Una mancha negra recorre desde el norte de Sudamérica, y se hace cada vez más grande en la medida que avanza hacia el tan anhelado paraíso del norte. Y no es negra por el color de piel de los pobres haitianos que huyen de su bicentenaria miseria, marginación y desesperanza, sino porque negra es su suerte, negro su futuro y negro el camino en el cual van sufriendo violaciones, torturas, robos, muerte…y aparte de los noticieros, a nadie le importa.

Opinión

Abdulrazak Gurnah y el grito de los que tuvieron que partir Leer a Gurnah es imperativo para los políticos que saben leer, porque no hay forma más exquisita, aleccionadora, intelectualmente profunda, que una novela bien escrita para llegar al fondo de la mente humana…

Carlos Alvarenga Arias / Abogado @CarlosEAlvaren

martes 12, octubre 2021 • 12:00 am

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Una mancha negra recorre desde el norte de Sudamérica, y se hace cada vez más grande en la medida que avanza hacia el tan anhelado paraíso del norte. Y no es negra por el color de piel de los pobres haitianos que huyen de su bicentenaria miseria, marginación y desesperanza, sino porque negra es su suerte, negro su futuro y negro el camino en el cual van sufriendo violaciones, torturas, robos, muerte…y aparte de los noticieros, a nadie le importa.

El flamante ganador del Premio Nobel de Literatura, ha sido una voz -por más de 30 años- de los que huyen de su país por diversas razones, aunque su principal tema en su corta producción novelística (diez), ha sido poner en la cara del lector el drama humano de las colonias africanas. Ambas tragedias puestas en escena en el teatro de la vida real, han sido sus temas.

Yo no he leído ni un libro de él, ni siquiera lo había escuchado mencionar jamás en mi vida, pero ahora la Academia nos pone a la vista -en el altar de la inmortalidad- a esta voz en el desierto a favor de los desarraigados.

A los haitianos de nada les sirvió que en su tierra se haya dado la primera intentona independentista del Nuevo Mundo. El ímpetu, la sangre, la valentía y el esfuerzo no sirvieron para nada, quedó allí y se fue en el desagüe de la historia.

Abdulrazak Gurnah deja ver en sus personajes e historias que los nacionales de los territorios gobernados por extraños que llevan más arma, fuego, y represión, dejan un profundo vacío existencial en los habitantes originarios, a lo cual se suma el choque de civilizaciones tan dispares acopladas por la fuerza de la necesidad. Mucho más allá de lo cultural, de lo sentimental, incluso la vergüenza de ser invadidos y no poder hacer nada, existe una hecatombe en la psiquis de los que son sometidos, toda la estructura mental que servía para la seguridad emocional, se ve desbaratada, y reconstruida con pedazos heterogéneos.

Los haitianos no están solos en este éxodo dramático. Toda Latinoamérica está queriendo huir hacia otros países fuera de acá. Venezolanos, argentinos, ecuatorianos, todos los centroamericanos (con menor medida los costarricenses), y ni se diga los mexicanos, por mucho que henchidos del pecho griten “México bonito y querido”. Sí, muy bonito, pero allí te dejo.


Latinoamérica es un gran país que cada vez se está africanizando más y más. El desvío del camino fue tan radical que parece hasta dramático.   Cada vez más ganan locos autoritarios que creen que el país es su finca, y en los peores casos, así se convierte, antes, de forma colegiada, como fueron los militares en varios países, el PRI o el Partido Colorado para México y Paraguay, respectivamente; y ahora, con la Kirchner, Bolsonaro, Juan Orlando Hernández, Nayib Bukele, como lo fue no hace mucho Fujimori, o ineptos total como Ernesto Samper, AMLO o Sánchez Cerén.

Leer a Gurnah es imperativo para los políticos que saben leer, porque no hay forma más exquisita, aleccionadora, intelectualmente profunda, que una novela bien escrita –mucho más que documentales, tratados o reportajes-, para llegar al fondo de la mente humana y descubrir a plenitud todo el drama de una situación específica. De allí que esa maestría sea premiada.

Las caravanas que siguen y siguen saliendo de nuestra región son causa parte, de una herencia español, mestiza, india, y todo el estallido que significó; pero también de la ineptitud, la falta de educación, el hambre por la fama y la riqueza de dos siglos de generaciones de gobernantes y empresarios.

Esas caravanas de nuestros migrantes no son otra cosa sino un total rechazo a los políticos y empresarios, y el inicio de un choque, otra vez, de culturas con la hecatombe psicológica y social que implica.