Los reaccionarios del Twitter y Facebook, incluyendo ministros y otros burócratas, salieron en defensa del aparato gubernamental con la frase #bonitadictadura para contrarrestar el incremento de opiniones que han hecho ver las decisiones presidenciales como dignas de todo buen gobierno autocrático dirigido por lo que podría ser un dictador en ciernes. En mi opinión lo delicado es plantear la existencia de una bonita dictadura cuando por definición tal cosa es imposible que exista, ya que una dictadura es el poder concentrado en una sola persona a cuyo mandato se supedita todo el aparato estatal, rompiendo el elemental equilibrio y división de poderes que nos constituye como República.

Opinión

¿Bonita dictadura?

Rafael Domínguez / Periodista

lunes 4, mayo 2020 • 12:00 am

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Los reaccionarios del Twitter y Facebook, incluyendo ministros y otros burócratas, salieron en defensa del aparato gubernamental con la frase #bonitadictadura para contrarrestar el incremento de opiniones que han hecho ver las decisiones presidenciales como dignas de todo buen gobierno autocrático dirigido por lo que podría ser un dictador en ciernes. En mi opinión lo delicado es plantear la existencia de una bonita dictadura cuando por definición tal cosa es imposible que exista, ya que una dictadura es el poder concentrado en una sola persona a cuyo mandato se supedita todo el aparato estatal, rompiendo el elemental equilibrio y división de poderes que nos constituye como República.

Hasta hoy no encuentro entre las páginas de la historia a “buenos dictadores” o que una dictadura haya traído bienestar a la población de una nación, entendiendo que para darle vida a una dictadura se habría tenido que destruir constituciones y principios de la democracia, encarcelado y asesinado opositores, restringido derechos humanos, derechos de expresión, aumento del militarismo y sin duda apertura de nuevos niveles de corrupción; de tal manera que aún y cuando a algunas dictaduras puede agradecerse ciertos proyectos o infraestructuras que mejoraron la dura realidad de sus sometidos pueblos,  los resultados sociales pueden ser totalmente contrarios, de ahí que la dictadura militar en El Salvador nos dejó innovaciones pero nos llevó a una guerra fratricida empujada por la necesidad de libertad e inclusión política, 70 mil muertes dan fe de ello.

El hecho que haya un presidente constitucional, que ganó con alto respaldo de votantes y cuya popularidad es alta, no le otorga llaves para engavetar los principios y los derechos humanos fundamentales, por los que funciona la Constitución y su institucionalidad. Ser popular si bien es útil para un mandatario no es sinónimo de capacidad para hacer todo lo que quiere, pero es ahí donde el primer síntoma del autoritarismo aflora, escudándose en el pueblo que aplaude y alaba para legitimar decisiones que afectan a buena parte de la población o destruyen los principios que sostienen la funcionalidad y gobernabilidad.

No hay dictadura buena ni dictador bueno, todos los dictadores son sujetos cuyo ego y personalización terminan por hundirlos y convertirlos en el peor enemigo de su propio pueblo.

Perder democracia a cambio de eliminar las pandillas o perder democracia por incapacidad de diálogo, perder democracia contra la oportunidad que representa asociarse al poder en negocios, todo eso es lo que le funciona a un autócrata para construir su base, pero será más tarde la ruina de todos, los ejemplos abundan, es casi ya de manual saber cómo empieza y como termina el gobernante que decide la ruta bajo su propia inspiración, creyendo que es el único, el caudillo, el que recibirá vítores y monumentos, pero es importante recordarlo, nunca hay un final feliz.

La dictadura militar fue el reto más grande para nuestro país en la era moderna, ir por esa vereda, no gracias...