La contundente estrategia para la victoria política y electoral del Movimiento al Socialismo (MÁS), en los comicios de este 18 de octubre, definió el triunfo presidencial en Bolivia de Luis Arce, digno representante de los sueños y aspiraciones de ese noble pueblo. Su victoria materializó la profética expresión, atribuida al cacique indígena Tupac Katari, “Volveremos y seremos millones”.

Opinión

Bolivia se rebeló al autoritarismo Bolivia vivió una crisis que puso al descubierto los peligros que ciernen en cualquier sociedad…

Eugenio Chicas / Diputado del FMLN al Parlacen

miércoles 28, octubre 2020 • 12:00 am

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La contundente estrategia para la victoria política y electoral del Movimiento al Socialismo (MÁS), en los comicios de este 18 de octubre, definió el triunfo presidencial en Bolivia de Luis Arce, digno representante de los sueños y aspiraciones de ese noble pueblo. Su victoria materializó la profética expresión, atribuida al cacique indígena Tupac Katari, “Volveremos y seremos millones”.

El incuestionable resultado electoral es el inicio de la ruta de recuperación democrática de ese sufrido Estado plurinacional después del cruento golpe de estado del 10 de noviembre de 2019, orquestado por grupos ultraconservadores acompañados del alto mando militar y policial bajo los auspicios de Luis Almagro, Secretario General de la OEA, que desconocieron los resultados de la elección del 20 de octubre del pasado año. Aquella jornada electoral con claridad dio el triunfo al MAS y a Evo Morales, pero la ruptura constitucional impuso bajo represión a la senadora ultraderechista Jeanine Áñez como Presidenta provisional de Bolivia, con el consabido beneplácito de la administración Trump.

De acuerdo a la ley de Régimen Electoral de Bolivia, un partido obtiene el triunfo con mayoría absoluta, es decir, cuando alcanza más del 50% de los votos válidos, o con mayoría relativa al superar el 40% si la diferencia con su más cercano competidor es de al menos el 10%. Ambos supuestos fueron claramente superados por el MAS en las dos elecciones. Abunda información suficientemente documentada que refuta el bochornoso informe final de la OEA sobre las elecciones presidenciales de Bolivia de octubre de 2019. En aquel documento la OEA sentenciaba como irregulares los resultados de 86 recintos electorales que en conjunto dieron una ventaja del 91,6% al MAS. En esta última elección, en esos mismos recintos, el MÁS amplió su ventaja al 97%, hecho contundente que certifica que nunca ocurrió fraude. Los bolivianos le dijeron a la OEA y al mundo: ¿Quieren MAS?

Tal como lo reconoce la comunidad internacional esta nueva y aplastante victoria del MAS, que alcanzó el 55.1% de la votación, supera su propia marca del año anterior cuando logró el 47% de votos válidos. En aquella oportunidad también derrotó al candidato Carlos Mesa que obtuvo en 2019 el 29.3%. En esta última elección el MAS amplió la abismal distancia contra el mismo perdedor, quien apenas llegó al 28.83%.

Esta reiterada victoria reivindica la legitimidad política y democrática del MAS y del liderazgo de Morales, derrumbando estrepitosamente la macabra tesis de fraude electoral alevosamente creada por Almagro y la OEA, razón suficiente para exigir su inmediata renuncia como Secretario General por carecer de moralidad notoria para conducir esa organización, nacida para lograr en sus Estados Miembros, tal como lo estipula el Artículo 1 de su Carta de fundación, “un orden de paz y de justicia, fomentar su solidaridad, robustecer su colaboración y defender su soberanía, su integridad territorial y su independencia”.

El presidente electo, Luis Arce, posee amplia experiencia y sólidas credenciales: economista y catedrático de la Universidad Mayor de San Andrés en La Paz, Máster de la Universidad Británica de Warwick, dieciocho años en el Banco Central de Bolivia, así como ministro de economía y finanzas en dos periodos durante los exitosos gobiernos de Evo Morales.


El reto de la reconstrucción social y económica de Bolivia es grande, sobre todo por la grave crisis política, desestabilización y violencia ante la represión del gobierno de facto, los militares y policías que actuaron contra amplios sectores que apoyaron al proyecto del MAS y el rescate de la constitucionalidad. El reto se amplía por los graves efectos de la Covid19, que los expertos han considerado inapropiadamente manejados. Bolivia después de haber alcanzado estabilidad política y social y una de las mayores tasas de crecimiento económico de 4.5%, hoy enfrenta un desplome del 6,5% del PIB debido a la pérdida de capacidades productivas, desempleo y un número todavía incierto de familias afectadas por la violación de derechos humanos.

La mayor garantía del éxito de Arce será su estrecha relación con los pueblos originarios y sectores más desposeídos y su liderazgo para el llamado y construcción de la unidad nacional, así como el fortalecimiento democrático de aquel Estado Plurinacional que vivió una crisis que puso al descubierto los peligros que ciernen en cualquier sociedad ante el fenómeno de regresión autoritaria y manipulación política sobre las Fuerzas Armadas y cuerpos policiales.