Aunque hay quienes aún insisten en negarlo el planeta y sus recursos han sido la moneda de cambio de los procesos de “desarrollo” de la humanidad, como consecuencia, actualmente enfrentamos muchos problemas ambientales. Uno de los mayores desafìos globales es hacer frente al cambio climático, entendiendo este como un cambio del clima que se atribuye directa o indirectamente a la actividad humana y que se suma a variabilidad climática que naturalmente ocurre con el paso del tiempo. El cambio climático es cada vez más evidente, se pone de manifiesto en fenómenos meteorológicos y climáticos extremos y cada vez más frecuentes alrededor del mundo: olas de calor, incremento en las precipitaciones, sequías y ciclones tropicales.

Opinión

Aún es posible

Lourdes Molina Escalante / Economista sénior Icefi @lb_esc

jueves 19, agosto 2021 • 12:00 am

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Aunque hay quienes aún insisten en negarlo el planeta y sus recursos han sido la moneda de cambio de los procesos de “desarrollo” de la humanidad, como consecuencia, actualmente enfrentamos muchos problemas ambientales. Uno de los mayores desafìos globales es hacer frente al cambio climático, entendiendo este como un cambio del clima que se atribuye directa o indirectamente a la actividad humana y que se suma a variabilidad climática que naturalmente ocurre con el paso del tiempo. El cambio climático es cada vez más evidente, se pone de manifiesto en fenómenos meteorológicos y climáticos extremos y cada vez más frecuentes alrededor del mundo: olas de calor, incremento en las precipitaciones, sequías y ciclones tropicales.

La preocupación en torno al cambio climático data de hace varias décadas, con estudios científicos que empezaron a señalar las emisiones de gases de efecto invernadero generadas por la actividad humana como responsables del calentamiento global. En 1988 se creó el Grupo Intergubernamental de Expertos sobre el Cambio Climático (IPCC) de la Organización de las Naciones Unidas, que hoy por hoy es la máxima autoridad científica en la materia. Desde esa fecha el IPCC ha realizado cinco evaluaciones integrales desde las perspectivas científicas, técnicas y socioeconómicas sobre el cambio climático, sus causas, sus posibles consecuencias y estrategias de respuesta. Y la semana pasada publicó la primera parte de su Sexto Informe de Evaluación (IE6): «Cambio Climático 2021: Bases físicas».

El informe es explícito en señalar que la influencia humana ha calentado la atmósfera, el océano y la tierra; produciendo cambios rápidos y generalizados en el sistema climático, muchos de estos cambios no tienen precedentes en la historia de nuestro planeta y algunos, como los cambios en el océano y el nivel global del mar, son irreversibles. Es decir, hasta la fecha, como humanidad hemos sido incapaces de actuar a tiempo, ni siquiera porque es nuestra propia existencia y bienestar lo que está en juego.

La evidencia científica contenida en el informe muestra que la temperatura de la superficie global continuará incrementando hasta al menos mediados de siglo y la temperatura global aumentará más alla de los 1.5°C y 2°C (metas establecidas en las agendas internacionales de desarrollo, incluyendo el Acuerdo de París) durante el siglo XXI. Es decir, como consecuencia de nuestra inacción pasada, incluso si a partir del día de hoy todos los países redujeran radicalmente sus emisiones, durante las próximas dos, e incluso tres, décadas el planeta continuará calentándose y los fenómenos climáticos serán cada vez más extremos y más frecuentes.

En el caso particular de la región centroamericana, el informe del IPCC señala que como efecto del cambio climático se observa un incremento de la aridez de los suelos, así como de la insuficiencia de agua para los cultivos (sequía agrícola) y déficit prolongado y generalizado del suministro de agua natural (sequía ecológica). Incluso, en los próximos años es muy probable que continúe el aumento relativo del nivel del mar en los océanos que rodean a la región, lo que muy probablemente contribuirá a un aumento de las inundaciones en las zonas costeras bajas y un  retroceso de la línea costera en la mayoría de las costas arenosas. Y por si eso fuera poco, también se espera que las condiciones que propician los incendios también incrementen.

El panorama climático es muy poco alentador,  pero el informe del IPCC  también señala que la oportunidad de revertir el curso, aunque pueda parecer improbable, científicamente, aún es posible. Desde una perspectiva eminentemente de las ciencias físicas, limitar el calentamiento global derivado de la actividad humana requiere, que en las próximas décadas, se reduzcan significativamente las emisiones de gases de efecto invernadero, incluyendo las de CO2, para las que la meta a cumplir debiera ser al menos cero emisiones netas. Pero las alternativas científicamente viables, para convertirse en realidad requieren voluntad política, por ello es impostergable que los Estados asuman el liderazgo de una acción climática efectiva  que sea acompañada por los diferentes sectores de la sociedad. Enfrentar el desafío del cambio climático requiere que, aunque de manera diferenciada, todas y todos asumamos nuestras responsabilidades.