Desde Atenas, pasando por Alejandría, Bagdad, Córdoba hasta llegar a diferentes ciudades de los Estados Unidos, el tiempo ha venido escribiendo su historia en nuestras pieles. Los centros del saber universal han venido desplazándose desde el paganismo de los imperios helénico-romano hasta el cristianismo del imperio español y americano, transitando durante la edad media a través del imperio musulmán con su majestuosa capital en Bagdad.  Lo que hoy somos, es producto de estas grandes civilizaciones: paganas, musulmanas y cristianas.

Opinión

2020, el año de la rata Gracias a una intensa colaboración científica sin fronteras, el desarrollo acelerado de vacunas nos coloca ante una inminente desaceleración de la pandemia.

Dr. Alfonso Rosales / Médico epidemiólogo @alfonso76657962

jueves 22, julio 2021 • 12:00 am

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Desde Atenas, pasando por Alejandría, Bagdad, Córdoba hasta llegar a diferentes ciudades de los Estados Unidos, el tiempo ha venido escribiendo su historia en nuestras pieles. Los centros del saber universal han venido desplazándose desde el paganismo de los imperios helénico-romano hasta el cristianismo del imperio español y americano, transitando durante la edad media a través del imperio musulmán con su majestuosa capital en Bagdad.  Lo que hoy somos, es producto de estas grandes civilizaciones: paganas, musulmanas y cristianas.

Actualmente, todo indica que estamos entrando al limbo de una nueva transformación de nuestra civilización. Incluso antes de que apareciera el coronavirus, la revolución digital, el cambio climático y el ascenso de China parecían poner fin al orden posterior a la Segunda Guerra Mundial, dirigido por Occidente. La pandemia parece estar acelerando esta transformación.

Gracias a una intensa colaboración científica sin fronteras, el desarrollo acelerado de vacunas nos coloca ante una inminente desaceleración de la pandemia. Muchos países, con ritmo de vacunación acelerada están alcanzando niveles de normalidad prepandemia. Por ejemplo, Estados Unidos, que ha pasado de un máximo de fallecidos superior a 4 mil durante el mes de enero de este año, a 38 muertes durante el 4 de julio, día de su independencia, está entrando rápidamente en un periodo regresivo hacia la nueva normalidad. Esto se manifiesta por un regreso superior al 90 por ciento a los comercios, en comparación con la época prepandemia, incluido el tiempo fuera de casa. Así también se observa un incremento en niveles al 80% del tráfico en carretera.

Es decir, las coberturas de vacunación que acompañan a una disminución abrupta y consistente de la circulación del virus y riesgo de muerte están llevando a la sociedad norteamericana rápidamente hacia niveles de comportamiento y movimiento social cercanos a la época prepandemia. Esto incluso se observa en países europeos, como Noruega, donde similar a otros países nórdicos, el movimiento de sus ciudadanos está excediendo los niveles que se encontraban antes de la aparición del coronavirus. Estos efectos todavía no son comunes en la mayoría de los países latinoamericanos, aun y a pesar de altas coberturas de vacunación en países como Chile y Uruguay. Sin embargo, a pesar de esta excitación generalizada producto de la percepción de un triunfo cercano sobre el virus, el trauma global de esta experiencia dejara huellas en nuestra psique global.

Nicholas Christakis, de la Universidad de Yale, identifica tres cambios que se observan en la mayoría de los países: la amenaza colectiva provoca un aumento del poder del Estado; el vuelco de la vida cotidiana conduce a una búsqueda de sentido; y la proximidad de la muerte, que aporta precaución mientras la enfermedad hace estragos, estimula la audacia cuando ha pasado. Cada uno de ellos marcará la sociedad a su manera. Si miramos hacia adentro de nuestra sociedad salvadoreña, es tangible el aumento del poder centralizado del gobierno actual. El control central de toda la información generada, por lo menos relativo al área de salud, es total y restringida para todo ciudadano que no forme parte del minúsculo circulo político en dominancia. También hay indicios de una renovada búsqueda de sentido.

Esto está reforzando el cambio hacia la política de identidad tanto en la derecha como en la izquierda, pero va más allá. Aunque evidencia nacional no se encuentra disponible, según una encuesta reciente PEW, produjo evidencia de que aproximadamente una de cada cinco personas en Italia y los Países Bajos dijo que la pandemia había hecho que sus países fueran más religiosos. Similarmente, en España y Canadá, aproximadamente dos de cada cinco dijeron que los lazos familiares se habían reforzado.


Todavía no está claro si el apetito por el riesgo está a punto de repuntar. En los años posteriores a la gripe española, hace un siglo, el apetito por la excitación irrumpió en todos los ámbitos, desde la licencia sexual hasta las artes. Esta vez las nuevas fronteras podrían ir desde los viajes espaciales hasta la ingeniería genética, y la inteligencia artificial. Lo que, si estamos observando, especialmente entre la población adulto joven, es una mayor audacia en sus comportamientos. Según el horóscopo chino, 2020, el año de la rata de metal, sería una época de profundos cambios.