Es famosa la franquicia estadounidense “Aunque usted no lo crea, de Ripley”, creada en 1918 por el talentoso Robert Ripley, en la que dibujaba magistralmente acontecimientos extraños y curiosos acaecidos en el planeta. En El Salvador también tenemos eventos excepcionales que bien podrían engrosar esa franquicia.

Opinión

Aunque usted no lo crea…

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 6, noviembre 2017 • 12:00 am

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Es famosa la franquicia estadounidense “Aunque usted no lo crea, de Ripley”, creada en 1918 por el talentoso Robert Ripley, en la que dibujaba magistralmente acontecimientos extraños y curiosos acaecidos en el planeta. En El Salvador también tenemos eventos excepcionales que bien podrían engrosar esa franquicia.

Aunque usted no lo crea, la actual gestión gubernamental consiente a un ministro golpista en ciernes, a quien “le gustaría declararse en estado de rebeldía con todo y estamento militar”, por estar en desacuerdo con las decisiones de la Sala de lo Constitucional a cuyos integrantes considera ignorantes en temas de seguridad nacional. Las declaraciones del ministro conocido como “botas virgas”, implican una rotunda y peligrosísima involución, propias de los tiempos golpistas a los que nadie desea volver.

Aunque usted no lo crea, también un empresario que aspira a ser presidente por un partido de oposición conservador, hace poco expresó: “muchos gobernantes y políticos se han olvidado de lo que nuestra gente necesita y están más enfocados en sus necesidades que en las de la gente”. Valiente aseveración tomando en cuenta que durante dos décadas su partido hegemonizó el poder total. Pero se entiende que en precampaña uno busca distanciarse de lo que le causó daño al país.

Aunque usted no lo crea, el Fiscal General dijo desde Panamá, en relación con el caso “Odebrecht”, que ha salpicado de corrupción a varios gobiernos del continente, que el accionar de ese grupo empresarial corrompió el sistema de contratos y también a la clase política salvadoreña. Casualmente, el mismo día que lo expresó alguien solicitó a la Sala de lo Constitucional que anulara su elección. Uno de los principales sujetos investigados en este caso es el malhadado Funes, quien por recomendación expresa de su impoluto partido, reside en Nicaragua… por el momento.

Aunque usted no lo crea, la Sala de lo Constitucional, a la que he considerado una instancia seria desde el punto de vista jurídico, pero algunas veces incoherente políticamente hablando, ha desatado un innecesario conflicto convirtiéndose en la vanguardia (y peligroso obstáculo a la vez) de quienes buscan limitar el acceso a la información pública a todos, léase bien, todos los ciudadanos. Eso sienta una espantosa discrecionalidad que permitiría a los funcionarios públicos negar información a la ciudadanía, en caso que la consideren superflua; que los distrae de sus funciones; cuando estimen que tal solicitud tiene la intención de obstaculizar el trabajo de sus entidades o que la información solicitada haya sido generada por funcionarios que fungieron con anterioridad a los actuantes. Lo que ha hecho la Sala es espeluznante, al deshacer con los pies lo que con bastante trabajo moldearon con sus manos. Este último caso engrosaría la serie de Ripley, porque habrían cosas que quedaría al arbitrio de un funcionario determinar (según su regalada gana o conveniencia) respecto a cuándo una información es superflua o no, lo que estaría favoreciendo la opacidad, además de obligarnos a pensar que los actuales magistrados están “matando su chucho a tiempo” porque van de salida y no les gustaría recorrer el camino de otros ex colegas. Aunque usted no lo crea, con ese blindaje que hoy se receta la Sala de lo Constitucional le abre puertas a la discrecionalidad, a la opacidad y a la impunidad. De ahí el choque entre la Sala, el Grupo Promotor y el Instituto de Acceso a la Información Pública.

Aunque usted no lo crea, dos diputadas y dos diputados de la Asamblea Legislativa fueron nombrados recientemente como “Embajadores por la Paz”. A las dos diputadas se les pide que gestionen ante sus partidos que cambien sus himnos y marchas, pues reflejan odio, tumba, revolución y muerte. Al tercero se le solicita no andar pidiendo pena de muerte o que se armen las comunidades, pues eso es absolutamente incompatible con el reparto de biblias. Y al cuarto, simplemente se le felicita por el galardón.