El pasado martes, me invitaron a participar en un prestigioso y popular programa de televisión. El tema que se nos invitaba a discutir se centraba en las alternativas, si es que hay, al confinamiento en el control de la epidemia de covid-19. Por supuesto, que el tiempo con tres panelistas y las necesarias interrupciones de los anuncios publicitarios, nos dejaron con hambre de seguir discutiendo, por lo menos a mí. Por ello, persisto a través de esta columna.

Opinión

Amplificadores de la prevención

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo

martes 11, agosto 2020 • 12:00 am

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El pasado martes, me invitaron a participar en un prestigioso y popular programa de televisión. El tema que se nos invitaba a discutir se centraba en las alternativas, si es que hay, al confinamiento en el control de la epidemia de covid-19. Por supuesto, que el tiempo con tres panelistas y las necesarias interrupciones de los anuncios publicitarios, nos dejaron con hambre de seguir discutiendo, por lo menos a mí. Por ello, persisto a través de esta columna.

Unos días después, el Doctor Anthony Fauci, máxima autoridad de enfermedades infecciosas en los Estados Unidos, declaró en una entrevista a la revista Político, que esa nación podía resistir al covid-19 sin tener que echar mano de un confinamiento general. Ya es de todos conocido, que las mayores disrupciones en el campo económico, educación y salud durante esta pandemia no son producidas por el virus sino por las estrategias que se están utilizando para combatirlo.

De acuerdo con un estudio publicado por CEPAL-OPS (Salud y Economía: una convergencia necesaria para enfrentar el covid-19 y retomar la senda hacia el desarrollo sostenible en América Latina y el Caribe), esta pandemia y sus derivados disminuyen el Producto Interno Bruto (PIB) de la región en 9 puntos porcentuales, aumenta el desempleo en 66%, elevando el número de personas sin empleo a más de 44 millones. Con el efecto neto, que, en nuestra región de América Latina, 45 millones de personas más se encontraran al final del 2020 en situación de pobreza. En fin, un atraso en nuestro desarrollo nunca visto, de más de dos décadas.

Por otro lado, la disrupción sostenida de la educación de nuestros jóvenes se prevé que tendrá un fuerte impacto en nuestra capacidad para recobrarnos de esta debacle. Y para terminar de arruinarnos el pastel, la disrupción de servicios clínicos rutinarios aumentara sustancialmente la mortalidad por otras enfermedades, igual o más que la mortalidad por el covid. Por ejemplo, El Salvador hoy reporta 513 fallecimientos por covid-19, y al ritmo que vamos probablemente lleguemos a final de año, con mil muertos; por el contrario, cada año el MINSAL reporta casi 17 mil fallecimientos por enfermedades crónicas como enfermedades cardiovasculares, cáncer, insuficiencia renal, y diabetes. Con la disrupción de los servicios de salud por el covid, estos fallecimientos ineludiblemente aumentaran.

¿Pero qué podemos hacer para evitar los confinamientos sin empeorar la epidemia en nuestro país?

Indudablemente, y según los últimos reportes científicos y las experiencias de países que han logrado contener esta potente máquina de transmisión y alta virulencia, la unidad de todos los sectores de la población es una condición determinante. No podemos enfrentar esta epidemia, si continuamos con conflictos y discusiones estériles, que lo único que logran es desviar nuestra atención de lo central a lo periférico.


Esta es una crisis de salud pública, sin precedentes en los últimos 100 años. La politiquería tiene que marginarse y posponerse para tiempos más estables y seguros. Si esto continua, el daño que nuestros políticos le harán a nuestro país será irreparable. Para que el país logre solventar satisfactoriamente esta crisis multisectorial, sin malograr nuestra economía y medios de subsistencia, las medidas para contener la epidemia tienen que ser implementadas en dos niveles: personal y estatal.

En el nivel personal o individual, hay seis intervenciones de salud pública fundamentales: utilización universal de mascarillas (cubrebocas) y caretas (para protección ocular), barreras protectoras para trabajadores con alto contacto social (por ejemplo, trabajadores de supermercados), etiqueta respiratoria, autoaislamiento cuando con síntomas respiratorios o fiebre, estricta limitación de reuniones familiares y públicas, y realizar actividades predominantemente al aire libre.

En el nivel estatal, las intervenciones de contención tienen que centrase en la estrategia de Testeo-Rastreo-aislamiento/cuarentena. Estas intervenciones, dado las limitaciones de equipo y personal, tendrían que focalizarse en aquellos departamentos y municipios con alta densidad poblacional (Gran San Salvador, La Libertad, San Miguel, Santa Ana), poblaciones con alta dificultad para el rastreo de contactos (personal de primera línea salud y servicios), poblaciones con alto hacinamiento domiciliar, y poblaciones con riesgo de enfermedad grave y muerte. En numerosas ocasiones se me ha dicho, que la población de El Salvador no es lo suficientemente educada ni disciplinada para poder contener la epidemia sin encierro. No olvidemos señores y señoras, hace 40 años, El Salvador logró levantar uno de los movimientos sociales más disciplinado del mundo. Un movimiento que logró enfrentarse y contener la agresión violenta tanto interna como externa. El pueblo salvadoreño lo hizo entonces, y estoy seguro de que, con un buen liderazgo, hoy sí se puede!