Construir democracia no ha sido fácil, sobre todo cuando quienes han gobernado han creído que esta se resumía en hacer elecciones, donde los intereses de las mayorías no eran los prioritarios. Desde finales del siglo XIX las élites gobernantes de la época post colonial se empacharon a costa del pueblo. El diseño de la superestructura jurídico-política, la estructura social y la infraestructura económica favoreció a unas pocas pero influyentes familias. Negar el “Modelo Agroexportador” sería un chiste. Aun así, con frágil educación, poca cultura, pésima salud, bajísimos salarios y apurados por el hambre, la mano de obra de este pueblo creó riqueza, sin que los gobernantes invirtieran en su salud o en su educación.

Opinión

Al TSE, a los votantes y a los partidos

Jorge Castillo / Politólogo

lunes 5, febrero 2018 • 12:00 am

Compartir

Construir democracia no ha sido fácil, sobre todo cuando quienes han gobernado han creído que esta se resumía en hacer elecciones, donde los intereses de las mayorías no eran los prioritarios. Desde finales del siglo XIX las élites gobernantes de la época post colonial se empacharon a costa del pueblo. El diseño de la superestructura jurídico-política, la estructura social y la infraestructura económica favoreció a unas pocas pero influyentes familias. Negar el “Modelo Agroexportador” sería un chiste. Aun así, con frágil educación, poca cultura, pésima salud, bajísimos salarios y apurados por el hambre, la mano de obra de este pueblo creó riqueza, sin que los gobernantes invirtieran en su salud o en su educación.

A mediados del siglo pasado, esa mano de obra estuvo al servicio del “modelo de industrialización por sustitución de importaciones”. Infortunadamente, esto no produjo la ampliación de empleos deseada ni los salarios dignos necesitados. Por tanto, persistieron las desigualdades en la distribución del ingreso y la riqueza producidos.

La inconformidad social creció en forma directamente proporcional a la represión, imposición, fraudes electorales y cierre de espacios políticos. La insurgencia entró a una fase de clandestinaje organizacional  en la década de los 70, luego vino la guerra  de los 80, hasta alcanzar la “falsa paz” del 92.

Quienes se propusieron cumplir con los objetivos del “modelo neoliberal” (ordenar y hacer crecer la economía, reducir el déficit fiscal, deuda pública e inflación y aumentar el empleo) fracasaron por no considerar un pequeñísimo detalle: la expulsión de  miles de compatriotas (atizada por ambas extremas) tras el sueño americano. Se creó una economía remesera y consumista. Después de gobernar 20 años, ARENA perdió todo el poder político. Luego, miles de incautos creyeron en que el FMLN mejoraría el país, cuidándose de darse color como marxistas leninistas porque secuestrar, destruir y matar, jamás han sido sinónimos de gobernar. Por eso llevaron como candidato al bachiller.

Lo curioso es que ambas extremas tienen cosas en común. La corrupción es una.  El último presidente de la derecha está preso y el primer presidente de la izquierda anda huyendo. Ambas, mantienen una altísima polarización política porque aseguran su voto fanatizado. Ambas, pactaron en su momento con las pandillas. Ambas fracasaron en erradicarlas. Ambas consienten el nepotismo. Ambas copan  y/o manipulan instituciones estratégicas, para combatir la corrupción para encubrir a corruptos y corruptores. (Cualquier parecido con el ente fiscalizador o Probidad es pura coincidencia).

Pero dentro de poco, tendremos la oportunidad de hacer ajustes legislativos y municipales para que los que elijamos coadyuven con propuestas pragmáticas y positivas para construir un mejor país. Por eso es vital votar por rostro, por número de casilla.


Concluyo con tres llamados:

1º) Al TSE. Construyan democracia. Con la debida anticipación, publiquen en los periódicos las papeletas de votación para que la ciudadanía vea el rostro del candidato, el número de casilla que ocupará y llegue a votar sin confusión alguna.

2º) A los votantes. Escuchen con atención lo que digan los candidatos. Que los entrevistadores muestren más agudeza y  profesionalismo, trasladándoles las inquietudes del pueblo: ¿Cómo van a cumplir sus promesas electorales? ¿Cuándo? ¿Quiénes los financiarán? Así, podremos reconocer a los que polarizan en todo, a los demagogos (que dicen que renunciarán a todos los privilegios del puesto) a los populistas, a los  mañosos (auto-delatados por sus nuevos estilos de vida y sus nuevas mansiones) pero también a quienes de verdad evidencien estar preparados para el puesto (como diputados o alcaldes).

3º) A los partidos políticos. Recuerden que en el 2018 no vamos a elegir a ningún presidente, por tanto, no permitan que sus presidenciables metan sus narices haciendo campaña como si ellos fueran los candidatos a alcaldes o  diputados. Si siguen con esa práctica, sus partidos seguramente lograrán tener más diputados y alcaldes, pero todos serán mediocres, pues los electores no conocerán ni sus capacidades ni sus propuestas.