un régimen autoritario”.

¿Ve ese escenario posible?

Teniendo esa correlación de fuerzas a su favor, puede hacer cosas altamente positivas para el país pero también puede optar por otra vía, en la que, si la Sala se le convierte en un obstáculo para llevar adelante su proyecto económico, fundamentalmente, ¿Por qué no destituirlos?

Si eso pasara, ¿qué escenario prevé?

Esto es como mostrar que hay dos caminos ante el resultado de las elecciones del 28 de febrero, uno es aprovechar la mayoría, aprovechando el respaldo del Ejército y de la Policía para llevar adelante reformas importantes en materia sustantiva, una reforma fiscal progresiva que permita incrementar los ingresos del Estado para llevar adelante políticas de mejora en educación, salud, vivienda, trabajo. Con esa fuerza puede llevar a cabo reformas que tenga que ver con pensiones. Siempre tendría grupos que se opondrían a esas reformas, en ese caso, las AFP, que son los que han resistido pero en el pasado quienes gobernaban no tenían la correlación que va a tener el presidente. Si se fuera por ahí, incluso si llevara adelante reformas que fortalecieran a las instituciones, ese sería un gran aporte, un gran legado. Pero, si se va por el otro lado, utilizar esa correlación para seguir en la ruta que venían los gobiernos anteriores, medidas neoliberales, profundización del abuso del poder, no solo podrá cambiar a los magistrados de la CSJ, sino que seguirá con el fiscal, con la Corte de Cuentas, porque esos han sido quienes le han frenado. Ya vimos cómo ha neutralizado al IAIP, después vendrá la neutralización del TSE o por lo menos alinearlo a su favor, habría que voltear a ver hacia oriente. Cuando digo hacia oriente es hacia Nicaragua. Entonces, El Salvador podría adoptar el modelo de gobernabilidad que hay en Nicaragua, donde el presidente Ortega controla prácticamente todo el aparato estatal y hay un pacto implícito con el empresariado nicaragüense y eso le da cierta estabilidad a Nicaragua, y por eso Nicaragua ha tenido crecimientos económicos muy importantes salvo cuando empezó la crisis por unas medidas de reforma que iban a afectar la población. El Salvador podría optar por un modelo de gobernabilidad más autoritaria, ciertamente, al estilo de Nicaragua pero para eso necesita controlar todo el aparato estatal y tendrá toda la posibilidad para hacerlo.

¿Y ese modelo perdura pese al oscurantismo que promueve?

Bueno, mire cuánto tiempo tiene Ortega de estar en el Gobierno.

Muchos dicen que el domingo se juega la democracia el domingo. ¿Es cierto?

Eso supone que en El Salvador ha habido un régimen democrático. Yo no estoy de acuerdo con esa apreciación, El Salvador desde 1994 hemos tenido un régimen híbrido que mezcla elementos democráticos sobre todo para el acceso al poder, elecciones libres, competitivas, hay libertad de organizarse, libertad de expresión, pero el ejercicio del poder ha sido autoritario, por gobiernos de Arena, del FMLN y este lleva esa misma línea. Eso de la democracia sí no. La profundización de los patrones autoritarios, eso sí, de tal manera que el régimen dejara de ser híbrido para convertirse en régimen netamente autoritario, pero podría, desde otro punto de vista, si el presidente lo utilizara para la mejora institucional y la mejora de las condiciones de vida de la población, él mismo podría dar la contribución para que el régimen híbrido camine hacia ser un régimen democrático. O democratizamos el régimen a partir del 28 de febrero o lo volvemos netamente autoritario.

¿Sí cree que el 28 de febrero es una fecha clave?

Por supuesto, sobre todo porque, entre 2019 y 2021, por primera vez en la historia un presidente no tenía control sobre el aparato estatal y, por eso, hemos visto el funcionamiento tímido si quiere de ciertos controles sobre el Ejecutivo, ya sea por la Fiscalía, Corte de Cuentas, IAIP, la Sala de lo Constitucional, incluso el TSE en los últimos días. Ha habido un incipiente funcionamiento de los mecanismos de control que en toda democracia deben ser efectivos, el problema es que en la estrategia de enfrentamiento del presidente ha llevado a esas instituciones a bloquear su función de control. Si solo fue una estrategia electoral, qué bien, pero si es la pauta de lo que hará una vez tenga la mayoría, lejos de democratizar al régimen estaremos caminando netamente a un régimen autoritario y por eso le ponía el ejemplo de Nicaragua.

“Yo creo que lo que ha pasado es que el ciclo político que se inició en la década de 1970, donde surgieron esos dos partidos, está llegando a su fin, se está cerrando, y las elecciones del 28 de febrero son como el punto de cierre de ese ciclo de 50 años”.

La oposición parece haber tocado fondo en las encuestas. ¿Podrá regenerarse después del 28 de febrero?

Ahí sí habría que esperar cuál va a ser el resultado para examinar cómo quedan. No puedo decir que a partir del 28 murieron, que quedarán más débiles es muy probable, pero en todo caso, no hicieron, reinventarse, regenerarse, para eso tuvieron tiempo desde que perdieron votos y fuerza legislativa, especialmente el FMLN en las elecciones de 2018, el FMLN perdió 8 diputados, eso podría haber sido una señal de alerta. No hicieron los cambios que tuvieron que hacer. Entre 2014 y 2019 perdieron 1 millón de electores.

¿Qué cambios tuvieron que hacer?

Fundamentalmente dos cosas en ambos casos. Primero, una renovación real de las direcciones de esos partidos, que la asumiera gente no vinculada con el pasado corrupto de esos dos partidos y que se desvincularan, tomaran distancia e, incluso, impulsaran o favorecieran los procesos de investigación sobre los que fueron militantes, fueron funcionarios de sus gobiernos o están acusados o con sospechas de enriquecimiento ilícito. Tomar distancia clara de eso y una regeneración de las estructuras partidistas lo podían haber hecho después de 2018, aprovechando en los dos casos que venían procesos de elecciones internas donde iban a elegir directivas y candidaturas, de tal manera que dentro de las candidaturas no estuviese gente que la población perciba que son los mismos de siempre. No lo hicieron. Es difícil que después que hayan pasado elecciones de 2019, del 2021, la gente que ha dejado de votar por ellos, va a volver a votar por ellos en 2024 y mucho menos los nuevos electores, es decir, los que de aquí a 2024 van a cumplir 18 años. Yo creo que lo que ha pasado es que el ciclo político que se inició en la década de 1970, donde surgieron esos dos partidos, está llegando a su fin, se está cerrando, y las elecciones del 28 de febrero son como el punto de cierre de ese ciclo de 50 años. Si se mantienen esos dos partidos, no van a volver a tener la fuerza que tuvieron.

Yo creo que aquí frente al bloque que apoya al presidente, frente al bukelismo, en la medida que no satisfaga las esperanzas que muchísima gente ha puesto en el Gobierno va a ir surgiendo un bloque antibukelismo, en donde a lo mejor Arena y el FMLN, lo que quede de ellos, podrán participar pero habrá otras fuerzas, surjan, es lo normal, siempre hay oposición en los gobiernos, creo que va a haber nuevas expresiones políticas.

¿Cómo cambia el mapa ideológico?, hablaba de bukelismo y antibukelismo. ¿Qué es eso?

Eso es como el orteguismo y el antiorteguismo, es como el chavismo y antichavismo. Es decir, en la medida en que el gobierno está personalizado en una persona o en un pequeño grupo, frente a eso, ese grupo no se puede clasificar en esas coordenadas izquierda o derecha. Si lo ponemos así, le va a salir que es de centro. Lo que va a ocurrir más bien es una transformación de la competencia política, que ya no va a ser en esos términos. Lo hemos estado viendo, cuando el mismo presidente se ha encargado de ir construyendo esa división, de nosotros y los mismos de siempre. Digo bukelismo porque el presidente tiene una limitación en 2024 para poder se reelecto, hay una limitación constitucional, tendrá que seguir su proyecto con otra persona, que tampoco pueden ser sus hermanos y sus primos, de acuerdo a la Constitución. Lo que se va perfilando es que podría ser el nuevo alcalde de San Salvador si gana Mario Durán. En esa medida se puede hablar de bukelismo sin Bukele, continúa el proyecto aunque él ya no sea el presidente, la oposición va a ser en esos términos.

Esto es como repetir otra vez la historia de El Salvador, en la medida que regresemos a estilos de gobiernos como fueron los gobiernos del PCN en la década del 60 y del 70. Frente a esos gobiernos fue surgiendo en la década del 70 las nuevas fuerzas que iban a predominar en la fase política de 50 años que estamos cerrando. Lo que está ocurriendo es que apenas vamos a empezar un nuevo ciclo que no sabemos cuánto va a durar. En ese horizonte es donde muchas cosas pueden ocurrir, realineamientos, reestructuraciones. Esos son los dos escenarios posibles, teniendo esa concentración de poder, él puede dejar un legado muy positivo para el país, está en su opción hacerlo, pero también él se puede ir por la otra ruta que nos lleve más a como está Nicaragua. Ahí la estabilidad del régimen va a depender del desempeño económico en lo fundamental, porque la gente está dispuesta a ceder espacios democráticos, de libertades civiles, a cambio de mejoras en las condiciones de vida. Ya sabemos que hay regímenes autoritarios, mire China, que logran sacar a millones de personas de la pobreza.

Si opta por irse por concentrar más poder, por cerrar más espacios democráticos, libertades civiles, la única manera de garantizar su estabilidad va a ser generando mejores condiciones de vida para la población y eso supone tasas de crecimiento económico y una distribución de la riqueza de tal manera que llegue hacia los sectores más favorecidos.

¿No solo con paquetes alimentarios?

El país no puede una fuente de ingresos para seguir con ese tipo de programas asistenciales, tiene que, a través de políticas fiscales, producir una redistribución y, bueno, ahí quedan abierta las incógnitas si estará dispuestos a hacerlo, si le van a dejar, los poderes fácticos, si va a afectar las transnacionales o no.

¿Influirá la administración Biden en la ruta que tome Bukele?

Ese puede ser un factor que contribuya a que la ruta sea positiva. En la medida que el gobierno de los Estados Unidos condicione su ayuda a un tipo de gestión transparente y dentro del marco institucional ese será un límite para que el presidente no se vaya por la vía Nicaragua. Pero habrá que ver hasta dónde el presidente esté dispuesto a soportar que le pongan límites, porque ahí hay un tema, verdad, yo no podría decir al respecto, es una novedad, Estados Unidos tiene suficiente fuerza para empujar, pero no sabemos si tiene cartas escondidas, no sabemos cómo otros países podrían tratar de influenciar al presidente a su favor, China o países asiáticos, Qatar, por ejemplo, no sabemos hasta dónde el presidente estaría dispuesto a tensar un poco la relación, sabiendo que Estados Unidos tampoco quiere perder a El Salvador. Ahí hay un tema de negociaciones ciertamente pero no hay duda que es un factor que va a jugar a empujar a El Salvador por la vía de fortalecimiento institucional y que podría ser un obstáculo o un retén para que el presidente no tome la vía de Nicaragua. Ahí hay dos cosas que tenemos que esperar. Uno es la publicación de la lista Engel para ver quiénes son los que pasan a la lista de indeseables para los Estados Unidos, si aparecen funcionarios de su Gobierno o no, o incluso él mismo.

Y, segundo, hay una demanda de extradición de unos cabecillas de una de las pandillas por parte de Estados Unidos. Si es cierto o si nos atenemos a la versión de una negociación entre el Gobierno y esa pandilla para bajar los homicidios, ahí hay un problema de hasta dónde el presidente va a extraditar, aunque no es él, le toca a la Corte, pero como antes hablamos la Corte puede cambiar en su configuración, son dos momentos, dos decisiones importantes, que sí nos van a ir marcando si el presidente es limitado en sus tendencias autoritarias por el gobierno de los Estados Unidos o no.

“Esos son los dos escenarios posibles, teniendo esa concentración de poder, él puede dejar un legado muy positivo para el país, está en su opción hacerlo, también él se puede ir por la otra ruta que nos lleve a como está Nicaragua”.

¿Cómo ve el sistema de cocientes y residuos? Algunas personas han asegurado que los porcentajes de preferencia no se traducen en porcentajes de escaños...

Definitivamente, no es así, que el 70 % de preferencias, entonces, ese porcentaje de escaños, eso no es así, no solo por el sistema de residuos sino porque las encuestas que se han hecho son encuestas nacionales, es una muestra nacional y no es una muestra de los que van a ir a votar, que es distinto. Ahí hay dos elementos que hacen que no necesariamente hace que lo que muestran las encuestas se traduce en cantidad de escaños. Lo cual no quiere decir que no se pueda dar una mayoría calificada ya sea por un solo partido o por Nuevas Ideas y Gana, porque siempre hay que tomar en cuenta la posibilidad de que ocurra una elección excepcional, que se sale de la norma. Vamos a decirlo de esta manera: en condiciones regulares, es decir, elecciones que repiten el patrón de elecciones anteriores, ya sea en niveles de participación, distribución de los escaños, eso es que hemos tenido desde 1994 hasta la fecha, pero siempre hay la posibilidad de que ocurra una elección que se sale de esa norma. Entonces, se produce lo que se llaman elecciones críticas, en las que ha ocurrido un realineamiento de los electores que votaban a partidos tradicionales pasan a votar a un nuevo partido. Eso se puede registrar en la historia electoral de distintos países. De hecho, nosotros tuvimos una elección de este tipo cuando la Democracia Cristiana entre 1984-1989 era Gobierno y tenía mayoría legislativa. Pues, la elección de 1989 que gana Arena, esa fue una elección crítica, se puede argumentar cuáles fueron las razones pero una de las razones fue la percepción de corrupción en el gobierno demócrata cristiano. Entonces, miles de votantes demócrata cristianos pasaron a votar por Arena y Arena ganó en 1989. Entonces, uno grafica los votos y aparece como un pico invertido, un partido que baja mucho y un partido que sube en la misma proporción.

Yo creo que los datos que tenemos de la elección presidencial de 2019 arrojan evidencias de que estamos en esta coyuntura de realineamiento de los electores. Solo que como tenemos elecciones separadas el realineamiento lo estamos viendo en dos momentos diferentes, en 2019 y lo vamos a ver el 28 de febrero. En ese tipo de elecciones, la distribución de los escaños puede no seguir la norma y por eso es posible, no digo que sea imposible, una mayoría calificada por sí solo o con Gana, porque esta es una elección crítica, donde hay un realineamiento electoral.

Por la misma razón, yo no veo posibilidad de que una vez han perdido electores en 2018, 2019, 2021, esos que ya no les votan retornen a votarles en 2024. Yo creo que estamos ante el declive de esos dos partidos, uno más rápido que el otro, y en esas condiciones sí existe la posibilidad de que se logre una mayoría por parte de Nuevas Ideas en coalición o alianza con Gana, pero eso lo vamos a ver a partir de la noche del 28 de febrero.

El perfil

Álvaro Artiga, politólogo

Trayectoria académica: director de programa de maestría en Ciencia Política, director de la maestría y doctorado en Ciencias Sociales.

Estudios: Doctor en Ciencia Política y de la Administración de la Universidad de Salamanca, España, maestría en Ciencias Sociales de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales (Flacso). Licenciado en sociología e ingeniero civil.