Raúl Ernesto era un destacado ingeniero civil con dos especialidades, casado y con tres hijos profesionales, vivía en una colonia de clase media con sus comodidades producto de su trabajo. Tenía 52 años de edad y una condición atlética envidiable, hacía una o dos horas diarias de ejercicio en un gimnasio y cada año se hacía una revisión médica de rigor. Era un tipo saludable, nada de diabético, hipertenso o cualquier enfermedad crónica o degenerativa. Ni lentes usaba.

Opinión

Ante el Covid-19 no bajemos la guardia

Jaime Ulises Marinero / Periodista @ulisesmarinero

martes 12, octubre 2021 • 12:00 am

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Raúl Ernesto era un destacado ingeniero civil con dos especialidades, casado y con tres hijos profesionales, vivía en una colonia de clase media con sus comodidades producto de su trabajo. Tenía 52 años de edad y una condición atlética envidiable, hacía una o dos horas diarias de ejercicio en un gimnasio y cada año se hacía una revisión médica de rigor. Era un tipo saludable, nada de diabético, hipertenso o cualquier enfermedad crónica o degenerativa. Ni lentes usaba.

La semana pasada me encontré a un amigo en común quien me dio la triste y desconsoladora noticia. Raúl Ernesto había fallecido a finales de septiembre  pasado por las graves complicaciones del Covid-19. Su esposa Margarita y sus hijos Raúl Julián, Rosa Margarita y Lucy Margoth no pudieron despedirse de su padre como hubiesen querido porque fue enterrado con los protocolos correspondientes. Del hospital al cementerio.

Mi amigo ya había recibido las dos dosis de inyecciones contra el Covid-19 y se cuidaba mucho. Su esposa me contó que siempre andaba con mascarilla y que a cada momento se lavaba con alcohol gel. En su hogar seguían todas las recomendaciones para evitar contagiarse. No obstante, se contagió. Su ahora viuda supone que se contagió en el gimnasio o en su lugar de trabajo. Ella y sus hijos resultaron negativos.  Ya Raúl Ernesto descansa en paz. Fue una valiosa vida la que se acabó. Supe que en sus últimos días sufrió mucho, desde que lo hospitalizaron no volvió a ver a su familia. Tuvieron que entubarlo y mantenerlo con respiración artificial. El día de su deceso oficialmente murieron doce salvadoreños y cientos o miles se contagiaron. A estas alturas ya uno no sabe si creer o desconfiar en las cifras que se brindan oficialmente.

A veces no podemos hacer mucho para evitar los contagios, pero tenemos que tratar de evitarlos. Las dos dosis no evitan que nos contagiemos, empero en muchos casos, genera que si nos contagiamos los síntomas que se presentan no sean tan letales. En otras palabras, si ya tenemos las dos dosis, la posibilidad de morir por el Covid-19 disminuye en un alto porcentaje. Hay que acudir a los centros de vacunación y someternos al proceso. Incluso ahora ya podemos recibir la tercera dosis. En lo personal pienso que la vacunación debería ser obligatoria.

Vacunarnos ayuda muchísimo, pero no basta con ello, por razones de conciencia social tenemos que tomar todas las medidas de prevención que sean necesarias. Tampoco podemos asumir que ya no nos vamos a enfermar porque ya nos inmunizamos al habernos contagiado una vez. Conozco casos de personas que meses después de haberse contagiado han vuelto a adquirir el virus y en algunos casos de manera fatal.

Sigamos usando el alcohol gel y las mascarillas y en nuestros hogares mantengamos las medidas higiénicas necesarias, pero sobretodo evitemos, si no es necesario,acudir a concentraciones masivas de personas y procuremos siempre mantener el distanciamiento social. Es incomodo andar con mascarilla, pero es muchísimo más problemático estar en cuarentena por estar positivo o estar hospitalizado al borde de la muerte. El solo hecho de perder el gusto y el olfato ya es fastidioso. Recordemos que con tanta variante del virus, los síntomas cada vez son diferentes y en algunos casos hasta pueden pasar desapercibidos, lo que nos convierte en potenciales contaminantes. Lo peor es que podemos contagiar a personas con enfermedades crónicas, a gente de la tercera edad o a semejantes que no resistan al virus.


Hay cientos de miles de personas que no pueden evitar estar en concentraciones, por ejemplo los que a diario abordan el transporte colectivo, principalmente en las horas pico. Subamos bien protegidos y al llegar a casa o al trabajo sigamos el protocolo de prevención. Si nos contagiamos podemos afectar a otros y el efecto multiplicador es devastador.

 

No bajemos la guardia. Si nos respetamos y respetamos a los demás podemos sobrellevar esta enfermedad que ha venido para quedarse. Nosotros pongamos de nuestra parte y dejemos que los científicos y quienes tienen el poder y la sabiduría para contrarrestar la enfermedad hagan lo suyo. Llegará el día en que la humanidad supere al virus, pero por el momento protejámonos y evitemos ser foco de contagios.  Por ahora agradezcamos a las enfermeras, médicos, paramédicos y personal de primera fila que se sacrifican y de manera diligente hacen su trabajo para arrebatarle vidas al Covid-19. Recemos (oremos) por quienes ya fallecieron por culpa de la enfermedad y seamos muy responsables cumpliendo las medidas de prevención. No bajemos la guardia.