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A cinco años de la muerte de Johan Cruyff, leyenda de Holanda y el Barca Se cumplen cinco años de la muerte de Cruyff y una nueva biografía repasa todos los detalles de la vida del 'Flaco'.

Redacción Deportes

miércoles 24, marzo 2021 • 8:53 am

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Este miércoles, 24 de marzo, se cumple el quinto aniversario de la muerte de Johan Cruyff, el hombre que transformó la filosofía del Barça y cuya semilla contribuyó también a que la selección española viviese los mejores años de su historia.

La reciente publicación de su biografía, titulada 'Johan Cruyff. Siempre al ataque' (Geoplaneta), con prólogo de Ramon Besa y firmada por el holandés Auke Kok, invita a repasar algunos de los aspectos más sorprendentes y desconocidos de Cruyff y a viajar a sus orígenes. Así se fraguó su mito:

 

Johan y su padre

Johan Cruyff nació y vivió sus primeros años en Betondorp (‘pueblo de hormigón’, en holandés), un barrio obrero a las afueras de Amsterdam, justo enfrente del estadio del Ajax. Sus padres se instalaron en el barrio en 1945, dos años antes del nacimiento de Johan, procedentes del distrito de Jordaan.


Tenían una tienda de frutas y verduras. El padre de Johan, Manus, se hizo seguidor del Ajax cuando se mudó al barrio de Betondorp –inicialmente era del Blauw Wit, donde había jugado su hermano Dirk- e incluso se convirtió en el proveedor oficial de frutas y verduras del club. Manus siempre estuvo convencido de que Johan acabaría jugando en el Ajax. En Navidad, Johan y su hermano Henny siempre recibían algún regalo relacionado con el club.

Johan sentía una admiración absoluta por su padre: Manus era un tipo extrovertido, buen conversador y no demasiado autoritario. Tenía un ojo de cristal, fruto de un accidente con una honda cuando era niño, que le eximió de cumplir el servicio militar y de luchar en la Segunda Guerra Mundial. Precisamente durante el conflicto se había dedicado a ayudar a judíos que se habían escondido en el barrio de Jordaan.

“Durante toda su vida, Johan habló de su padre, incluso creía que estaba ahí, de alguna manera, para ayudarlo", cuenta Auke Kok

Por eso, la muerte de su padre supuso un durísimo golpe para Johan: en el verano de 1959, Manus falleció de un infarto a los 45 años. Fue enterrado junto al estadio del Ajax. Johan solo tenía doce años. Durante toda su juventud, Johan hablaba con su padre. “Vamos tirando, aunque mamá tiene que trabajar mucho”, decía. Años después, el encargado de mantenimiento del Ajax, Henk Angel, se enamoró de la madre de Johan, Nel, y se convirtió en padrastro.

“La muerte de su padre forjó su carácter”, explica desde Holanda Auke Kok, el autor de la biografía de Cruyff. “Durante toda su vida, Johan habló de su padre, incluso creía que estaba ahí, de alguna manera, para ayudarlo. Era una relación mítica, casi religiosa.

En la parte final de su carrera, Johan creía que había un Dios que lo ayudaba; un Dios que no tenía por qué ser algo puramente religioso, sino una presencia sobrenatural que podría ser su padre. Repasando su vida, su psicología, su manera de hablar y de comportarse descubrí que su vida fue, en muchos aspectos, tan intensa como complicada”.

 

Johan y sus maestros

Cruyff estableció en Barcelona una filosofía futbolística que sigue muy viva. ¿Pero dónde aprendió Johan esos conceptos, esa idea del juego? En el fútbol de la calle y sobre todo, en las categorías inferiores del Ajax.

Quizás el nombre más destacado que cabe reseñar entre los maestros de Cruyff fue el de Jan van der Veen, entrenador de juveniles del Ajax

Fue el entrenador inglés Jack Reynolds quien, en la década de los 30, introdujo en el club holandés la cultura del toque y la combinación. Esa cultura del club cuajó: la revista oficial del Ajax criticaba sin complejos cualquier planteamiento conservador o defensivo, como le ocurrió al entrenador del primer equipo, Karl Humenberger, en 1957.

Pero quizás el nombre más destacado que cabe reseñar entre los maestros de Cruyff fue el de Jan van der Veen, entrenador de juveniles del Ajax.

“Si en un entrenamiento alguien se quitaba de encima un balón con un patadón, Van der Veen detenía el entrenamiento de inmediato”, recuerda Hennie Heerland, compañero de Cruyff en el juvenil del Ajax. Johan creció literalmente rodeado por esa filosofía: preparaba las toallas del primer equipo y era recogepelotas en los partidos del Ajax.

Los entrenadores del primer equipo –Vic Buckingham y Keith Spurgeon- le permitían participar en algún ejercicio y quedarse a comer en la cantina del club. “Estaba flaco con un espagueti, pero nunca fue débil”, diría de él Spurgeon años después.

 

Johan el rebelde

Quizás por haberse quedado sin padre a los doce años, Johan Cruyff desarrolló una rebeldía que siempre le acompañó. En realidad, ya antes de la muerte de su padre había sido un niño travieso e inquieto. “No sabía estarse quieto ni un segundo”, decía su madre.

En edad juvenil, cuando el Ajax le ofrecía su primer contrato profesional, Cruyff lo rechazó. “Yo esto no lo firmo”, dijo ante el consejo del club, en contra del consejo de su madre. “Sin el Ajax no serías nadie”, le contestó el presidente. “Vosotros veréis lo que hacéis. Si no me ofrecéis algo razonable, me voy. Hay más clubes de fútbol en Holanda”, respondió Johan.

En 1983, el presidente del Ajax dijo que ya no había sitio para él. Johan firmó por el eterno rival: ganó la Liga y la Copa con el Feyenoord.

La rebeldía fue una constante en la vida de Cruyff: en 1980, en un partido benéfico a favor de Unicef en el Camp Nou, acabó expulsado por el árbitro, que le había anulado dos goles. Un joven Michel Platini le preguntó después del partido por qué siempre tenía problemas con los árbitros. “Bah, simplemente no me entienden”, respondió Cruyff.

En 1983, ya en el tramo final de su carrera, el Ajax no quiso renovar su contrato. Cruyff quería acabar su carrera en su club de toda la vida, pero el presidente, Ton Harmsen, dijo que ya no había sitio para él. Johan decidió firmar por el eterno rival, el Feyenoord, con el que ganaría la Liga y la Copa. “Era como si en España se hubiese enfundado la camiseta del Madrid”, sostiene Kok en el libro.

Johan nunca obtuvo el título de entrenador: consideraba que no lo necesitaba. No estaba dispuesto a perder el tiempo con clases y exámenes, así que la federación holandesa se vio obligada a expedir un título honorífico para que pudiera entrenar al Ajax y posteriormente, al Barça.

“El espíritu peleón de Johan me sorprendió”, confiesa Auke Kok. “Si estudias las polémicas que tuvo puedes ver factores comunes, especialmente uno: cuando Johan empezaba una batalla, no podía parar. ‘Si cedo, lo pierdo todo’, pensaba. O blanco o negro. Desde su infancia, estaba obsesionado con ganar. A veces, incluso haciendo trampas. Por eso no era fácil trabajar con él”.

 

Johan el negociador

Johan creció en una familia de comerciantes. Y antes de dedicarse exclusivamente al fútbol, Johan trabajó en una tienda de deportes, propiedad de un directivo del Ajax, Leo van der Kar; y en Litrico un negocio textil propiedad de Harry Blitz, habitual del palco del estadio De Meer.

A los 15 años, Johan trabajaba en una tienda de deportes y luego en un negocio textil: allí aprendió todas las claves del buen negociador.

Allí aprendió las claves para negociar –el préstamo y el regateo-, aunque repasando su biografía, se diría que lo llevaba en la sangre: de pequeño, había vendido sellos infantiles puerta a puerta, había repartido periódicos y leche e incluso había vendido entre sus compañeros de clase alguna golosina que cogía del negocio familiar. Aprendió pronto a manejar la caja registradora de la frutería de sus padres y tenía una hucha en la que iba guardando sus ahorros.

En el palco del Ajax era habitual que se reuniesen comerciantes judíos de diversos barrios de Amsterdam. A Johan le despertó interés, hasta el punto de que a sus amigos y conocidos a veces les decía ‘¡yo también soy judío!’.

Johan convirtió casi toda su carrera en una negociación: cuando Adidas vistió a la selección holandesa en el Mundial de 1974, él se negó a llevar las tres rayas de la marca alemana porque había firmado por Puma, pero a cambio, encabezó las negociaciones con la federación holandesa (KNVB) para que todos los jugadores cobrasen primas más altas: llegó incluso a amenazar con no viajar a Alemania para disputar el Mundial.

Cuando firmó por el Feyenoord, introdujo una cláusula absolutamente novedosa: recibiría 4,5 florines por cada entrada que se vendiera por encima de los 22.000 espectadores, la media habitual en el estadio De Kuip.

Su suegro, Cor Coster, fue una figura esencial en la vida negociadora de Cruyff. Coster tenía una pasado turbio como comerciante de relojes y una parte de la familia Cruyff no vio con buenos ojos que los asuntos de Johan quedasen al amparo de Cor, al que le acompañaban oscuros rumores sobre una posible colaboración con los nazis durante la ocupación alemana. Tampoco en el palco del Ajax era demasiado bien recibido. Johan fue el primer futbolista holandés que negoció sus contratos a través de un representante.

 

Johan, con su hijo Jordi en Amsterdam

“Mucha gente, y sobre todo los amigos más cercanos, me han dicho que en casa siempre mandó Danny. El propio Johan dijo varias veces que Danny había sido su salvadora”, cuenta Kok.

“Johan siempre pensó que era bueno que a Danny no le gustase el fútbol: para él, era más fácil relajarse y hablar de otras cosas. Danny nunca quiso ser la ‘típica mujer de futbolista’, como ella lo llamaba. Eso no iba con ella. En una ocasión, Johan dijo que gracias a Danny, él no había acabado como George Best. Danny siempre le obligó a tener los pies en el suelo”.

En 1994, la federación holandesa buscaba a Johan para que se hiciese cargo de la selección durante el Mundial. Pero su familia le pidió que no aceptase.

La relación de Johan con su familia siempre fue muy intensa: de hecho, no acudió al Mundial de 1978 porque meses antes había sufrido un intento de robo en su casa de Barcelona y Danny no estaba dispuesta a que Johan pasase más de un mes fuera de casa.

Fue también Danny la que no vio con buenos ojos que Johan se convirtiese en seleccionador holandés durante el Mundial de 1994 en Estados Unidos, pese a la insistencia de la KNVB: el presidente de la federación holandesa, Jos Staatsen, buscaba desesperadamente el ‘sí’ de Johan –llegó a pedir ayuda al cónsul holandés en Barcelona-, que nunca llegó. Ni Danny ni sus tres hijos veían clara la aventura, porque además Johan había sufrido un infarto en 1991. Su familia no quería que pusiera en riesgo su salud.

Con su hermano Henny, sin embargo, las cosas no acabaron bien: cuando Cor Coster apareció en la vida de Cruyff, los planes de Henny, que soñaba con convertirse en el agente de Johan, quedaron sepultados. El resentimiento creció durante años. Johan había ido ayudando a su hermano, pero cuando éste se demoró en devolverle un préstamo, Johan cortó la relación. Henny llegó a lanzar una campaña difamatoria en contra de Cor Coster.

En 2007, cuando murió la madre de Johan, la tensión entre los hermanos era palpable: no se dirigieron la palabra durante todo el sepelio. Henny empezó a recopilar información para escribir un libro contra Johan que nunca llegó a publicarse. “Para Henny, como hermano mayor, el éxito de Johan fue difícil de digerir. Y cuando empezó a tener comportamientos extraños, Johan cortó por lo sano: ya sabes, podía ser muy radical en ese tipo de cosas”, recuerda Kok.

 

Johan y su legado

“Creo que su gran legado es la ‘solución ofensiva”, sostiene Kok. “Toda su filosofía se basaba en la idea de que no tienes por qué correr hacia atrás cuando pierdes el balón, o enviar el balón con un patadón a la grada cuando te presionan. Con una buena técnica y una buena ocupación de los espacios, siempre puedes encontrar soluciones mirando hacia delante. Creo que muchos de los grandes equipos de Europa juegan así. ¡Y el que sale ganando es el público!”