La semana recién pasada se dio un acontecimiento inédito. Aunque no el primero de esta administración, pero si el proceso de la interpelación o consulta hacia un funcionario castrense sobre el ejercicio de sus funciones de acuerdo al Art. 86 de la Constitución, en la historia de la institución armada. El ejercicio de esta facultad legislativa no dejo de ser un acontecimiento para propios y extraños, seguidores y detractores, civiles y militares, funcionarios y empleados.

Opinión

Ad Iuris Officium. (El Trabajo del Abogado) Con ello creó las cuatro paredes de la trinchera. Parapeto del cual su inquirido no debía salirse, por nada y ante nada...

Hugo E. Fonseca A. / Abogado y militar

jueves 27, agosto 2020 • 12:00 am

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La semana recién pasada se dio un acontecimiento inédito. Aunque no el primero de esta administración, pero si el proceso de la interpelación o consulta hacia un funcionario castrense sobre el ejercicio de sus funciones de acuerdo al Art. 86 de la Constitución, en la historia de la institución armada. El ejercicio de esta facultad legislativa no dejo de ser un acontecimiento para propios y extraños, seguidores y detractores, civiles y militares, funcionarios y empleados.

Hubo muchísimos errores evidentes y el soberano elector será el mejor juez, junto con la historia. El resto quedará en la conciencia de cada uno y en los análisis posteriores. Pero hay algo de reconocer y encomiar, el papel del asesor jurídico del interpelado.

El abogado tiene la responsabilidad de proteger y auxiliar a su representado o inquirido, en la causa que lo requiera. Y este brillante colega y amigo, fue el único en valor de demandar la conformación de la Sala de lo Constitucional, ante la Sala de lo Contencioso Administrativo, como apoderado de dos personas procesadas por un caso al norte de Morazán, proceso con referencia 525-2016 de lo Contencioso administrativo.

Por ende, debió de leer, estudiar y analizar las preguntas, conocer la profundidad de las mismas. Establecer una estrategia de respuestas, ante todo preparar y ensayar con su consultante.

Este capaz abogado/asesor presupongo, debió realizar su examen a las 17 preguntas del cuestionario, que en realidad se volvían 25 con las subconsultas insertadas. Me imagino que pudo llegar a los siguientes resultados: 1.- La primera pregunta es cerrada que, con un simple NO, estaba respondida. 2.- Nueve preguntas utilizan el vocablo OPERACIÓN, por lo que presentar la definición de este concepto desde un diccionario militar, desbarataría las nueve preguntas. 3.- Cinco preguntas que presentan hipótesis, por lo que, ante hechos futuros e inciertos, no es posible reconocer o manifestar algo. 4.- Existen dos preguntas repetidas, la 7 y la 8, y que ambas ya estaban fuera por el vocablo OPERACIÓN. 5.- Una pregunta con relación a un mensaje del Director de la Policía Nacional Civil, por lo cual era impertinente. 6.- Quedando solo nueve preguntas a contestar y que, su redacción permita un amplio margen de acción.

Así este abogado/asesor estructuró su estrategia: 1.- No existió operación, ya que no se apega a lo establecido en el diccionario militar. 2.- Las acciones fueron realizadas por el Estado Mayor Presidencial. 3.- El propósito e intención solo fue la protección del mandatario. 4.- Situaciones hipotéticas, no pueden ser respondidas.


Con ello creó las cuatro paredes de la trinchera. Parapeto del cual su inquirido no debía salirse, por nada y ante nada. La repetición y presentación de estos cuatro pilares de defensa, era la protección perfecta ante cualquier embestida y su abogado/asesor estaba a su lado para realizar ajustes sutiles que, ante algún imprevisto debía realizar. El interpelado solo será el transmisor del arte que el abogado había planeado, esbozado, creado y escrito, cual obra de literaria de Gabriel García Márquez.

Dentro de las aulas de las escuelas castrenses, se dice “Los Generales son los que escriben la doctrina”. En este caso no fue así, se ha establecido una doctrina jurídico militar a que respetuosamente le denomino “La Doctrina de los cuatro ases”, en la cual se plantean cuatro elementos con o sin relaciona alguna entre ellos, donde uno será: que lo futuro e incierto no puede ser demostrado o respondido, no saliéndose de ellos como estrategia de defensa.

Así la institución puede contar con esta doctrina, ya comprobada y con antecedentes de propios miembros, para sus defensas en los procesos internos de intimación.