Una amiga y extraordinaria activista en temas de transparencia y lucha contra la corrupción, me envió un mensaje de fin de año que reafirmó mi convicción de que un mundo mejor es posible, pero hay que trabajar duro y entre muchos para construirlo. En resumen, su hermoso mensaje decía que: “El mundo que tú y yo queremos será producto del trabajo de todos”.  Su mensaje me hizo recordar una hermosa canción de Mercedes Sosa que se llama “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y que comienza ofreciendo esperanza con estas líneas: “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón (…)”.  Su mensaje y esta canción tocaron una fibra en mí y me inspiraron para comenzar el año con esperanza: la construcción de un mundo mejor.

Opinión

2021: Por un mundo mejor

Lilliam Arrieta de Carsana / Abogada @arrieta_lili

martes 5, enero 2021 • 12:00 am

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Una amiga y extraordinaria activista en temas de transparencia y lucha contra la corrupción, me envió un mensaje de fin de año que reafirmó mi convicción de que un mundo mejor es posible, pero hay que trabajar duro y entre muchos para construirlo. En resumen, su hermoso mensaje decía que: “El mundo que tú y yo queremos será producto del trabajo de todos”.  Su mensaje me hizo recordar una hermosa canción de Mercedes Sosa que se llama “Yo vengo a ofrecer mi corazón” y que comienza ofreciendo esperanza con estas líneas: “Quién dijo que todo está perdido, yo vengo a ofrecer mi corazón (…)”.  Su mensaje y esta canción tocaron una fibra en mí y me inspiraron para comenzar el año con esperanza: la construcción de un mundo mejor.

Ese es el ideal que nos mueve a algunos,  a título individual, como una suerte de cruzada personal o en conjunto con varias organizaciones e instituciones, para dedicar mucho de nuestro tiempo a exigir transparencia y acceso a la información o a denunciar la corrupción. También reclamamos por los atropellos a la libertad de expresión y de prensa, además de movilizarnos por otros temas de importancia nacional, como la necesidad de preservar la independencia de jueces y magistrados de la República, porque estamos convencidos de que un mundo mejor es posible y parte de nuestros aportes consisten en intentar construir una institucionalidad más fuerte, que contribuya a hacer de este país un lugar donde se viva más a gusto, con más justicia social y sin tanto abuso y corrupción.

No es labor de un día. No es un trabajo de una sola persona, aunque cada voz aporta y suma.  A  veces es terriblemente frustrante, porque con mucho esfuerzo el país da dos pasos para adelante, pero luego por causa de algún funcionario corrupto, damos tres pasos para atrás. Para quienes hemos decidido dedicarnos a la tarea de andar monitoreando y señalando actos de corrupción o de ineficiencia en las instituciones públicas, el día a día puede ser desgastante y hasta peligroso, porque también se van creando antagonismos y hasta enemistades injustificadas, con las personas que resultan señaladas por sus actos antidemocráticos o corruptos; sin embargo, nada de eso importa realmente, porque quienes hemos elegido este camino lo hacemos convencidos de que un mundo y un país mejor son posibles. Además, es grato comprobar que con el tiempo,  cada día somos más quienes trabajamos por construir un mejor país y un mundo mejor.  Además, varios de nosotros, no solo señalamos lo que está mal, sino que también trabajamos con convicción para formular propuestas que ofrezcan a los ciudadanos de este país,  un mejor horizonte.

Después de dos semanas de visitar varios hermosos lugares de El Salvador durante las vacaciones de fin de año y de conversar y conocer a muchas personas distintas: a un agricultor en Perquín, a un pescador en La Libertad, a un vendedor ambulante en Ataco, por nombrar a algunas,  terminé todavía más convencida de que nuestro pueblo es noble, de que la gente quiere paz,  trabajo, seguridad, poder llevar comida a su mesa y  un país libre de violencia y de corrupción. Muchas de las personas que conocí tienen necesidades enormes y viven con muy poco, pero aun así tienen esperanza, un corazón noble y deseos de trabajar, no solo para su sustento, sino también, desde sus posibilidades, para construir un mejor país.

Para concluir y aunque no debería ser necesario aclararlo, para quienes crean que hay intereses velados, partidarios o de cualquier otro tipo en nuestro activismo, puedo afirmar contundentemente que, la mayoría de quienes nos dedicamos a la auditoría ciudadana, a la promoción de la transparencia, a la lucha contra la corrupción, a la defensa de las libertades y al fortalecimiento institucional, el único interés que nos mueve, es un ideal, un deseo genuino de ofrecer nuestro tiempo, nuestro trabajo y, sobre todo, nuestro corazón, para construir un mundo mejor. Algunos de los mejores amigos que tengo, algunas de las personas más nobles que conozco las he encontrado en este caminar, pero faltan más voces ¿qué están esperando los que todavía no se han sumado? El mundo nos necesita a todos.